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jueves, 6 de junio de 2013

Cuatro políticas con freno y marcha atrás

N. del A. El admirable Jardiel Poncela me proporciona el título para poder hablar de más desafueros, injusticias, arbitrariedades, excesos, abusos, atropellos, tropelías, alcaldadas y desmanes que crecen generosamente en los feraces páramos de España y que consiguen que sienta que vamos marcha atrás, como si al país se le hubiera acabado la gasolina en lo alto de una cuesta.
Año IV Opus 131
Hoy no hablo de recortes.

La palabra "recorte" ya me aburre más que contar las hojas de un paquete de folios, porque de unos años a esta parte, todas las instituciones públicas o privadas y todas las familias humanas o animales se han desatado orgiásticamente a reducir los gastos con el mismo frenesí con que antes se despilfarraba. El resultado de tanta mengua nos inunda y nos satura y, a este paso, pronto llegaremos al punto en que ya no nos duelan los azotes.

Por esta razón me he propuesto no hablar más de esta locura, que ya está todo dicho y oído salvo la palabra "basta" en las bocas que deben pronunciarla. Para compensarlo,  he puesto el ojo en las antípodas, es decir, en aquello en lo que en vez de recortar, la política institucional fomenta y ayudará a invertir. He descubierto una nueva máquina del tiempo que nos arrastrará a tiempos remotos. Hagan ustedes la media:

Un retroceso de veinte siglos: el fracking
(Retrocedemos hasta los romanos, quienes ya usaron esta técnica en Las Médulas y, aunque hoy queda un paisaje precioso, hay que ver cómo lo dejaron)


La política energética ha dejado de primar las energías renovables y apuesta claramente por técnicas como el fracking, que no es vestir con elegancia un frac, como el James Bond de Roger Moore, sino una técnica para la extracción de gas natural consistente en inyectar agua con determinados productos químicos en la  Madre Tierra, para liberar las bolsas de gas que hay bajo el terreno. Aunque ya se hace sin esperar a la ley, cuando en muchos países se están prohibiendo estas técnicas, aquí vamos a regularlas. Cuando ellos vuelven, nosotros vamos.

Un retroceso de un siglo atrás: la fiebre del oro en Galicia
(Retrocedemos hasta el XIX, cuando se buscaba oro en California, en Siberia o en Mongolia)

Mina de oro a cielo abiertoEl oro es muy caro. Un kilo de oro no sólo nos cuesta 20.000 euros, sino que también nos cuesta unas hectáreas de monte perdido por la apertura de la mina y unos kilos de arsénico envenenando el subsuelo por el proceso de separación del mineral (y si además, procede de determinados países, también puede costar  la vida de algún niño obligado a internarse en agujeros en la tierra) En vez de proteger el paisaje gallego y la tierra que donde se crían grelos y cachelos, la política minera es fomentar la mina a cielo abierto con la eficaz excusa de que crearán 1600 empleos, oro para hoy y hambre  y arsénico para mañana.

Un retroceso de 50 años: La Ley de Costas
(Retrocedemos hasta la época del Landismo, cuando se perseguía a las suecas en bikini)

Los prohombres de negocios de los años del Milagro Español  buscaron la Gallina de los Huevos de Oro  en las playas españolas del Mediterráneo y la sepultaron bajo un manto de cemento y hormigón, casi a ras del agua. Para evitar que las playas desaparecieran, cuando ya era tarde se prohibió construir a menos de los cien metros, pero ahora ese límite se ha vuelto a dejar en veinte. Lo que son dos filas de sombrillas.  Quedan 80 metros de playa para resucitar el mundo del ladrillo o construir maravillas de la Humanidad como el Hotel Algarrobico, ese que cuesta más derribarlo que construirlo.

