sábado, 30 de octubre de 2010

La caja de los recuerdos



N.del A. Los recuerdos conservados en una caja son saludables porque nos ayudan a explorar neuronas que ya no usamos. ¡Mira éste! ¿Dónde andará? ¡Qué viaje aquel a París! En el zoo, con el colegio. Pero hay recuerdos tan bellos, tan queridos, que nos harán daño.
Ha sido culpa mía, yo abrí la caja. Hacía limpieza en el armario cuando encontré una caja de cartón, de rayas rojas y blancas. Era una caja con recuerdos, me senté en la cama y la abrí.

Error fatal: dentro había recuerdos.
No olviden nunca sus recuerdos,
esos recuerdos que abrigan el alma.

La caja contiene postales escritas en una playa abarrotada, invitaciones lejanas de boda ¿seguirán aún juntos?, fotos de adolescentes que ya no lo son, fotos de gente que ya no me recuerda, unas cerillas de un hotel sin futuro, papel de fumar sin pasado, unos galones de cabo, unos billetes de avión, de tren, un angelito de jabón...
... y cartas de amor... 




De hace horas, de hace días, de hace años.

Son papeles sin membrete, anónimos,
hojas de cuaderno arrancadas por ella
sin cuidado,
sí, por ella en persona,
papeles arrancados con pasión, con deseo,
con ese desvarío desaforado
que es el amor de juventud.

¿Está usted enamorado?

En el papel duelen las palabras.
Son bellas palabras extinguidas
hace años, hace días, hace horas.
Fueron escritas por ella,
sí, por ella en persona.

No debí devolverlas al aire donde un día fueron libres,
como lo eran nuestros ojos y nuestras manos,
como fueron tiernas las briznas de hierba
que soportaron nuestro peso en el parque.

Palabras que morían de dulzura,
espontáneas y joviales,
con tintas de colores, verde, rojo, azul,
con timbre de oboes, de violines, de pianos.
Era amor de juventud.

¿Estuvo usted enamorado?

"Te quiero. Eres el centro de mi vida.
No hay nadie como tú.
Te amo.
Te querré siempre, para siempre,
a mi lado."

Bellas palabras exitinguidas,
Hace horas, hace años, hace días.

Hoy ya han muerto desangradas esas letras,
y los verbos y los adverbios
son hoy sólo recuerdos pálidos.
Fue amor de vida y juventud.
¿Estuvo usted alguna vez tan enamorado?


Ya no reposamos juntos sobre la hierba.
Ya no son libres nuestras voces. Nuestras hadas
se esconden del sol.


Desde entonces, amor,
ya no digo amor a la cara.
  
Ella ya no me ama,
sí, ella en persona, y no se lo reprocho.
Pero lo que me amó aún lo guardo
en sus cartas,
y sus cartas en un cajón
y el cajón en mi casa.

y releerlas ¡duele tanto!
porque ella, sí ella en persona, ya no sueña conmigo,
pero yo...
yo aún la amo.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Hay que hacer la guerra con mucho cuidado

 N.del A. Puede parecer que pedir la paz en el mundo es más propio de aspirantes a Miss Universo que de señores calvos como yo, pero no es así, no está de más que empleemos este medio para zarandearnos la conciencia a todos los que miramos pasar las noticias como si fueran tranvías. Permítanme un poco de ironía para un mundo que no tiene mucha gracia.
Vaya, que les tengo que regañar. Sí, señor, a ustedes, generalotes y ministrones, magnates y estrategas y todos los de la pandilla. A ver, ¿qué son estas noticias que leo últimamente?
 (Washington, 26 Oct. EUROPA PRESS.es) 
El Ejército de Estados Unidos niega haber revisado a la baja el número de muertes civiles en la guerra de Irak y haber ignorado los casos de abuso cometidos por las fuerzas iraquíes contra prisioneros, tal y como se apunta en los archivos de inteligencia desclasificados recientemente por la página 'Wikileaks'.
   En dichos documentos, dados a conocer el viernes, se habla de una diferencia de 15.000 víctimas mortales entre los datos oficiales del Ejército estadounidense y las cifras reales.
   El jefe del Estado Mayor del Ejército, George Casey, aseguró que los soldados entraban en las mezquitas para contar los cadáveres. "No recuerdo haber minimizado las bajas civiles", señaló quien estuviera al mando de la operación militar en Irak entre 2004 y 2007.
El Pais, edición impresa, 24-10-10
Los documentos, publicados a pesar de las presiones del Pentágono para impedirlo, permiten incrementar en 15.000 el número de civiles muertos a causa del conflicto. Iraq Body Count, una organización que intenta evaluar el número de víctimas de la guerra de los que se tiene constancia, cree ahora que en Irak murieron al menos 150.000 personas, el 80% de ellos civiles.
¿No les da vergüenza? ¡Tan grandullones y que tenga yo que regañarles. ¿No saben ustedes contar? Ay, ay, que no les salen las cuentas, que han contado ustedes de menos. Los dinerillos sí los cuentan bien, en eso no se equivocan, que bien se nota lo que les interesa, ahora lo que no son cuartos, eso no, eso lo cuentan como sin ganas, así por encima. Un más o menos: tanto. ¡Que tengan que enmendarles otros la plana,  ya les vale! Una víctima, un palito, otra víctima, dos palitos…así de fácil. Luego no les cuadran las cuentas y tienen que venir los periodistas a decirles cuántas personas se les han muerto. Todos suspensos en matemáticas.
Y que no recuerdan haber haber minimizado las cifras. ¡Ay qué cabeza, por Dios, qué cabeza! 

