jueves, 30 de diciembre de 2010

Soledad


N.del.A No sé por qué razón a lo largo de la Historia, para encarnar  y personificar valores, pasiones o virtudes se ha usado siempre una figura femenina: La Libertad, La Muerte, La Pasión amorosa, La Justicia,... A la hora de recrear una alegoría de la Soledad no he querido eludir esta tradición milenaria y también la he encarnado en mujer.
Yo conozco el rostro de la Soledad, es un rostro inexpresivo y frío, tiene una mirada distante, como distraída y un aliento helado de otra vida. Todos la hemos visto alguna vez, supongo.

Hace tiempo que no la veo, cuando la vean, díganle que no la espero, que no me espere, que no quiero llamarla.

¿Saben ustedes que estar acompañado no es lo contrario de estar sólo? La cercanía física de otras personas sólo mitiga algunos síntomas de la Soledad, pero Ella sigue allí.
Sostengo que ahora ya no siento la Soledad como la sentía cuando puse mi piso de divorciado, un piso vacío que afortunadamente llenaban mis hijos la mitad de la semana. Yo sostengo que poco a poco he aprendido que esta enemiga entra en casa porque nosotros le abrimos la puerta. Recordemos lo que nos decían nuestros padres: no abrir la puerta a quien no conoces, aunque nos enseñe una patita blanquísima. Ahora ya no le abro la puerta, porque ahora ya la conozco.

Pero a veces...
* * *

Foto Ug

Soledad,
creo haberte visto antes,
en los pasillos de mi nueva casa,
cuando aún no tenía muebles ni cortinas,
me mirabas como si no estuvieras allí, como si no me vieras,
pero yo te veía perfectamente,
Soledad.

Esa primera noche dormí contigo.
Sobre un sofá prestado, con sábanas de segunda mano,
en un salón desnudo como mi corazón
y tu mano señalaba mi frente:
yo tiritaba.

Muchas noches estuve solo, contigo, tú estabas ahí, te dejabas ver y tocar.
Para no verte llené la casa de muebles, colgué lámparas y cortinas,
compré vasos y platos, escobas y herramientas
y una cama vestida con mis propias sábanas.
No funcionó.

Eres fría y desalmada, con el rostro de porcelana de una muñeca,
te vales de la luz y de la tiniebla,
de la música y del silencio,
vives sin motivo ni razón de ser.

Llegué a casa una noche y no te vi.
Busqué en torno a mi: mis muebles ahí seguían,
mis cuadros, mis libros, mis proyectos sin terminar.
todo estaba en su sitio menos tú.

Te vas igual que vienes, como si no me vieras,
como si no estuvieras conmigo. Ve con Dios.

Creo haberte visto antes,
Soledad, 
en los pasillos de mi casa.

* * *

Georges Moustaki le  tomó cariño a su Soledad, ¿por qué no? Yo, ya sé que no.

Georges Moustaki
Ma solitude

jueves, 23 de diciembre de 2010

Los Atajos de la vida


N. del. A. Hace unos días charlaba con Azaria sobre diversas cosas. Empezamos preguntándonos por nuestra salud y terminamos filosofando sobre la lucha por la vida, de cómo nuestros jóvenes intentan a toda costa ahorrar esfuerzos y de los beneficios prácticos de planchar las camisas. Nos prometimos publicar simultáneamente algo sobre todo esto en nuestros respectivos blogs y hemos cumplido la amenaza. No se pierdan por favor el relato escrito por Pilar, soberana del blog "Con 40 y a lo loco", un post hermano de leche de éste que hoy les traigo.

Acerca de la juventud, yo sostengo tres afirmaciones que someto al sabio juicio de ustedes: primera, que la juventud actual mantiene una actitud ante la vida menos firme y menos luchadora que nosotros a su edad, con menor espíritu de sacrificio.
 

La segunda afirmación es que esto mismo lo ha pensado indefectiblemente cada generación de la que le sigue a lo largo de toda la historia de la Humanidad.

La tercera de las tesis es que soy un cínico de tomo y lomo por mantener la primera a pesar de la segunda.

Esto viene a cuento porque creo que nuestra sociedad, conmigo a la cabeza (soberbia mostoleña) dedicamos cada vez menos esfuerzo para conseguir las cosas, lo cual es bueno.... o tal vez no tanto. Lo digo especialmente por nuestros descendientes, a quienes veo sinceramente más flojos. Creo que no les estamos educando en la verdadera necesidad del sacrificio.

Pilar me contaba que ella les presentaba a sus alumnos la vida como un videojuego en el que tienen que pasar pantalla tras pantalla y para ganar deben conseguir cada uno de los objetivos que el juego les propone como estudiar, prepararse para un trabajo, trabajar, etc. La comparación es buenísima..., pero es precisamente esto lo que me da miedo.
Yo veo que los chavales de ahora prefieren jugar con videojuegos a jugar a las chapas. La razón es que el videojuego les proporciona más realidad y necesita menos esfuerzo (no hay que coleccionar las chapas, decorarlas con sus equipaciones o tirarse al asfalto de la calle a jugar). Además, en internet se pueden encontrar "trucos" para pasarse las pantallas a capón, con alguna combinación de teclas: control+F5 y ¡hala!, ya alcanzamos de un tirón el nivel 5. Supongo que tal vez piensen los niños que en la realidad también tenemos varias vidas o podemos conseguir más recogiendo quesitos por el camino.

El colmo es que, no sólo no juegan a las chapas, sino que existe un videojuego de Sony que recrea un juego de chapas. Vivir para ver.

Nos domina una opinión muy generalizada de que las cosas pueden conseguirse sin esfuerzo gracias a la tecnología. Los chicos y chicas se fabrican canciones de rap con bases musicales que se obtienen ya hechas en internet y no tienen que saber música, sólo tener ingenio. Si hay que hacer un trabajo de clase, no hay que consultar libros ya que nos asiste la Wikipedia o peor aún, puede que en el Rincón del Vago ya exista el trabajo previamente hecho. La tecnología ofrece a estas criaturas muchos y diferentes atajos para conseguir lo que quieren, la consecuencia es que siempre buscan la combinación de teclas que les solucione la vida.