Un retroceso de 77 años: la privatización del agua
(Retrocedemos hasta la época anterior en que La Declaración de Derechos Humanos estableció que el agua es un bien de todos)



Que el derecho de acceso al agua potable es de los más importantes es sabido sobre todo por aquellos que no lo tienen, más de mil millones de personas. Y es ignorado por quienes piensan que se puede convertir en un bien comercial. En un país donde el agua escaseará dentro de algunos años merced al calentamiento global y al consumo sin control en campos de golf y piscinas privadas, la política hidrológica es subir las facturas a los ciudadanos y luego privatizar las distribuidoras en unas condiciones inmejorables. Cuando haya escasez, veremos la solidaridad y hombría de bien de las empresas privadas.


Somos corazones con freno y marcha atrás. Vamos de culo.






viernes, 10 de mayo de 2013

Vida sencilla y sana

N. del. A. La tragedia de Bangladesh debería concienciarnos de que nuestros hábitos de consumo son responsables de buena parte de las desgracias que asolan el mundo y tal vez, en el futuro, hagan el trabajo del meteorito destinado a destruir la vida en el planeta. Pero ninguno de nosotros queremos que nos molesten, mejor mirar a otro lado. Somos así.
Año IV Opus 130
Esta mañana me he levantado temprano, cuando el maldito radio despertador fabricado en el sudeste asiático por mano de obra infantil ha inundado el silencio de mi habitación con las noticias de una emisora radiofónica que, como todas, difunde información tergiversada y tendenciosa. He refunfuñado y jurado  como un galeote, a pesar de que el sólo hecho de madrugar para ir al trabajo cada día laborable me diferencia de algo más de cinco millones de personas sólo en España.  No es bonito, pero qué le voy a hacer.

He desayunado un vaso de leche de vacas criadas y ordeñadas industrialmente donde he disuelto un par de cucharadas de cacao, cultivado y molido en un asolado país de África por unas pobres gentes a las que malpaga una multinacional europea. Después, me vestí con ropa sencilla, no soy de mucho presumir, así que me bastan las prendas que compro en tiendas de moda, bonitas aunque baratas, porque se fabrican en Bangladesh, bajo uno techos que se vienen abajo en cuanto la ocupación humana apenas supera el quinientos por ciento del aforo. No es bonito tampoco, pero qué le voy a hacer.

Acudo al trabajo en el metro, gracias a ese milagro que es la energía eléctrica que generan nuestras centrales nucleares, las cuales no me preocupan porque son fiables al cien por cien, según nos aseguran los grandes divos del Consejo de Seguridad Nuclear, a quienes Dios Guarde Muchos Años (cerca de un reactor, si es posible). Bien pensado, no puedo decir que es bonito, pero qué le voy a hacer.

Ya en la oficina, he podido atender muchos clientes, merced a las disputadísimas tierras raras que son parte imprescindible de los chips superconductores de mi ordenador. Puede que en el futuro estemos en guerra con China por el control de esos lantánidos. Y también puede ser que el litio que alimenta las baterías de mi móvil acabe algún día con los bellos salares bolivianos. Sé que todo eso no es bonito, pero qué le voy a hacer.

Al llegar a casa, como no tenía atún de ese que se pesca dinamitando delfines, tuve que utilizar mi coche para ir al supermercado, a pesar de que sé que el efecto invernadero nos augura un árido y terrible futuro, pero lo he contrarrestado utilizando combustible con mezcla de biodiésel, es decir, que se rebaja la carga de carbono de origen fósil con carbono de origen alimentariamente injusto. Dicho así, está claro que no es bonito, pero qué le voy a hacer.

Cuando por fin puedo descansar en casa, pongo lavadora y me ducho a placer, sin miedo a gastar agua porque este año ha llovido mucho y no recordamos ya los años de la pertinaz sequía. Ceno una ensalada con insulsas verduras traídas en avión desde el otro lado del planeta y me hipnotizo con el fútbol que profusamente me sirve la televisión a diario. Bonito, lo que se dice bonito no es, pero qué le voy a hacer.