Además,  vamos a ver, están ustedes allí para pacificar la zona ¿No? ¿Entonces por qué se les mueren los civiles? La mayoría de las víctimas que contaban mal, almas de cántaro, el 80% son civiles, o lo que es lo mismo, no estaban allí jugando a la guerra como ustedes. Son personas a las que tienen que pacificar, no triturar ¿Pero se puede saber dónde apuntan con sus escopetas? Si tienen el parkinson o el Baile de San Vito, no apunten a nadie, pidan un destino en oficinas.

¡Qué forma de hacer una misión de paz es ésta! Van por ahí dando tiros a diestro y siniestro, sin mirár dónde disparan. Se suben a un helicóptero Apache y se piensan que así ya se puede hacer el indio. Como si tuviera gracia.
El día más largo del Ejército español
(El País, 25-10-10)
... La historia que cuentan las crónicas de aquellos días es distinta: la batalla que las fuerzas de la coalición emprendieron contra la Milicia del Mahdi acabó con la vida de decenas de insurgentes y la muerte de un soldado estadounidense, un salvadoreño y uno de los iraquíes que luchaban con la coalición internacional. Los españoles sufrieron dos heridos, pero a partir de ahí y hasta la retirada completa del país, el 21 de mayo de 2004, tuvieron que hacer frente a una realidad frente a la cual la definición de "misión de paz" se quedaba bastante corta.

Y esos otros no se escondan. Sí, les hablo ustedes, a los españoles, que están disimulando, como si les hablara a otros. Que dime con quién andas y te diré quién eres. Vaya cuajo tienen también ustedes también, hombres de Dios. No quiero ni imaginar qué les habrá pasado por allí ni lo que les pueda pasar ahora en Afganistán. Anda, anda, recójanlo todo y para casa, que ya está bien de jugar a las guerras. 

Que no es una tontería, que no queremos que esos chicos se vayan a pacificar un lunes por la mañana y ya no regresen. Las bolsas de plástico son sólo para reciclar, no para que nos devuelvan a nuestros hijos en ellas. Si les gusta, pacifíquense entre ustedes.

Háganme el favor de atender a lo que les digo, la guerra se hace con cuidado,  con mucho cuidado de no darle a nadie. Y no se molesta a la gente, lanzando bombas fuera de los sitios donde está permitido. Ah, y nada de bombitas de racimo que lo dejan todo perdido ni de minas de esas que luego se olvidan de que están puestas. Cómo se nota que ustedes no barren.
Aprendan a pacificar antes de hacerlo. Y por eso les regaño muy serio a todos ustedes señores generales, ministros y reyes, empresarios de las armas, los bancos y la construcción, extractores de petróleo, industriales de consumo, periodistas del papel y de la televisión, mercenarios, ideólogos, terroristas y libertadores, ápatas, atónitos y Socios del Rifle, utilicen  su mejor caligrafía romana, cirílica, árabe o la que sepan y su lápiz, su tiza, su bic o su Parker de oro y me copian, cien veces cada uno, el siguiente poema. 
Mario Benedetti
Letras de emergencia (1969-1973)    
Tres odas provisorias

ODA A LA PACIFICACIÓN
No sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz
pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan pólizas contra la pacificación
y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no quieren ser pacificados
cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar
y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiro
es claro que siempre hay algún necio que se niega a ser pacificado por la espalda
o algún estúpido que resiste la pacificación a fuego lento
en realidad somos un país tan peculiar
que quien pacifique a los pacificadores un buen pacificador será

 Shiner llegó a citar un caso en el que un fusilero británico había abatido a una niña de ocho años en una calle de Basora. "Por alguna razón, el tanque se detiene al final de la calle, la niña está ahí con su vestido amarillo, sale un fusilero y la revienta", describió el abogado, quien se erigió como portavoz de los civiles iraquíes que posiblemente podrían haber sido torturados o asesinados por las fuerzas británicas.  