Eso es lo que me preocupa de mis hijos. Pero esto que escribo son sólo síntomas que en realidad se manifiestan a cualquier edad. Dependerá, supongo, de las personas no de sus años, ya que, como cantaba Brassens, el tiempo no mejora las cosas, de modo que «quand on est con, on est con» (no lo traduzco por si me leen niños, que de todas maneras pueden atajar con un traductor de internet). Todos, adultos y jóvenes utilizamos a diario muchas formas de atajar:
  • La lotería que cantan los niños de San Ildefonso el día que escribo esto. Los españoles jugamos más que la media europea, es la esperanza del vivir sin trabajar.
  • Nos hacemos cirugía estética, porque una buena imagen es la forma más fácil y rápida de gustar a otras personas.
  • Nos empedramos de ansiolíticos cada vez que tenemos algún problema que es más rápido que afrontarlos.
  • Nos llenamos de electrodomésticos, uno para cada cosa que hacemos en casa.
  • A menudo vemos en televisión gente que vive del cuento o cuyo único trabajo es mantenerse como famoso, que es más facil que ejercer una profesión.
  • Para prosperar en la vida pegamos braguetazos, o trepamos en la empresa si nos surge la oportunidad, aunque sea sin méritos.
  • Buscamos pareja a la carta, a través de internet.
  • Preferimos las autopistas antes que la carretera que sube por el puerto.
  • ...  

Son atajos de la vida. Está bien buscar atajos, pero a veces tiene sus peligros: 
  • Echar por el atajo no siempre ahorra trabajo es un refrán castellano.
  • Al infierno se va por atajos, jeringas y recetas. Lo canta Joaquin Sabina

Nos pasamos la vida explorando atajos para llegar antes nuestros objetivos y no valoramos el esfuerzo de conseguirlos. ¿No decía El Principito de Saint Exupèry que si tuviera pastillas para no tener sed, emplearía el tiempo que se ahorrara en beber agua caminando despacito hasta una fuente? Al fin y al cabo lo importante es participar, tan importante es hacer las cosas como tenerlas hechas.

Por Dios, ¿a quién se le ocurrió vender bolsas de pipas peladas? Si lo divertido es pelarlas.

Despreciemos menos el esfuerzo de hacer las cosas y cocinemos más en vez de estar cocinados. Veamos la vida como un bricolage, sin esfuerzos inútiles, simplemente sabiendo que atajando nos perdemos muchas cosas por el camino.

Sé que es un tópico nada erudito, pero esta última afirmación me lleva directamente a Kavafis:

Ahora que hacia Itaca partes,
espera que tu camino sea largo,
lleno de aventura, lleno de descubrimientos.
....
Espera que tu camino sea largo.
Ojalá que haya muchas mañanas de verano
en las que con cuanto placer, y con cuanta alegría
entres a puertos que nunca antes viste.

Y sigo afirmando que soy un cínico, porque a pesar de esta apología del esfuerzo, sigo detestando planchar camisas. Por favor, lectores, ¿alguien conoce la combinación de teclas que me permita sacar las camisas ya planchadas de la lavadora?

martes, 21 de diciembre de 2010

La herencia

N. del A. En el menú de hoy, les dejo un pequeño relato, relativo a los misterios de la vida, que a veces son menos misteriosos de lo que nos pensamos.


Don Serafín María De los Montes murió con sencillez un 30 de enero, habiendo recibido los santos óleos y con su testamento perfectamente en orden. Su único hijo Manolín era su heredero universal, lo que lo convertía en dueño de un modesto capital y de un queso de bola. Así es, en el testamento Don Serafín legaba de forma expresa a su único hijo y heredero, junto con el resto de bienes, un queso de bola de aproximadamente un kilogramo y medio.

El legado venía acompañado de una nota autógrafa del finado, fechada poco antes de morir: « Manolín, hijo mío, siempre fuiste un imbécil. A pesar de ello y sin hacer nada, heredas el dinero que te dejo, aunque no sea mucho. Como ayuda, te dejo este queso. Si no me defraudas, sé que harás con él lo correcto.»

Manolín de los Montes salió de la notaría mirando fijamente el queso que sujetaba con las dos manos, como si fuera una bola de cristal. ¿Para qué le había dejado su padre un queso en herencia? ¿Qué quería su padre que hiciera con él? Don Serafín nunca hacía nada sin motivo. Esto no iba a ser una excepción. El queso ocultaba sin duda alguna un misterio que su padre le ordenaba esclarecer. Manolín se prometió que esta vez no iba a defraudarle, de alguna manera ese queso iba a ser una ayuda para él, seguramente algo muy importante. Averiguará la razón de ser de este queso, cueste lo que cueste.

Lo primero es averiguar de dónde ha salido el queso. Preguntó al albacea, al notario, a amigos íntimos y vecinos. Ninguno conocía donde lo adquirió ni sabía por qué razón pudo su padre hacer un legado tan lácteo.

Hizo indagaciones en los comercios del barrio, compró docenas de quesos de cualquier origen y los comparaba con su queso. Llenó su casa de docenas de los más variados productos de la industria quesera, hasta que el olor se hizo insufrible. Manolín continuó con sus pesquisas durante días y un buen sábado por la mañana, contra pronóstico, determinó que el queso era holandés. Quedó muy satisfecho con este dato, sobre todo porque era un dato seguro: estaba escrito en la etiqueta.

Su padre no podía haberle dejado un queso holandés así, sin más. Debía existir alguna razón poderosa que era menester averiguar: había que seguir la pista del queso en la mismísima Holanda. Por otra parte, en su casa olía demasiado a queso como para quedarse.

Compró billetes de avión y de tren, reservó hoteles y alquiló coches. Recorrió toda Holanda en busca del origen del que llamaba su queso. Necesitó contratar traductores, sobornar a funcionarios y comprar muchos quesos. Tardó algunas semanas, pero finalmente le coronó el éxito. Estableció el origen de la bola: era un queso Edam, de Noord Hollandse.

Esta información era sin duda alguna cierta, porque también coincidía con lo escrito en la etiqueta, lo cual llenó su corazón de orgullo.

De vuelta en su casa, Manolín de los Montes ya conocía el origen de la bola, pero no su finalidad. ¿Dónde estaba el secreto? Se sentía cerca, muy cerca. Había que analizar el queso. Cortó la bola en finas lonchas y lo envió a diferentes laboratorios para que lo analizaran. Primero de España, luego de Europa y América. Los resultados fueron tajantes y unánimes: se trataba de leche de vaca pasteurizada, cuajo y sal, recubierto de una capa de parafina roja.

Se sentía muy esperanzado con sus descubrimientos, a pesar de que ya no tenía queso alguno y que había gastado toda su herencia en las investigaciones. Pero Manolín de los Montes no cedió ni un paso al desaliento y redirigió sus pesquisas: la explicación debía estar en su propio padre.

Hizo un repaso de la personalidad de su progenitor. Don Serafín era una persona piadosa, seria y formal, tremendamente formal. Gobernaba su casa con absoluta autoridad y en asuntos de negocios jamás se permitió una frivolidad. Inteligente y orgulloso de su linaje, si había dejado un queso de kilo y medio en herencia, no podía ser por una tontería. Algo muy grande había detrás del queso. Así que si el queso ya no podía decir nada, sólo quedaba preguntárselo directamente a su padre.