Esta es mi vida sencilla y sana, en la que transcurren pacíficamente los días sin haber hecho daño a nadie. La vida no es justa, alguien tiene que solucionarlo. Alguien que tenga tiempo, que yo tengo que ir a comprarme un chándal o a planificar mis vacaciones. Soluciónelo usted, por ejemplo, yo no puedo porque sólo estoy programado para consumir, contribuir y, cada cuatro años, votar. Porque yo no soy responsable de... ¿nada?

Está claro que no es bonito, pero si sabe de algo que pueda hacer yo, no me lo diga. Por favor, no me moleste.

lunes, 8 de abril de 2013

Disculpe el señor

De Manel Fontdevila, en El Diario.es 
N. del A.: Hoy, clase de lexicografía, la crisis nos enseñan nuevas palabras, entre otras, escrache. No lo tomen a broma, cada vez hay más pobres en España y el número ya es alarmante. Como dice la canción de Serrat, "disculpe el señor, pero este asunto va de mal en peor".  
Año IV opus 129
La diosa Crisis no sólo destruye, también aporta cosas a la cultura del siglo XXI. Entre otras cosas, nos enseña a todos un nuevo lenguaje, nuevas palabras y nuevos conocimientos que antes ni imaginábamos. Antes del 2009, nadie hablaba de la deuda soberana, del riesgo país,de la prima de riesgo o de la dación en pago. Ahora en cambio, son palabras que salen espontáneamente en cualquier charla de café. Para nuestra desgracia, hemos recibido un curso acelerado de economía aplicada vía noticiarios y ningún informe PISA va a reconocer nuestro aprendizaje.

Con la inestimable ayuda de periodistas y políticos, hemos pervertido el significado de otros muchos términos: llamamos rescatar un país a lo que racionalmente deberíamos llamar condenarlo. Una quita era antes la condonación de una deuda; desde lo de Chipre, esa palabra significa que te clavan una deuda que no es tuya. Se dice medidas correctoras o ajustes donde debía decir supresión de servicios. Por último, antes llamábamos terrorismo y golpe de estado a cosas completamente distintas a ejercer el derecho de libertad de opinión, como al parecer significa ahora.

Una tercera vía es la de importar palabras. Del otro lado del charco nos llegan palabras que jamás creíamos que usarían en nuestras carnes. De Argentina nos llegan los términos corralito y escrache.  Cada vez que el Gobierno asegura que es «absolutamente impensable» que suframos un corralito como el que sufrieron los argentinos en 2001 salgo corriendo al banco a retirar todo mi dinero. En la sucursal me devuelven a la realidad y me convencen de que no estoy en peligro, porque tengo mi cuenta más desolada que el aeropuerto de Castellón.

Otra cosa es el escrache, que en Argentina se acuñó en 1995, para señalar con el dedo a torturadores y asesinos. Aquí,  según la Delegación del Gobierno,  los terroristas son los que señalan, no los señalados. Particularidades de la madre patria. Sin embargo, sepan que esa técnica ya había sido ideada por Joan Manuel Serrat en 1992, aunque sin usar ese nombre. 

Si no me creen, escuchen el siguiente vídeo. Millones de pobres acuden al recibidor de la casa de un rico. Es un escrache pacífico en toda regla.




lunes, 25 de marzo de 2013

Amanece que no es poco



N. del A. Me había prometido no escribir sobre política durante algún tiempo, pero se ve que con la política es imposible no faltar a la palabra dada. El otro día comentaba en un blog amigo sobre las películas de cine español y al hablar de ésta se me vino a la cabeza que nuestro país es un lugar tan absurdo como el argumento de esta película rodada en la Sierra del Segura.
Año IV, opus 128


Cuando José Luis Cuerda rodó "Amanece que no es poco" con un guión que recreaba situaciones y personajes absurdos en un pequeño pueblo perdido de la mano de Dios, poco sospechaba que veinte años después España se iba a convertir en un escenario tan absurdo y delirante como el de la genial comedia. Muchas son las escenas de la película que me recuerdan nuestro presente, este presente raro y diferido como las indemnizaciones simuladas, que nos conduce a no sabemos dónde y nos trae añoranza de tiempos pasados que, no lo olvidemos, tampoco nos parecían buenos. Baste mencionar algunos lances de la película que nos recuerdan a la situación actual:

Allí los hombres brotaban silvestres
en los bancales. Es más ecológico
 que buscar novio en internet
Como los habitantes de  aquel pueblo, los españoles nos hemos acostumbrado a ver con absoluta normalidad lo más increíble, hechos  inimaginables en tiempos no muy lejanos,  exhibiendo la resignación de quien se enfrenta a lo inevitable. A pesar de las mareas ciudadanas, de las conversaciones de café y de los hervores en las redes sociales, se acepta resignadamente la idea, propagada intencionadamente sin duda, de que lo peor está por venir y que mejor se está de tuerto que de ciego. De este modo se explica que se hagan huelgas salvajes, no para mejorar, sino para conseguir que la reducción del sueldo sea inferior a lo previsto.

Esta resignación estoica ayuda a algunos a pasar por alto los gags más dementes que nuestros histriónicos gobernantes han representado en los últimos tiempos, como por ejemplo,  facilitar los despidos para crear más empleo, fomentar la actividad de los casinos mientras se penaliza la de los teatros o confundir los golpes de estado con manifestaciones populares, precisamente el rasgo más conocido, junto con las urnas, de una democracia.
El munícipe por antonomasia,
con su turgente querida

En aquella película, brotaban silvestres los hombres guapos en los bancales; en las tierras de nuestra España, abonadas con sudor y descaro, medran especies vivaces de tesoreros y oportunistas que lo invaden todo y que tienen hojas de cualquier color político con la savia negra del color de su dinero. Estos políticos que se guisan en pepitoria la gallina que nunca puso huevos de oro, son personajillos que se han creído a pie juntillas el rol del alcalde que encarnaba José Luis Alonso, es decir, se creen que ellos son necesarios y los ciudadanos somos contingentes, cuando es al contrario.

Además,  se permiten planificar unas políticas cambiantes de un momento a otro, como aquellos surrealistas exiliados argentinos que un día olían bien y al siguiente montaban en bicicleta y que nos llevan a situaciones tan absurdas como defender la sanidad pública privatizando los hospitales, como rescatar al prestamista y no al desahuciado, o plantear una mejora de la calidad de la educación  mediante la original idea de enseñar menos arte a nuestros pequeños a cambio de enseñarles a hacer negocios (emprendedores lo llaman). Tal vez piensen que faltan negociantes y buscavidas en nuestros pagos. O tal vez pretendan dar las calificaciones "en negro" y dentro de un sobre para avezar a los alumnos y alumnas en las herramientas del poder, o tal vez, consigan que el alumnado se sienta reprimido y perjudicado por una reválida impuesta como sucedió a los escolares de la escuela del cinematográfico pueblecito.

Los escolares se rebelaban ante una educación anticuada.
Tome nota, señor ministro, tome nota
Lo más terrible es que el peligro siempre presente de esta España surrealista y prodigiosa es que acabemos igual que el film de Cuerda: con un guardia civil disparando contra el prodigio. Es un final recurrente en la historia de España y conocido por los que aún aprendimos historia en el colegio.
El cabo se "cagaba en el misterio"  de que
amaneciera por donde no lo esperaba la
Autoridad. Amanezcamos mañana por donde
nos dé la gana.
Y no queremos verlo como sucedió hace ahora treinta y dos años.

viernes, 1 de febrero de 2013

¡Cuánto daño!