En recuerdo de todas las niñas de ocho años con vestido amarillo, de Basora o de cualquier lugar del mundo, que sueñan con ser princesas o sultanas mientras caminan despacito frente a un punto de mira.

viernes, 22 de octubre de 2010

Razones para escribir


N. del A. Les he traído hoy cuatro fragmentos de otros tantos señores que, (ojalá pudiera decir que como yo) también escriben, o mejor escribían, ya que los cuatro, a día de hoy, se mantienen difuntos tan ricamente. En estos fragmentos se declaran cuatro razones para escribir, las cuáles,  solemnemente, confieso que las hago mías. Con permiso de sus autores y de ustedes

Escribir como utilidad pública

Desde siempre ha sido mi género favorito el humorístico, y en él incluyo desde Mendoza hasta Apuleyo, pasando por Cervantes y Galdós. Y leía teatro de joven. No es corriente en un adolescente que lea teatro, pero yo lo hacía - no me tomen por un tipo extraño- tomaba prestado en la biblioteca obras de teatro de Poncela, Neville, Paso, Arniches, Muñoz Seca, Cabal, Ionesco… Para mí, uno de  estos autores destacaba entre todos ellos: Miguel Mihura. Su sentido del humor era especial, y sobrepasaba la situación cómica o el gag. Yo, como él, opino que escribir, cuando se hace con humor, tiene una utilidad pública. De esta manera lo justificaba el propio Mihura:

Yo recuerdo que LA CODORNIZ nació para tener una actitud sonriente ante la vida; para quitarle importancia a las cosas; para tomarle el pelo a la gente que veía la vida demasiado en serio; para acabar con los cascarrabias; para reírse del tópico y del lugar común; para inventar un mundo nuevo, irreal y fantástico, y hacer que la gente olvidase el mundo incómodo y desagradable en que vivía. Para decir a nuestros lectores: «No se preocupen ustedes de que el mundo esté hecho un asco. Vamos a olvidarlo y a procurar no enredarlo más».  Y aquí reunidos, mientras la gente discute y se mata, nosotros, en un mundo aparte, vamos a hablar de las marinas, de las ranas, de los gitanos, de la luna y de las hormigas. Y nos vamos a reír de los señores serios y barbudos que siempre están dando la lata y buscándole los pies al gato. …


(Miguel Mihura, artículo publicado en La Codorniz, noviembre de 1945)

Escribir para matar el tedio.
Sí, Jardiel Poncela me enseñó que se podía mantener el mismo tono de humor a lo largo de toda una novela. Aunque más conocido por sus obras de teatro, en sus novelas Jardiel es mucho más atrevido e innovador. Él mismo lo decía, que el público de la novela admite mejor las novedades, porque si no le gusta lo que lee, deja de leerlo o regala el libro; pero al público del teatro no le agrada que se le estropee la noche que tiene para salir y no arriesga, no desea fantasías y por ello exige aquello que sabe que le gusta.
En el prólogo de Amor se escribe sin Hache, escribe unos alejandrinos con una descripción de sí mismo y explicando por qué razón es escritor y no sereno:

Escribo porque nunca he encontrado un remedio
Mejor que el escribir para ahuyentar el tedio,
 y en las agudas crisis que jalonan mi vida,
siempre empleé la pluma como un insecticida.
No me importa la gloria, esa vil cortesana
que besa igual a todos: Lindbergh, Charlot, Beethoven…
Y no he ahorrado nunca, pensando en el mañana,
porque estoy persuadido de que he de morir joven.