Con el dinero que le quedaba contrató a una vidente, Madame Luisa, quien acudió a su casa con un increíble atavío de pitonisa. En una mesa camilla, junto a la botella de anís de Chinchón, de la cual se vació la mitad antes de empezar, la vidente extendió el tablero de la Ouija. Un abecedario en forma de semicírculo donde el marcador circularía para deletrear las respuestas de los espíritus convocados. Siendo don Serafín una persona culta, se esperaba de él una respuesta sin faltas de ortografía.

Apagaron las luces y encendieron unas velas. Se asieron mutuamente de las manos mientras observaban el marcador de la ouija.

El ambiente se enrarecía mientras Madame Luisa invocaba el espíritu de don Serafín. Conjuros, invocaciones, ruidos inesperados. Antes que el padre de Manolín de los Montes, aparecieron las almas de dos vecinas, fallecidas hace años, que ni muertas perdían una oportunidad como aquélla para satisfacer su curiosidad. Allí se quedaron las vecinas a esperar. Finalmente, tras la aparición de un viejísimo amigo de la familia y un fontanero fallecido en la guerra, el espíritu de don Serafín se manifestó.

La vidente, entre convulsiones,  instó a Manolín de los Montes a que formulara en voz alta y clara la pregunta que quería que su padre respondiese. Solemnemente, pero con la voz visiblemente afectada por la emoción, el heredero universal del queso de bola enunció su pregunta:

- Padre, contésteme, ¿qué deseaba que hiciera con el queso de bola que usted me legó?

Unos interminables segundos de silencio y el marcador de la ouija se movió con rapidez y autoridad. Se trataba de don Serafín, sin duda alguna. Letra a letra, el espíritu orgulloso del padre conformaba su respuesta, la respuesta que tanto había anhelado su hijo Manolín y para la cual había gastado toda su herencia.

La respuesta fue clara y sencilla:  


C-O-M-É-R-T-E-L-O    I-M-B-É-C-I-L

lunes, 20 de diciembre de 2010

El morito y el jamón


N. del A. El término "moro" denomina en castellano a toda persona procedente del norte de África y, por extensión, al musulmán. Morito, además, se dice del niño que aún no está bautizado. No es una palabra de ninguna manera peyorativa, lo son los adjetivos que se le añadan  o el tono de quien lo diga. En este blog no gustan los eufemismos y en cambio,  sí gustan el cuscús y el té moruno.


Fe de erratas: por un inexplicable despeinado de neuronas escribí profesora donde debía decir profesor. Pido excusas por la transexuación,  ya que como dijo el sabio, cambiar de sexo, es de humanos.
Esta mañana he pasado delante de un televisor donde se podía ver uno de los debates de Intereconomía, un medio de radio y televisión de los que en España están más a la derecha de entre los de la derecha, para quien no lo conozca. Mostraban mensajes de texto de los telespectadores donde se opinaba, muy irritados, que había que echar a todos los moros de España, que había que colgar jamones en las escuelas y otras lindezas con un lenguaje más colorista que me llamaron poderosamente la atención.

Supuse que esta reacción la había provocado, como mínimo, una noticia de gravedad semejante a la invasión del moro Muza en el 711 después de Cristo. Así que acudí a mi buscador de noticias y la causa de todo este alboroto es la noticia que les traigo hoy. Cito la de ABC, que periodísticamente hablando parece más correcta que la de Intereconomía:

El docente, que impartía clase de Geografía, puso como ejemplo que «el frío de Trévelez (Granada) facilita la curación de los jamones»

Día 20/12/2010 - 11.57h
Un profesor de secundaria del Instituto Menénez Tolosa, en La Línea de la Concepción (Cádiz), ha sido denunciado por la familia de un alumno musulmán por hablar de jamón en clase. En concreto, el docente impartía clase de Geografía cuando, al hacer referencia a los distintos climas de España, comentó que el frío propio de Trévelez, en Granada, favorecía la curación del jamón.
...

En la cadena de televisión se mostraba esta noticia como un ultraje del mundo musulmán a algo tan querido en España como es un jamón, que es en lo poco en que somos unánimes los españoles. Se hablaba incluso de poner banderas españolas a los jamones (sic), como lo leen,  al grito de "Santiago y Cierra España" y se aprovechaba para culpar de esta situación al Gobierno. Personalmente, yo considero responsable a nuestro Gobierno de miles de chapuzas y desmanes, pero no de que Mahoma prohibiera comer cerdo.

La lectura de esta noticia, aunque pueda parecer pintoresca, me ha preocupado MUCHÍSIMO, perdón por las mayúsculas, por esta razón escribo la entrada de hoy, así que si me lo permiten, les cuento por qué:

  • Considero que el padre denunciante tiene todo el derecho del mundo a acudir a la justicia ordinaria para defender el respeto que merece su hijo en la escuela. No obstante, por lo que sabemos del caso (que es poco si solamente hemos leído la prensa), no tiene ningún fundamento para dar más trabajo a los tribunales, que ya están saturados con tanto granuja como hay por aquí.

  • Lamento mucho la situación de la profesora, ya que en España el profesorado está indefenso ante muchas situaciones con sus alumnos y sus padres. En este caso, la denuncia probablemente le obligará a extremar en sus clases el lenguaje de lo que es "políticamente correcto", y a mi, lectores, cada día me gusta menos lo que  es correcto políticamente.

  • Me preocupa muchísimo la difusión que se le da a casos como éste en los medios de comunicación. Sin querer juzgar el caso, me imagino una sentencia en la que el juez diría al demandante que "se destima la pretensión, pues hablar de la economía jamonera de la sierra Granadina no es una apología antiislamista, así que pague usted las costas del proceso y no se olvide de pedir disculpas a la profesora de su hijo". Al exagerar la importancia del tema y permitir opiniones irresponsables, colocan al juez en la tesitura de juzgar algo más que un supuesto abuso, sino toda la política de integración en España y de paso, el terrorismo integrista.

  • Pero lo más preocupante es la reacción xenófoba y racista de demasiadas personas. Es un síntoma más de la radicalización de la sociedad española y encima se permite que tales anatemas se emitan por televisión. Como si hiciera falta echar leña al fuego. Me da mucho miedo la gente que habla tan alegremente de echar a otra gente del país, aunque sea a jamonazos.

Señoras y señores, tengan ustedes cabeza. Si no es justificable demandar a una profesora por hablar de jamón, aún cuando hiciera apología del jamonismo, tampoco es justificable una reacción nacionalista y  xenófoba desmedida. Recordemos, moros y cristianos, que aquí cabemos todos, los que comen jamón y los que no.