N. del A: La corrupción de los poderes públicos no es exclusiva de España, existe en  todos los  países y culturas, tampoco es exclusiva de una ideología política, ni de una determinada clase social y todo ello es porque el alma humana se fabrica en serie y nos hace a todos iguales. Esta realidad, sin embargo, no debe servirnos de excusa para tolerar lo intolerable.
Año IV 124
Cuando escucho en los noticieros televisivos hablar sobre la corrupción en España me entran ganas de gritar. No me refiero a salir a la calle con cacerolas para gritar las consignas del 15-M como ésta, mi favorita: «NO HAY PAN PARA TANTO CHORIZO», porque verdades como ésa me hacen salivar y me abren el apetito. No hablo de gritar pidiendo justicia, porque es seguro que sólo por pedirla me cobrarían las tasas. Tampoco me refiero a gritar pidiendo la castración química de los corruptos, para que, al menos, no les puedan heredar, porque ya es tarde, todos tienen familia.

Yo me refiero a gritar de dolor.

A mi no me preocupan los pillos que reciben sobresueldos en sobres o en trajes a medida, ni me quitan el sueño quienes de la noche a la mañana pueden permitirse comprar fincas con encinares o pisos de lujo en Manhattan, porque no les envidio. A mí me preocupa y me duele el origen de ese dinero, porque  la plata  que araña un político corrupto es sólo una parte de la que otro granuja obtendrá de esos favores. Son el resultado de negocios que de forma honrada no se pueden resolver. A mi me duele el daño que se nos ha hecho a usted, a mí, a aquel otro que no me lee o a aquel que me lee creyendo que soy otro. Ese daño que se nos ha hecho es muy grande y justifica gritar.

Cada euro ganado así se ha conseguido a costa de pisotear los derechos de alguien, de unos pocos, de muchos o tal vez de todos. Para obtenerlo, se ha debido expropiar de forma injusta a un ciudadano, o se ha obtenido una licencia de obras donde no se debiera obtener, o se ha perjudicado a quienes licitaban de forma honrada o se ha autorizado una subida de tarifas que todos pagaremos. Cada sobre con dinero sucio implica que antes se haya sancionado una ley, promulgado un decreto, publicado una ordenanza o adjudicado un contrato persiguiendo un interés que no era el interés general.

Un dinero corrupto no se gana repartiendo alimentos entre los niños del Sahel ni salvando a las ballenas de los que las matan en el Atlántico. Al contrario, se obtiene repartiendo fusiles a los niños y mirando hacia el otro lado del mar donde no están  arponeando a las ballenas. 

No posible determinar qué porcentaje del PIB es el que se acumula en unas pocas manos gracias a las decisiones políticas «sabiamente orientadas», pero seguro que es una cantidad dolorosa. El daño es grande porque el dinero que se pierde entre las juntas de las cañerías del poder es el que luego falta para mantener un centro médico en algún pueblo pequeño. Es un dolor agudo el que produce pensar que quien debe velar por nosotros, nos miente primero, nos roba después y termina mintiéndonos de nuevo.

Por eso dan ganas de gritar de dolor.




miércoles, 9 de enero de 2013

Elegir nuestro trabajo

Autor: Forges
N. del A.: Mi trabajo no es el mejor del mundo ni es algo que me ilusione, aunque reconozco que no estoy descontento del todo. Creo que a todos nos gusta encontrar profesionales a quienes les guste su trabajo y si usted es de los que lo dicen, reciba mi más sincera enhorabuena. 
Año IV opus 122
En España hay ya seis millones de parados. Con las previsiones de crecimiento que los organismos oficiales dan para nuestro país y dado que la política económica de nuestros bienamados padres de la patria se dirige a pagar letras y no a crear empleo, podemos decir sin temor a equivocarnos que esa cifra no va a bajar en mucho tiempo. Hará falta un milagro económico al estilo del japonés de la postguerra para mejorarlo y no parece que el Cielo esté contento con nosotros, por lo que no cabe esperarlo.