(Enrique Jardiel Poncela. Prólogo a Amor se escribe sin hache.  Biblioteca El Mundo, 2001)
Escribir como forma de ver el mundo.
Yo soy un blogodependiente bisoño, pero afirmo aquí y ahora que un buen bloguero debe leer, aunque sea un poquito a Julio Camba.  Sabía resumir en pocas líneas el contenido que quería expresar, lo hacía con un estilo ágil y agradable al tacto y con un fino sentido del humor. Sin estridencias, sin locuras. Es él quien decía que había años que no estaba uno para nada.  En un libro de viajes, prefería describir la casaca del portero del hotel que la catedral gótica de la ciudad. Porque afirmaba que lo que dice un escritor no es  nada fiable, debido a que escribir es su forma de ver el mundo, muy parcial en tanto que no ve un paisaje, sino que ve un artículo sobre ese paisaje:

… Nada es como es, sino como nos lo representamos, y el escritor, colocado ante una cosa cualquiera, o no la ve, o la ve en forma de artículo. La naturaleza, para él, es efectivamente un libro: un libro que va a escribir y del que piensa vender algunos miles de ejemplares a tres pesetas cincuenta. El diabético convierte en azúcar todo lo que ingiere, el hepático lo transforma en bilis y el escritor lo transforma en libro.
(Julio Camba. La aventura de la peseta.)
Escribir como redención.
Este último ejemplo no pertenece al género humorístico, pero tiene la culpa de que, siendo yo como soy un gran aficionado de la Historia, no resulte muy de mi agrado la novela histórica. Y es que nunca he podido dejar de comparar las novelas históricas que he leído posteriormente con ésta. Leí el Sinuhé un verano, siendo adolescente, tenía entonces un buen flequillo, todo el tiempo del mundo y el cuerpo y la mente virgen (¡suspiro!) Según terminé el último capítulo, di la vuelta al libro y empecé de nuevo por el primero. Es el único libro que he leído tres veces seguidas, tal vez mi cerebro era por aquel entonces excesivamente impresionable. Y eso que estaba protegido por una abundante cabellera. Seguro. Pero creo que por esta razón, repito, el resto de novelas históricas me saben a poco. Es injusto, ya lo sé.
Toda mi vida he recordado el maravilloso primer capítulo, donde explica que la fama no es lo que pretende alcanzar. Quiere redimirse.  Yo, afortunadamente, no tengo los mismos pecados que Sinuhé, pero es cierto que inicié esta andadura bloguera para desintoxicarme de una vida que no llegaba a ninguna parte. El arte por el arte, la letra por la letra:

Yo, Sinuhé, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro. No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos. Escribo para mí solo. No para halagar a los dioses, no para halagar a los reyes ni por miedo del porvenir ni por esperanza. Porque durante mi vida he sufrido tantas pruebas y pérdidas que el vano temor no puede atormentarme y cansado estoy de la esperanza en la inmortalidad como lo estoy de los dioses y de los reyes. Es, pues, para mí sólo para quien escribo y sobre este punto creo diferenciarme de todos los escritores, pasados o futuros.
Porque todo lo que se ha escrito hasta ahora lo fue para los dioses o para los hombres…
(…)
Porque el hombre que escribe, y más aún, el que hace grabar su nombre y sus actos sobre la piedra, vive con la esperanza de que sus palabras serán leídas y que la posteridad glorificará sus actos y su cordura. Pero nada hay que elogiar en mis palabras, mis actos son indignos de elogio, mi ciencia es amarga para el corazón y no complace a nadie. Los niños no escribirán mis frases sobre las tablillas de arcilla para ejercitarse en la escritura. Los hombres no repetirán mis palabras para enriquecerse con mi saber. Porque he renunciado a toda esperanza de ser jamás leído o comprendido.

(Mika Waltari. Sinuhe el Egipcio. Plaza y Janés, 1997. Trad. Manuel Bosch Basset)

domingo, 17 de octubre de 2010

Mater certa, Pater incertus.

N. del A: No soy un friqui de La Guerra de las Galaxias, el tema  del artículo de hoy es otra cosa, la paternidad, pero creo que ese señor medio nazi con voz de enfermo de EPOC y el niñato rubio me sirven perfectamente de ejemplo. No obstante,  nótese que no he dicho Star Wars, lo que ofrece una ligera idea al lector de qué películas de la serie son mis favoritas, si las modernas o las antiguas