En cualquier caso, les dejo con el impagable sentido del humor gaditano y la pena que da que el jamón  se acabe. 

domingo, 19 de diciembre de 2010

Las TIC en las Arqueología

N.del A. TIC significa «Tecnologías de Información y la Comunicación», un término muy moderno para definir aquella rama de la ciencia que estudia nuestra vida cotidiana: porque sí, lectoras y lectores, es así, estas tecnologías invaden hasta la última faceta de nuestra vida. Incluso llegan a las cuevas del Mar Muerto o a los hipogeos del Valle de los Reyes, lugares comunes de paso para cualquiera de nosotros.


Tenemos varios arquetipos en nuestro cerebro para imaginarnos un arqueólogo.

Uno de ellos es Indiana Jones, que como todo el mundo sabe, no era arqueólogo, sino un vil saqueador de yacimientos con patente de corso. Es semejante a ese otro arquetipo del viejito con salacoff y bermudas, más entrañable si se quiere, pero igualmente delincuente ladrón de tumbas.

Otro arquetipo puede ser el del viejo sabio, abstraído en su ciencia, con sus pequeñas gafas haciendo equilibrios en la punta de la nariz. Es capaz de recitar a Ovidio o a Heródoto de memoria y vive rodeado de libros  y papiros, como ese otro sabio de  Saint Exupèry, habitante solitario de un asteroide.

En este siglo XXI vamos a encontrar otro arquetipo de arquéologo: el friqui. Un tipo con ademanes de autista, que trabaja frente a un ordenador, aislado con la música en sus auriculares, donde:

  1. Se documenta con imágenes de objetos desenterrados en cualquier parte del mundo y con originales digitalizados y los traslada al idioma que necesite con su  PC
  2. Consulta la bibliografía que necesite en su e book
  3. Levanta planos y modelos en 3D en su tablet
  4. Analiza miles de registros en bases de datos compartidas y wikis en su net book
  5. Comparte sus avances en tiempo real chateando con colegas de todo el planeta con su i pad...
Y además tiene un blog en internet. 

Este arquéologo neosecular será protagonista de noticias como ésta:

Los Rollos del Mar Muerto, en Internet


CLARÍN.COM
19/10/10 - 13:08

La Autoridad de Antigüedades de Israel anunció hoy que emprendió un megaproyecto de digitalización de los manuscritos junto a Google para llevarlos a la Red. Así, abandonarán la oscuridad del refugio nuclear en el que se encuentran para ver la luz virtual. El edificio del Museo de Israel en Jerusalén los mantiene fuertemente custodiados y en condiciones ambientales similares a las de las cuevas de Qumrán, donde la humedad, la temperatura y la poca luz conservaron los manuscritos durante dos milenios hasta que fueron encontrados.
Los publicará Google junto a la Autoridad de Antigüedades de Israel. Son 900 rollos de hace 2.000 años que incluyen fragmentos de del Antiguo Testamento. Tardarán 5 años en digitalizarlos.

En 1947, cuando fueron descubiertos, se transformaron en uno de los hitos de la arqueología. Los Rollos del Mar Muerto se transformaron en uno de los hallazgos más importantes del siglo pasado. Desde entonces sólo unos pocos privilegiados tuvieron acceso a estos manuscritos que incluyen fragmentos de casi todos los libros del Antiguo Testamento. Hoy, gracias a la tecnología desarrollada por la NASA y a Google, los papiros estarán en Internet y al alcance de todos.
Con la digitalización, los usuarios podrán tener acceso y leer los textos escritos en hebreo antiguo, corroídos por el paso del tiempo, como así también a traducciones en varios idiomas.

Dos beduinos perdieron una cabra una noche, allá por los años cuarenta. Consiguieron encontrarla en una cueva, donde además de la cabra encontraron unas tinajas con unos pergaminos antiguos con copias del Antiguo Testamento. Comunidades eremitas de judíos esenios habían tenido la santa paciencia de escribirlos con buena letra, hasta que, allá por el 70 D.C.,  les llegó la ruina por pelearse con los romanos, que eran más brutos.

Pronto vieron los beduinos que la utilidad de ese hallazgo: esa noche sirvieron los primeros rollos descubiertos como leña para asarse unos pinchos morunos a la macabea. Eso sí, al día siguiente comprendieron que eran algo más que combustible: cincuenta años después, esos pergaminos valen una fortuna en el mercado de coleccionistas y los nietos de aquellos beduinos practican la Intifada contra los descendientes de aquellos esenios. Mientras, en nuestro mundo tranquilo, mientras, nos asamos los pinchos morunos en un microondas, podremos leer a Isaías en nuestro IPhone gracias a que Google los digitaliza:  si aquellos pobres escribanos esenios hubieran dispuesto de esta posibilidad, cuánto trabajo no se hubieran ahorrado.
* * * * *

La otra noticia nos lleva al Valle de los Reyes, en Egipto, donde está el hipogeo donde reposaba Tutankhamon. Según he leído, la grafía correcta para el castellano sería Tut- Anj- Amon, debido a que la kh tenía un sonido parecido a la j, pero es que suena como Tu-Tan-Jamón, una lindeza que reservo sólo a las más distinguidas damas. La noticia es:

Tutankamón renace en Internet

La Red acoge miles de documentos de Howard Carter sobre el hallazgo de la tumba
 -04/12/2010
El PAÍS.ES
JACINTO ANTÓN 
"Poseeré mi cuerpo para siempre, pues no me corromperé, no me descompondré, no me pudriré, no me agusanaré". El Conjuro 154 del Libro de los Muertos expresa la obsesión de los antiguos egipcios por pervivir en el Otro Mundo y escapar a la destrucción y el olvido. ¿Imaginaba Tutankamón que volvería a la vida con todo su equipaje en un universo tan extraño como el de Internet? Probablemente no. El siglo XXI ha salido al encuentro del XIV antes de Cristo en una iniciativa digna del más emocionante thriller arqueológico, y el joven faraón dorado y el equipamiento completo de su tumba, minuciosamente descrito y comentado por su descubridor, están al alcance inmediato de toda la humanidad mediante un simple clic
 Se tardó 10 años en vaciar el sepulcro, y 15 en digitalizar sus documentos. El Griffith Institute de Oxford, que conserva las notas, fotografías y diarios de excavación de Howard Carter, ha culminado la creación de una extraordinaria base de datos (http://www.griffith.ox.ac.uk/gri/4tut.html) con las fotografías y las fichas del arqueólogo de los 5.398 objetos de la tumba de Tutankamón. De la célebre máscara de oro al más humilde y minúsculo colgante, trocito de vidrio o de lino. El amante de la egiptología o simplemente de la historia accede a ese tesoro de información con dedos temblorosos: es teclear y las "cosas maravillosas" aparecen ante tus ojos en las fotos originales de Harry Burton, el fotógrafo de Carter, acompañadas de las fichas con su descripción y situación en la tumba ¡escritas de puño y letra del propio descubridor! (con su transcripción).
La web se denomina Tutankhamun: anatomy of an excavation y la persona que la ha concebido y diseñado es el prestigioso egiptólogo checo Jaromir Malek (Pribyslav, 1943), conservador de los archivos del Griffith.