La foto que ilustra la entrada de hoy la he elegido como la del arquetipo de mal padre. El señor Vader no sólo se despreocupó completamente de sus mellizos hasta bien pasada la adolescencia de los nenes, sino que una vez que tuvo conciencia de ellos, los persiguió, ora para encarcelarlos, ora para corromperlos. Le perdió que quisiera convencer a sus chinorris para que se pasaran al otro bando o a la otra acera, que no sé bien si en aquella galaxia tan lejana se apreciaba completamente la diferencia.
Luke descubre que tiene un padre suelto por ahí y sabiendo que éste es una pésima persona y peor vecino, se empeña en quererle como padre. ¿Era tan importante que fuera realmente su procreador? ¡Si era más malo que la mar en bote!
Bien, este ejemplo viene al caso porque recientemente,  en una conversación entre amigos surgió el conocido tópico de “la madre se conoce, pero padre puede ser cualquiera...” que es como se traduciría, libremente, el latinajo que pone título a este artículo.  Y recordé que no hace mucho mi hijo mayor me repitió esa misma tontuna, bromeando, «mira que si no eres mi padre y soy hijo del butanero…»
-      Estoy absolutamente seguro de que soy tu padre.
Lo dije con seguridad y convicción, como si declarara ante un Jurado. Mi hijo me miró con cara de decir « ¿Por qué estás tan seguro? Nunca se sabe ». Sí que se sabe, sí, es facilísimo.
No estoy hablando de una confianza ciega en su madre, que la he tenido, por supuesto,  ya que aunque la vida ha separado nuestros caminos, nunca existió un problema de confianza entre nosotros. No es una cuestión de parecido, porque mi hijo es completamente diferente a mi, tanto en sus estupendas condiciones físicas, como en su carácter extrovertido. Tampoco hablo de ninguna prueba de ADN, que no me han practicado ninguna.  Simplemente estoy seguro de que el butanero no es su padre porque…
Porque el señor butanero jamás le dio un biberón ni le cambió los pañales. No se pasó noches enteras cantando boleros con el niño en brazos o en la sala de espera de Urgencias. El butanero no se preocupó en ningún momento de buscarle guarderías, colegio o institutos, no le regañó cuando tocaba un enchufe ni jugó con él a las peleas de gatos en el césped del parque.
Nunca vi al butanero enfadado con él una noche porque el muchacho transgredió el horario normalizado ni preocuparse en indagar con quién había estado. No se conoce que le haya dado al chico diez euros, mil advertencias y un condón antes de ir a las fiestas del barrio. Nadie recuerda que se levantara en la grada de un pabellón a jalear un gol gritando « ¡Yo soy su padre, yo soy su padre! »  En fin, sería inacabable la lista, pero al final termina en que el bueno del butanero no le perdonará jamás lo que yo le perdonaré a mi hijo.
Ademas, en la casa donde vivíamos entonces todo era eléctrico, ningún repartidor de gas butano tenía excusa para ir allí.
De esto se deduce que ser padre es algo más que eyacular en el momento justo en el lugar adecuado. No es ninguna heroicidad, pero sin duda es hacer algo. Puede que algunas de mis lectoras piensen que, según esto, sus hijos carecen de padre. Allá cada cual, para mí no hay mayor prueba de paternidad que el ejercicio de la misma, mucho más fiable que el test del ADN y el registro civil.  Con toda seguridad, hemos hecho cosas mal, pero esos errores los hemos cometido su madre y yo en persona, nadie más. Y los aciertos también.
Por eso, cuando mi hijo bromeaba sobre si era yo su padre o no, le respondí con la voz grave y solemne de Darth Vader/Constantino Romero: « SÍ, YO-SOY-TU-PADRE»
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jueves, 14 de octubre de 2010

Acerca de tebeos, de Vázquez y de la nostalgia

(N. del A: Yo era de los que siendo niño me gastaba los dos duros que me daban después de misa en el DDT, en vez de comprar chuches o ahorrar para la entrada de un piso. ¿Qué he ganado? Hoy tengo caries igualmente y encima vivo en un piso de alquiler)