La maldición de Tutankamon ¿nos puede alcanzar por internet? Ahora ya tendremos una página web para leer sus documentos, entre los cuales estarán sus conjuros, así que algún mal de ojo se puede distribuir por la red. ¿Ustedes no creen en las maldiciones? Ah, yo tampoco, pero son ideales para vender, buena parte de la fama de este faraón le viene de las circunstacias extrañas en que murieron los miembros del equipo de Carter. El pobre de Tut  en vida hizo bien poco, era cojito, probablemente debido a la endogamia y feo como su padre, que también era su tío por parte de madre. Por lo menos ahora, el bueno de Tutankamon tiene un blog en internet.

Idea para guionistas: unos adolescentes leen la web de Tutankamon y les alcanza una maldición de las de no te menees, y se enamoran y tal, ....en fin.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Estoy haciéndome mayor


N. del A. No se preocupen por mí, que no estoy sufriendo una depresión ni se trata de la crisis de los cuarenta que se manifiesta ahora. Se trata simplemente de comentarles a todos ustedes, aunque ya sé que no les importa ni les interesa, qué indicios me señalan de forma indiscutible que el tiempo está pasando irrevocablemente por mi cuerpo pecador y se está quedando dentro.

La edad es algo que no me afecta únicamente a mí,  y si no lo creen miren detenidamente esta foto de Robert Redford, un sujeto que en su juventud rivalizaba en belleza conmigo:

No les hablo de la vejez, porque envejecer es un tributo que pagamos por el mero hecho de existir y también un lujo que compartimos todos los seres vivos pluricelulares. Yo me refiero a, ya saben ustedes, todo eso que nos hace mayores, todo esos síntomas a veces imperceptibles que denotan que estamos cambiando de etapa en la vida, como nos sucedió en la adolescencia.  Estos indicios inequívocos de hacerse mayor (que no viejuno) no aparecen de golpe, simplemente uno se da cuenta de ellos cuando reflexiona detenidamente sobre si mismo, una mala costumbre  ésta documentada exclusivamente en los homínidos, pues no se conoce de chimpancés que se hagan preguntas de este tipo.

Les enumero algunas cosas que me señalana que me hago mayor:

El espejo

Este asesino de autoestimas es una versión cristalina y con churretes de dentífrico del retrato de Dorian Grey, en el que cada día encuentro bolsas, arrugas y canas, aunque de éstas pocas, por falta de pelo. No me preocupan demasiado estos síntomas de putrefacción, sólamente se lo indico porque cada mañana mientras me afeito, el espejito me dice que no soy el más bello del reino.
 



El reconocimiento médico

Cada año el reconocimiento médico del trabajo se cierne sobre nuestros frágiles cuerpos. En los últimos años, como novedad, se incluye el cuestionario en el que me preguntan si la micción me es placentera. Una pregunta inocente que a los treinta nadie se la hace y ahora, en cambio, me lo preguntan muy serios, por aquello de la próstata. Yo, por evitar un examen más exhaustivo, afirmo rotundamente que para mi ir al baño es siempre una fiesta.




Los lechones de la oficina

Es costumbre tutearse entre los compañeros  o al menos durante años ha sido así. No obstante, las últimas incorporaciones a la empresa, becarios de piel lechosa vestidos de  corbata suministrada por los Reyes Magos, se dirigen a mí de usted. Y no se debe a mi rango, que yo sobrevivo solemnemente como mindundi de segunda, así que sospecho que el tratamiento se debe a mi frente venerable.




 Cualquiera tiempo pasado fue mejor

¿Cómo comparar los dibujos de Bob Esponja de ahora con el Oso Yogui o Los Osos Montañeses que veíamos entonces? ¿Os acordáis de cuando jugábamos al fútbol en la calle? Y sin equipaciones y casi sin balón. ¡Ya no hay tebeos!... Todas estas frases son comunes al reunirnos los camaradas ante un café o una tarta de cumpleaños. La añoranza. Si anhelar es imprescindible en la juventud, añorar es inevitable en la madurez. Y si hay algún jovenzuelo en la reunión, le ponemos la mano en el hombro y le hablamos con piedad de "aquellos tiempos".



Los futbolistas


Qué culpa tienen ellos, dirán ustedes. Me refiero en general a los personajes de la vida pública, pero los futbolistas son un buen ejemplo porque encarnan perfectamente la idea del relevo generacional. Aquellos jugadores de mis cromos de niño representaban para mí lo que yo quería ser de mayor. Ahora puedo citar más nombres de jugadores jubilados que en activo y casi tengo edad de ser el padre de las grandes estrellas del momento. Los futbolistas de ahora representan para mí lo que ya no voy a ser nunca.
 




 ¿Los hijos?

Pues no, yo creo que nuestros hijos no, en contra de lo que piensen muchos. En muchas cosas los chinorris nos transforman: otro día hablaré de la música. Pero yo creo que no nos hacen viejos, si no queremos. A través de su juventud podemos vivir nosotros experiencias y a menudo proyectamos nuestras propias vidas en ellos, de manera que, por decirlo de alguna forma, "nos bebemos su juventud". Somos como vampiros energéticos, necesitamos de su juventud porque a ellos les sobra y nosotros ya vamos estando muy necesitados.

Les dejo con Pablo Milanés y su terrible "Años"


  

martes, 7 de diciembre de 2010

La invasión de la Navidad

 
N. del A. Para los españoles que no sigan muy de cerca la vida política o aquellas otras personas que me lean en el Próximo Oriente o la península de El Labrador, les aclaro que el día 6 de diciembre es fiesta nacional en España, la fiesta de la Constitución que, por supuesto, no es de esa fecha sino del 27 de diciembre.
Nuestra bienamada Constitución tiene, entre otras muchas influencias beneficiosas en la sociedad española, la de procurarnos cada año al iniciarse Diciembre un buen fin de semana extendido como éste que ahora termina. El que pueda, unas minivaciones, si lo une a la fiesta de La Inmaculada. Los españoles celebran estas cívicas fechas haciendo cola y organizando motines espontáneamente en estaciones y aeropuertos; la novedad de este año es que se ha añadido al calendario de festejos las conjuraciones masivas para exterminar al colectivo de controladores aéreos, huelguistas de turno, cuando en años anteriores tocaba maldecir al sindicato de pilotos o al de maquinistas del ferrocarril. Genial y democrática idea la de que cada colectivo se turne anualmente para sabotear las minivacaciones, aunque, todo hay que decirlo, será difícil superar el trabajo fino que los controladores han hecho este año.