Éste era el trato. Yo acompañaba a mis padres y a mi abuela a Misa y después me iba con diez pesetas a comprar el DDT. Aclaración para impúberes, el DDT, además de un insecticida que hacía menos daño a los piojos que a su huésped, era una revista juvenil, con historietas dibujadas, o lo que es lo mismo,  un tebeo.  De aquella época - dichosa edad y siglos dichosos…- eran también Tío Vivo, Pulgarcito, Mortadelo,…
Siempre han sido mis favoritos los personajes de F. Ibáñez, pero también lo eran los de Vázquez o los de Escobar, Rovira, etc. Mi padre me animaba a comprar el tebeo, entre otras cosas porque también lo leía él. Hoy en día, señoras y señores bloguícolas, uno no encuentra tebeos en los quioscos. Tan sólo en las grandes superficies se puede encontrar álbumes y recopilaciones de Mortadelo y Filemón (Mort & Phil, si es usted anglosajón), Súper López y a veces Zipi y Zape. Lo que denuncio aquí  es que nuestros hijos no pueden/no quieren ir al quiosco a comprarse la revista. Los videojuegos, la televisión e Internet son una competencia dura y desleal y el Mercado, por lo tanto, no considera la posibilidad de vender papeles a los chavales.
Aquellos tebeos crearon personajes que ya no se ven tal cual en la calle, aunque permanecen en nuestra memoria como arquetipos. El sastre que espera detrás de una esquina con una factura y un garrote, el guardia del casco, porra y silbato impolutamente blancos, el tiránico director de una oficina, el adolescente que trabaja de botones, el ladrón que no se quitaba el antifaz ni para dormir, niños que anhelaban una bicicleta como recompensa, hombres del campo que nunca habían visto la gran ciudad…
-      Un lector impúber: Le entiendo, créame, pero le agradeceré que deje de darme golpecitos en el hombro y que no me hable con conmiseración, sólo porque yo no leo tebeos.  ¿No se acuerda de cuando usted tenía mi edad y le decían con el mismo aire de condescendencia los mayores de entonces: «Hijo, tú no has conocido el mayo del 68»?
-      El autor: Discúlpeme, querido imberbe. Tiene usted razón, tal vez por eso ahora me aburre ovinamente la rebolica del 68. Pero es muy humano heredar los vicios de nuestros mayores. Heredar las virtudes debe ser menos humano, porque pasa menos. Leer tebeos no nos hace mejores ni peores, simplemente le hablo de nostalgia,  como la que sentirá usted, joven pisaverde, cuando le explique a sus hijos qué era eso del Twitter.
Todo esto viene a cuento por la película que recomiendo hoy, El Gran Vázquez. Gran historietista y granuja de marca mayor. Buena película y divertida, mantiene el ambiente propio del tebeo, véase la editorial donde trabajó, que recuerda mucho a la redacción de El Botones Sacarino, con su director y todo.  No se la pierdan, estén atentos a los detalles visuales, ríanse y disfruten.

(El Gran Vázquez. 2010. Tornasol Films/ Distinto Films, dirigida por Óscar Aibar)
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Eso sí, si después de ver la película, alterados y emocionados por lo que han visto, deciden ir su pareja y usted a celebrarlo a un hotel - cena en la habitación con champán y bombones - por favor, paguen la cuenta.  En aquella época no existían las bases de datos de morosidad, hoy en día sí y funcionan.  A los hoteles de hoy ya no les importa si están ustedes casados por la Iglesia, pero sí se fijarán en que la tarjeta sea válida.
-      El lector impúber de nuevo: Otra vez me está dando consejos y golpecitos en el hombro. Es usted incorregible.
-      El autor, el mismo de antes: Es verdad, le ruego que me disculpe de nuevo.  Es que no quisiera que aprendiera usted el modus vivendi de Vázquez, que era el de consumir y consumir y luego no pagar, no pagar, como el caso que le expongo del hotel. Dar sablazos a todas horas y adeudar facturas a todo el mundo, o lo que es lo mismo, vivir por el lado de fuera del precipicio.
Lo que me ha preocupado de la película es lo siguiente. Según se dice en ella, por deudas con la editorial, el bueno de Vázquez estuvo veinte años sin poder publicar sus personajes, que eran dibujados por autores anónimos. Esto significa que todos los tebeos que leí de él, desde Anacleto Agente Secreto a la Abuelita Paz, no fueron dibujados por él. Pero las 10 pesetas sí que eran mías, así que me considero engañado y creo que debería reclamar la parte proporcional de los dos duros que me suplantaron.
-      El lector impúber, que aún no se ha acostado: ¡Pero bueno! ¿Se reía usted o no? Si se reía, déjelo estar, que bien pagado está el dinero entonces. ¡Qué más da si lo hizo uno u otro!
-      El autor que contesta siempre: De acuerdo, una vez más. Es la nostalgia, la que habla por mi boca. Puede que me esté haciendo mayor. Lo noto en que le doy a usted la brasa con mis nostalgias y en que cuando voy a los reconocimientos médicos de la empresa ahora me preguntan si mis micciones son placenteras.
-      La madre del lector impúber: ¡Niño! ¡Tómate el cola cao y a la cama!
-      El autor que nunca se cansa de contestar: No le entretengo más, si puede vea la película y si se acuerda, lea tebeos en la biblioteca de su barrio.
¡Vaya con el niño! ¿Pues no me daba lecciones? ¡El colmo!

sábado, 9 de octubre de 2010

Acerca de las nuevas tecnologías o de cómo cambia el cuento


(N. del A: las nuevas tecnologías invaden lo más íntimo de nosotros. Hay personas que ya no van al cuarto de baño sin compartirlo antes en su Facebook. Creo sinceramente que muchos de estos cambios son para bien, especialmente para  quienes vivimos de venderlos, pero comprendo a quienes no les da tiempo a adaptarse a ellos. ¡Pobres!)

La razón inmediata de éste artículo surgió cuando leí la siguiente noticia en mi Google Reader:
Ecuador decreta el estado de excepción a través de Twitter
Una revuelta policial mantiene acorralado al presidente Rafael Correa en un hospital
CADENA SER   30-09-2010
El Gobierno de Ecuador ha anunciado a través de su cuenta de Twitter que decreta el estado de excepción en el país en respuesta a los disturbios registrados este jueves y que, según el presidente Rafael Correa, se deben a un "intento de golpe de Estado"
A través de esta misma red social el gobierno ecuatoriano ha anunciado que tiene problemas con sus sitios web y que seguirá reportando información a través de
sus perfiles en Twitter .
A través del sitio web www.larevolucionciudadana.com Gobierno de ecuador ha pedido a la Comunidad internacional que "vele por la democracia en Ecuador".

No voy a entrar a opinar sobre las razones que tenían estos señores policías para perder los buenos modales, sino en el hecho de decretar el estado de excepción a través de Twitter. ¿En qué planeta vivimos? ¿Ya no se pone música militar en todas las radios y se retransmite periódicamente un bando leído por un generalote con voz cabreada? ¿Ya no se obliga a las televisiones a poner la bandera del país con fondo musical de marchas militares, sólo interrumpido por la emisión de películas como Objetivo Birmania?
Pues a mí me parece una idea genial usar las redes sociales para los estados de excepción y las páginas web para pedir ayuda internacional. ¿Por qué no? Algo ha cambiado, no cabe duda en nuestra forma de sufrir como ciudadanos. Ya no se nos coarta la libertad con los medios de antes.  Una día nos llegará un mensaje al móvil « ¡Quietos todo el mundo! ¡Al suelo, coño! PÁSALO» Puede que las personas más mayores no nos enteremos, pero eso está bien, dejaremos el estrés de los  golpes de estado para la juventud, que se preocupa menos por estas cosas.
Hace poco vimos también a nuestra ministra de Hacienda, con los ojos aún vidriosos por el subidón de los brotes verdes que se habían fumado en el último consejo de ministros, presentando ante la prensa el borrador de los nuevos presupuestos para el año que viene. Mostró a las cámaras una memoria USB, con el logo del Gobierno de España.
Hace pocos años, la escena era una funcionaria sellando diligentemente la entrada de toneladas de papel con toda la información, por triplicado, por supuesto. Sí, es un avance, no lo dudo, pero el minuto de gloria de la funcionaria haciendo la exhibición del registro ante el país se ha perdido y nadie en la función pública lo ha reclamado. Otra tradición que se pierde.




También he leído esta otra noticia, esta vez al otro lado del charco:
Había asaltado a una familia y lo reconocieron a través de Facebook
08/10/10
PorMónica Galmarini
La Plata. Corresponsalía
Quiso encontrar amigos en una red social y terminó preso. Un joven acusado de participar en un asalto con otros dos cómplices fue detenido luego de que las víctimas reconocieran su foto en un sitio de Internet .
Con los datos que había publicado, la Policía lo halló en una vivienda de La Plata. En ese lugar se secuestraron además dos navajas que habría utilizado para amenazar a la familia robada.
El presunto delincuente tiene 20 años y está vinculado a un ataque ocurrido el 10 de setiembre en 522 entre 19 y 20 del barrio de Ringuelet, cuando un matrimonio y sus hijos fueron sorprendidos al ingresar a su casa de noche.
Durante media hora, los asaltantes mantuvieron a las víctimas aterrorizadas con pistolas y navajas. Antes de escapar, se llevaron dinero, una cámara digital, varios celulares y una consola de juegos.
Hace una semana, los hijos de la familia asaltada encontraron la foto de uno de los delincuentes en el Facebook.
También estaban todos los datos personales que el joven había publicado en el perfil del sitio de Internet.
“Lo reconocieron de inmediato y sin dudas” , explicó una fuente policial a Clarín .