El gran fallo que no les perdono a los Padres de la Patria es que terminaran la Carta Magna en el frío y duro diciembre, porque de haberlo hecho a finales de mayo, o en junio, nuestra fe constitucionalista se vería muy reforzada por el buen tiempo y la brisa  y los chiringuitos de la playa. Pero no hay mal que por bien no venga. Los que nos hemos perdido la algazara y alharacas de los aeropuertos hemos aprovechado para una tradición mucho más antigua que la Constitución: los adornos navideños y el Belén.

Sí, he dicho "hemos aprovechado". En primera persona. Es muy cierto que cuando me separé y puse casa propia, decidí abandonar por rebeldía revolucionaria las obligaciones que la tradición impone en estas entrañables fechas. Ese delito, sin embargo, ya ha prescrito por el paso de estos últimos años, así que es hora de rehabilitarse y solicitar el perdón de la sociedad.

Voy a celebrar en mi casa una de las numerosas e imprescindibles comilonas navideñas y además, después de algunos años, he puesto el Belén. Sí, con Reyes Magos, pastores, cerditos y todo eso. Rendición sin condiciones, pero paulatina, que con el árbol de Navidad no he podido, ya era demasiado.

Tengo que decir en mi descargo que el Belén que he puesto es robado, que supongo que algo dulcifica mi cesión de soberanía. Eso sí, este diorama tradicional (según la terminología atea) cumple fielmente con todas las tradiciones, a saber:
  • Las piezas son cada una de procedencia distinta, llegadas al Belén por agregación en diferentes momentos lo que explica que sean todas de escalas y tamaños muy variables.
  • No faltan los personajes clásicos, como los imprescindibles de la Sagrada Familia, incluidos la mula y el buey, que Dios me perdone, ni faltan tampoco los Reyes Magos, pastores, castañeras, lavanderas y el impagable caganer (en Murcia El cagón)
  • Una hábitat de increíble biodiversidad, propia de cualquier Belén: Gallinas de mayor tamaño que los cerdos, borricos del tamaño de patitos, ovejitas de todo pelaje, etc. También hay chumberas compartiendo el ecosistema con variedades de coníferas, junto a un río de papel de aluminio.
  • La arquitectura es también la típica de la Belenística, molinos, herrerías, palacios y otras estructuras absolutamente inverosímiles en la Judea del siglo I después de Cristo. El Portal de Belén es tan humilde que el pobre de San José no cabe. No pudo convencer a la mula de que le cediera su sitio, se conoce.




Para contrarrestar esta capitulación ante la tradición he incluido las siguientes innovaciones:
  • En el palacio de Herodes, de menor tamaño que el molino por cierto, he colocado un mono que he encontrado en la caja del Belén (ya he dicho que no era mía). Representa mi alegato particular contra las monarquías absolutistas.
  • He incorporado también un oso polar a la escena que igualmente encontré en la misma caja. Está acechando taimadamente al Cagón, pero no teman por la vida de éste: el oso es mucho más pequeño.
  • También había un dinosaurio, pero pensé que ya era demasiada innovación.
  • A la castañera le falta, precisamente, la sartén y el fogón, pero aún así mantiene un digno ademán con la rasera en alto. A falta de su herramienta principal, la he situado a la salida del puente, para azuzar con su gesto los camellos de los Reyes.
No me avergüenzo, incluso he dispuesto algunas bombillas para que se vea mejor la obra. Ahora, no se lo digan a nadie, me vuelve a gustar hacer el Belén (guionistas de Hollywood, tranquilidad que no se me ha aparecido Santa Klaus ni nada parecido) e incluso estoy planeando comprar figuras nuevas de tamaños homogéneos para años venideros. Pero eso será el año que viene, durante el puente de la Inmaculada Constitución, que será amenizado por la huelga de azafatas o de pilotos, que ya no sé a quién le toca.








sábado, 4 de diciembre de 2010

Arsénico por compasión

 
N. del A. De las noticias que nos ha traído la diosa Prensa esta semana, muchas me han llamado la atención, pero que tengan gracia, ninguna. Sin desalentarme por ello, me he permitido comentar con ustedes dos de ellas. Aunque aparentemente no tienen nada ver, yo las he relacionado entre sí gracias a una habilidad que sólo los dementes profesionales poseemos.

Desde ayer es noticia el descubrimiento de una bacteria insignificante que no sirve para nada y que vive sóla en un desierto de California, sin vida social alguna, como si hubiera sido expulsada de casa por la Madre Naturaleza. La noticia, era, sin embargo, la dieta que sigue la bacteria allí en su retiro:

Afirma el español Jesús Martínez Frías

La 'bacteria del arsénico' abre el abanico de la vida alienígena

MADRID, 3 Dic. (EUROPA PRESS) - 
   Jesús Martínez Frías, experto en astrobiología del CSIC, ha calificado como "extraordinario" el descubrimiento de una nueva bacteria capaz de alimentarse e incorporar el arsénico en su metabolismo, ya que "abre el abanico de la vida" dentro y fuera del planeta Tierra.
   El experto ha señalado en declaraciones a Europa Press que el hallazgo "ha roto el paradigma clásico" de la biología y ha adelantado que la nueva bacteria implicará la actualización tecnológica de los sistemas de detección de vida. "Es como el que estaba buscando oro en una sola dirección y se da cuenta de que hay más caminos", ha señalado.
    En este sentido, ha recordado que también habrá que "revisar" los métodos de exploración de ambientes de "vida pasada y presente" tanto dentro de la Tierra como fuera. "Los ambientes con arsénico o los sistemas hidrotermales en los que este componente tóxico aparece de forma común son un nuevo foco donde habrá que buscar", ha aclarado.
   Martínez puso como ejemplo a Marte, donde ha habido agua líquida en el pasado, además de sus volcanes. Ambos alojan sistemas hidrotermales de aguas calientes asociadas con arsénicos, en los que habrá que buscar "en zonas donde antes no se buscaba".
   Ésta es la primera vez que los científicos descubren un microorganismo que es capaz de utilizar un componente tóxico, en vez del fosfato habitual, para crecer y vivir. El arsénico suele ser muy tóxico para los organismos vivos porque altera los mecanismos metabólicos pero químicamente se comporta de forma similar al fosfato.
 
Según  se ha leído,  se creó bastante expectación previa al anuncio de la NASA, ya que se esperaba que los de la Agencia Espacial anunciasen por fin que habían descubierto vida extraterrestre. Ésto sería lo único que podría distraer la atención de la opinión mundial de los trapos sucios que revela Wikileaks. Luego, ¡oh decepción!,  resultó ser una miserable bacteria que se alimenta de arsénico. Sí, eso es, de veneno. Una bacteria que podría sobrevivir, perfectamente, en Wikileaks.

El interés de ésto, nos dicen,  es que si un microbio puede vivir en la Tierra en un entorno sólo de arsénico, qué no podrá haber en esos planetas de Dios, donde las condiciones para la vida pueden ser así de canallas o peores. O lo que es lo mismo, que para encontrar vida por ahí no hay que limitarse en buscar únicamente planetas donde exista agua, oxígeno e Internet, que son las condiciones imprescindibles para la vida en el nuestro, sino que debemos buscar también en planetas asquerosos, donde, por ejemplo, llueve veneno. Ahora ya no descartamos que los alienígenas sean unos tipos solitarios que se toman unos tercios de arsénico en las comidas.

No obstante, yo le pregunto al encargado de la NASA: ¿para qué demonios queremos encontrar un planeta así? Tal vez el nuestro sea así algún día. Yo voto por centrarse en buscar planetas con ríos de agua fresca y mares sin contaminar.

Como les pasará a ustedes, yo no conocía que el arsénico pudiera ser un medio de vida, muy al contrario. A mi me transporta la imaginación a la novela negra y policíaca, donde el arsénico es una ayuda impagable a la hora de enviar a una vieja millonaria con su Creador, para solaz de sus derechohabientes. También, como aborto de arquéologo que soy, me retrotrae a la época en que los antiguos mezclaban arsénico y cobre para hacer un bronce baratillo, una especie de marca blanca de bronce, ya que el bueno, sabrán ustedes, se hace con estaño.

Y también me recuerda a esa genial película de Frank Capra, Arsénico por compasión (Arsenic and Old Lace). Una comedia divertida, de esas en blanco y negro, que eran las buenas. Dice la Wikipedia, que antes de ofrecerle el papel de protagonista a Cary Grant, lo intentaron con Ronald Reagan, quien gracias al Cielo, no estaba disponible. Tuvimos suerte.





En esta comedia,  unas venerables viejitas suministraban arsénico a ancianos solitarios, por que se compadecían de verlos tan solitos. Eso sí, les daban el veneno mezclado con vino, lo que se conoce como calimocho arsenicado. Seguramente las bacterias de California también lo preferían combinado.

¿Pero no les recuerda este relato de las viejitas otro mucho más próximo a nosotros? Efectivamente, éste es el punto donde se me relaciona la segunda noticia que les comentaba. Ésta tiene menos gracia y demuestra cómo la realidad supera siempre a la ficción:


El celador de Olot podría estar entre los mayores asesinos en serie de España


El celador de Olot podría convertirse en uno de los principales asesinos en serie de la historia reciente española si se confirman las 11 muertes que este martes ha confesado en el juzgado.
Después de que en una primera declaración admitiera haber matado a tres ancianas, Joan V.D. ha asegurado este martes haber asesinado a otros ocho ancianos de la residencia desde agosto de 2009 a mediados de octubre de 2010, y duda de si mató a otro más este 2010.
El trabajador de la residencia mató a sus víctimas suministrándoles lejía, con sobredosis de insulina o con un cóctel de medicamentos. Según su testimonio, lo hacía en un momento de euforia, porque se creía que era Dios y porque quería liberar a los ancianos de su sufrimiento.


Las ancianitas de Frank Capra nos hacían gracia porque eran comedia, pero este celador de Olot no. No les daba arsénico, para el caso es lo mismo, los envenaba y según decía, era por compasión.

Nos asusta, o nos debe asustar, no tanto porque hay que pensar en qué manos están nuestros abuelos, sino porque las víctimas morían sin llamar la atención: eran ancianos. Esto nos muestra el hecho, tan natural como terrible, que si se nos mueren los abuelitos nos parece normal y nadie se hace preguntas. El crimen perfecto es asesinar a alguien que a nadie sorprenderá si perece y se evita así la investigación. Les dejo que reflexionen sobre esto.

Y es que a los abuelitos los tenemos a veces muy solos, demasiado solos, como aquella bacteria del desierto californiano, que a falta de otra cosa, se conforma con tomarse en soledad el arsénico que le dan.



domingo, 28 de noviembre de 2010

Yo lo maté


N. del A. Todos tenemos temores, dudas y sinrazones en nuestro interior. Es nuestro deber aprender a dominarlos o de lo contrario ellos nos dominarán a nosotros. La parte consciente y racional de nuestro cerebro es la que nos hace humanos, no la subconsciente, que ésa, al menos en mi caso, sigue siendo de primate. La entrada de hoy es para ilustrar esta idea, pero comprenda usted que es un relato, que yo no he matado a nadie. Conscientemente, claro.

-Sí, yo lo maté, señor comisario.


Con estas temblorosas palabras confesaba mi crimen, la cabeza entre mis manos e incómodamente sentado frente a la mesa donde reinaba el funcionario de policía. En la comisaría, un sinfín de personas entraban y salían de los despachos: funcionarios, letrados, detenidos, víctimas, familiares, periodistas o simplemente sospechosos. Yo había llegado esa mañana temprano a entregarme, con los pies descalzos y ensangrentados, vestido solo a medias. Estuve vagando así toda la noche por las calles.

- Soy subinspector sólamente. ¿Quiere tomar algo? ¿Un café de la máquina, tal vez? Créame, comer algo mientras se confiesa ayuda a hacer brotar las palabras.

Acepté el café que me ofrecían en un vaso de plástico y después un chocolate muy caliente.  Tenía razón, me tranquilizó. Me animó a continuar:

-Cálmese, tómese su tiempo y cuénteme qué ha pasado.

- Confesar, eso es lo que quiero, confesar mi crimen, porque yo lo he matado, hoy mismo, esta misma noche y he sido yo, sólo yo...  Hoy he dado muerte a mi propio subconsciente, a mi otro yo, a esa voz de la conciencia que todos llevamos dentro,  a ese ser que no conocemos, pero que habita en nuestro cerebro sin nuestro permiso, a costa de nuestros miedos y nuestras pasiones.

El policía no movió ni un ápice la expresión de su rostro. Esta confesión no es nueva para él, ha visto muchas cosas en la vida. Otro funcionario más joven, sentado detrás de él, tomaba nota de mi declaración, redactando lo mejor que podía en un ordenador.

-Siga, siga, ha matado usted a su yo subconsciente, ¿sabe por qué lo ha hecho?- Las preguntas las hacía con seguridad y profesionalidad- ¿Quiere usted un donut para acompañar su tercer chocolate?

Le respondí que sí, dos donuts de chocolate y otros dos de azúcar, por favor.

- Por supuesto que sé por qué lo hice - continué-, no vaya usted a creer que me arrepiento. Eso no. Estoy nervioso porque sé que debo afrontar las consecuencias de lo que acabo de hacer. Yo lo he matado y no ha sido por error, no ha sido un arrebato de ira o de celos. Lo he matado porque mi otro yo..., porque mi subsconsciente era... No sé cómo definirlo...