Hay que ser tonto. Recuerdo cuando en los tebeos (el próximo día hablaré de tebeos y comics, ¿recuerdan el “Manitas” de los Zipi y Zape?) se dibujaba a un ladrón permanentemente con antifaz, incluso en su propia casa. Señores delincuentes que me estén leyendo, tomen nota, un buen malhechor no  debe ser nunca reconocido,  si trabajan a cara descubierta, que es admirable aunque no lo comparto, después no se exhiban al público en la red. Y no se lleven a los amigos para grabar en el móvil cómo roban el bolso a una señora, porque le veremos en Youtube. ¿Es que ya no hay seriedad, ni siquiera en el Hampa?
¡Cómo ha cambiado el cuento! Son tres ejemplos de cómo nuestro día a día está cambiando a saltos, con las nuevas tecnologías.  
¿No les parece, señores blogueros?

domingo, 3 de octubre de 2010

Ser creativamente innovadores

(N. del a.: el día 29-s hice huelga, formo parte del 10% o del 70%, que la hizo, dependiendo del medio de información. Por ello me siento imbécil como un lechón, pero un lechón con honor, que más vale huelga sin barcos, que barcos sin huelga. No me hablen del tema, que me da coraje y muy mal humor, como si me hiciera la vasectomía un jardinero)

Damas y caballeros, he terminado esta semana un cursillo sobre Creatividad e Innovación. Interesante, me atrevería a añadir. (Esta frase me ha quedado muy británica, ¿verdad?). Me ha servido, entre otras cosas, para aprender la diferencia entre “crear” e “innovar”. He aprendido que yo antes era creativo, pero no era innovador. Porque antes de escribir en este blog, el diario de todos ustedes, todo lo que yo escribía se lo llevaba el viento de suroeste, que es el que en Móstoles remueve la hojarasca y trae la lluvia, el mal tiempo y la mala leche corporal.
Sí, pensar, lo que se dice pensar, yo pensaba, pero creaba «de oído», porque nunca llegaba a plasmarlo en un soporte que lo perpetuara. Escribir o dibujar en la parte de atrás de un folleto publicitario tiene normalmente como  destino el contenedor de reciclado, nunca la imprenta. O el relato escrito en un documento Word, residente en el ordenador sin publicarse, acabará su triste vida de ceros y unos en un formateo no planificado del disco duro.
¿Qué estoy haciendo ahora? Innovar, es decir, llevar a la práctica lo que he creado previamente. Ahora publico en este blog todas las tontunas que me pasan por el cráneo, no porque considere que sean joyas literarias, no porque les vea a ustedes necesitados de lectura, sino porque me da la gana que permanezca. Las tontunas son como hijos díscolos, que aunque no nos den motivos para ello, siempre nos hacen estar orgullosos.
Crear es pensar, innovar es hacer. Ahora que lo veo escrito me doy cuenta de que he tenido grabado este principio durante toda mi vida en el reverso del páncreas. Y no lo había leído. ¿De qué demonios nos sirve crear si no es para ponerlo en marcha? Lo que hoy innovo será algo tangible, algo que podremos morder o saborear, algo que acaso luego deberemos de ocuparnos personalmente de destruir, ya que no se lo llevará el viento del suroeste. En otro cursillo me dijeron este otro principio físico, tan cierto como el de Arquímedes o el de Gay-Lussac: «Si no es para intentar cumplirlos, ¿para qué queremos los sueños?»  

Aquí es donde me he caído del caballo, como San Pablo y he visto la revelación  (me viene a la cabeza una canción «entonces vi su cara y ahora soy creyente...») ¿para qué voy a pensar algo si no lo pongo en marcha? Lo que yo innovo no es algo inexistente en términos generales dentro de la cultura escrita, es algo nuevo en tanto que es mío, no es de otro y por esta razón,  me lo pongo de sombrero. Aviso para navegantes, todo lo que se me ocurra lo escribo. El que avisa no es traidor. Existo, luego escribo.

Así que ya saben ustedes que lo que hizo Dios en seis días fue el milagro de La Innovación, no el de la Creación, ya que no bastaba con imaginarse lo que iba a crear, era necesario remangarse el pull over e innovar los ríos, montes, animales y señores. Y todo esto sin existir antes nada en qué fijarse, que tiene su mérito, eso sí que es pensamiento lateral.
Y es muy curioso que la palabra innovar esté tan de moda hoy en día en la empresa española. Después de años y siglos del unamuniano «¡que inventen ellos!», ahora premiamos a todo aquél que es capaz de sacar ases de la manga o conejos de la chistera. Ya era hora, hombre, ya era hora de que yo me incorporara a algo que esté actualmente de moda. Ya era hora de que gastemos menos esfuerzos en adaptarnos a la vida y más energías en crear la vida propiamente dicha.  Ya era hora de -ésta vez copio a Celaya-  «mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo

Por ….Ug


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