Un hijoputa, aventuró el policía.

- Eso es, un verdadero hijoputa, señor inspector, así era mi otro yo.

Diciendo esto agradecía con la mirada al funcionario que hacía de escribiente, que hace poco se había levantado para traerme una lata de cerveza Mahou bien fría. Puso también sobre la mesa un plato con jamón de Teruel, queso extremeño y pan candeal, de cual comimos.  En el pasillo, dos prostitutas se peleaban rabiosamente y rodaron hasta nosotros entre insultos y mordiscos, derribando muebles y personas.

- No soy inspector, sólo subinspector- dijo el policía, mientras separaba a las contendientes con la ayuda de tres agentes.

- Todos tenemos un subconsciente ¿no es así?- Yo lo preguntaba conociendo perfectamente la respuesta - Pero no todos tenemos un subconsciente como el mío. Mi otro yo era una persona tremendamente enojosa. Y aunque no debía ser así, yo era plenamente consciente de él. Oía su voz en mi interior, que opinaba sobre todo lo que hacía. No hagas esto, no hagas lo otro, mira lo dices, mira lo que haces... No, capitán, mi alter ego se hacía pasar por subconsciente, pero no lo era.

- Sub-inss-peec-tooor, no capitán ¿Más jamón? ¿Tal vez algo de chistorra?

-¡Cuántas mujeres habrá alejado de mí, ese mal nacido! Ésa no te conviene, aquélla sólo quiere obtener la nacionalidad, esta otra no, que es fea como un demonio, la de ayer no te quería, la de hoy no te querrá... ¡Cuántos proyectos me ha hecho abandonar, provocándome pereza y desgana! ¡A cuántos sitios he dejado de ir simplemente porque me ha infundido dudas y temores!

En ese punto yo estaba llorando. No eran remordimientos, era el vino de Jumilla de la bota que me ofreció el policía, que por por el trajín de la refriega me había caído directamente sobre los ojos. Alguien metía baza a patadas en la pelea entre las dos mujeres, probablemente el chulo de ambas. Al intentar reducirlo, uno de los agentes derramó parte del gazpacho que nos traía el escribiente. Por fortuna, había más.
Seguí con mi relato mientras pelaba los langostinos, de piel sonrosada y carne blanquísima. «La tarde anterior estuve con una mujer. Estuvimos en un hammam, disfrutando uno y otro de las aguas y el reposo. Hasta que intervino mi yo interior intentando hacerme dudar de ella. Horroroso. Yo no quise escucharle, no debía escucharle.

»Luego, reconfortados e ilusionados cenamos alegremente en un restaurante muy pequeño, familiar y acogedor. Mi alter ego presionaba, tú lo sabes, ella no te puede querer, ¿estás seguro de que no "hay nadie más"...? Yo no quise escucharle, pero empezaba a escucharle. ¿Aceitunas? Sí, gracias, las probaré también.»

El fragor de la batalla del pasillo se recrudecía. Ahora intervenían nuevos agentes y una estanquera de Bravo Murillo, histérica, con un ojo a la funerala, repartía bastonazos a diestro y siniestro. -¿Se va a comer esas chuletillas, comisario?-pregunté.

- Subinspector, por favor. Déjeme alguna chuleta de palo y siga declarando mientras ayudo a esposar a la madre del proxeneta.

- Ya no quedan de palo. Yo no quería escuchar al subconsciente, pero insistió una y otra vez. Fuimos a bailar, casi no bailamos, nos quedamos en un rincón discreto, escuchando la música sin decirnos casi nada, agarrados de las dos manos. Te está engañando, te está tomando el pelo. No podía escucharle, pero le escuchaba. ¿Tiene usted el sacacorchos? Fuimos a casa de ella, bailamos juntos, muy juntos y al poco tiempo nos besábamos, desnudos, en la cama. No le gustas, está fingiendo, me decía el muy cabrón.

» No pude soportarlo más tiempo y me fui corriendo escaleras abajo con la ropa en la mano. Ella se quedó con el rostro deformado por el estupor y la decepción. En el portal empecé a vestirme. No te quería, no vuelvas a subir, no le pidas nunca perdón... Fue lo último que me dijo: tomé uno de los calcetines que aún no me había puesto y se lo introduje en la boca; con el otro le tapé la nariz y esperé a que se asfixiara en sus convulsiones. Fue lento y cruel, no obstante eran calcetines de dieciocho horas; al final mi subconsciente quedó inerte para siempre encima de mis pantalones, con una desagradable expresión de asco. Quedó en el suelo de un portal donde yo no volveré jamás.

» Y estuve toda la noche, de acá para allá, desorientado, sin saber dónde ir, hasta que acabé aquí, señor guardia.»

El escribiente dejó el teclado y buscó un pastelillo de la bandeja, pero yo me había acabado los últimos. Miró a su jefe que volvía magullado; durante la pelea, un drogadicto que no tenía nada que ver con la discusión había aprovechado para golpearle en la cabeza. Por fortuna, se pudo defender con el extintor con el que apagaba el fuego que provocó la mayor de las prostitutas. La estanquera y un agente de paisano yacían sin sentido abrazados encima de la fotocopiadora.

El policía se sentó de nuevo, esta vez en la silla al lado de la mía. No debía preocuparme, me dijo.

En España - me explicó- no existe legislación aplicable en cuanto a las lesiones ocasionadas a seres inmateriales. Técnicamente, no es delito. Se ve a menudo, hay mucha gente que en cuanto puede asesina a su reputación, sin ir más lejos. Veo que a usted le preocupa, pero matar a un subconsciente no es algo nuevo ni tan grave. Yo lo he hecho. Y no soy guardia, soy subinspector, le repito.

-¿De verdad ha asesinado usted también a su subconsciente- pregunté sorprendido.

-El mío no, el de mi esposa, que era un declarado enemigo mío desde el tercer año de matrimonio. Un día le disparé con la reglamentaria. Créame que desde entonces, nuestra vida sexual ha mejorado muchísimo. Lo siguiente es cepillarme el de mi cuñada, para alcanzar la perfección en mi vida doméstica.

Ahora estaba desorientado y sin saber que hacer. - Entonces, ¿no es delito? ¿Puedo irme a mi casa a desayunar?

-Sí, hombre sí, vaya usted- respondió el policía-, pero una cosa le voy a aconsejar, usted debe hacerse ver por un buen profesional.

- Ya me parece a mi también. Necesito un buen psiquiatra, ¿no cree usted?

-No -el policía respondió con firmeza-, un buen dietista, lo que usted necesita es un buen especialista en nutrición. Come usted como un lobo, oiga, como un lobo.




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