Todo esto significa que de cada cuatro españoles en edad de trabajar, menos de tres lo hacen. Si tenemos en cuenta la población pasiva, compuesta por cada vez más viejitos y añadimos los desempleados y aquellos que no buscan trabajo ya sea por pereza o por su nutrido patrimonio y  tampoco nos olvidamos de la numerosa población reclusa y de la que practica la delincuencia fuera, ni tampoco de la creciente clase política que trabaja sólo en pos de su negocio ni de aquellos que tienen la fortuna de tener empleo,  pero no dan ni chapa  haciendo gala de ese espíritu holgazán tan bien visto en España (no especifico colectivos laborales ni regionales, esto va por todos) podemos afirmar, también sin temor a equivocarnos, que cada uno de los que trabajamos como es debido lo hacemos para mantener a cuatro españoles. 

Así sí que se rompe España.

Uno de las malas consecuencias de esta situación, aparte de las tragedias de cada casa, es la de la elección del trabajo. Evidentemente, no estamos para elegir, cada cual trabajará en lo que pueda. Y eso es lo que yo, en este blog martillo de herejes, quiero denunciar hoy.

La prosperidad de un país debería medirse, no en términos de renta per cápita ni de producto interior bruto, sino computando el número de personas que trabajan en lo que les gusta. Es tan importante porque redunda directamente en nuestra felicidad y en la de los que dependen de nosotros. A mis hijos les digo a menudo que no me importa si eligen ser aviadores o payasos en un circo, ingenieros de caminos o carpinteros, siempre que sea lo que ellos decidan hacer. Lo importante es cumplir cada día el trabajo que nos llena y nos satisface. De esa manera, probablemente habría menos malos modos en los autobuses por las mañanas y menos malos tratos en los dormitorios por las noches.

Por supuesto que a pocas personas les gusta limpiar escaleras, pero existen. Seguro que hay gente para todo y aunque, por lógica, nunca se pueda acomodar a todo el mundo, el porcentaje de personas que consiguen trabajar en «lo suyo» es uno de los indicadores que deberían tenerse en cuenta en el Debate sobre el estado de la nación, junto con el de orgasmos por habitante y año y el de risas por kilómetro cuadrado. 

Y esta maldita crisis está bajando esos indicadores. Las reformas laborales, los recortes de salario, las privatizaciones, las reformas involucionistas, todo está empozoñando la vida en los trabajos que nos dan la vida. No midan el problema sólo por la aritmética que señala el número de desempleados, la crisis y las medidas que se inventan para  atajarla nos envenenan más cosas aparte de la nómina. 

Por favor, padres de la patria, arréglenlo.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Un NO rotundo al Fin del Mundo.

El fin del mundo está llegando al
Mediterráneo  español desde los años 60:
 una oleada de cemento invade el mar
N. del A.: En otro artículo del primer día de este año (pinche aquí si no ha escarmentado usted aún) ya decía unas cuantas tonterías sobre el fin del mundo previsto por los mayas, pero es que aquellos nobles indios debían fumar la misma hierba que fumaba Nostradamus y los responsables de Youtube, según se puede leer en las noticias recientes, que relacionan todo esto.
Año III Opus 120

Me niego rotundamente a aceptar ese fin del mundo que nos viene impuesto desde el extranjero. A los mayas que lo predijeron ya les llegó su fin del mundo antes de que aparecieran los españoles por allí. Aquellos españoles, por cierto, se esmeraron en proporcionar el apocalipsis gratuitamente a la mayoría de los indígenas americanos de entonces, pero los mayas ya habían tenido el suyo particular. Lo siento.

Un fin del mundo debe emanar de la soberanía popular y no ser una condición impuesta por los mercados de capital internacionales. No queremos un apocalipsis que ni nos va ni nos viene, sino un fin del mundo español, a la manera tradicional nuestra, es decir, una fiesta hoy y mañana un Dios dirá.

No podemos aceptar que, por conveniencia de unos pocos, tengamos que cargar con un Armaggedon globalizado, ya que cada pueblo tiene su propia escatología y no debemos inmiscuirnos en la forma en que cada cual quiera irse al infierno. En este blog creemos en el derecho de autodestrucción de los pueblos.

No podemos consentir que nos obliguen a los españoles a acudir al Juicio Final con la prima de riesgo por las nubes. Deberíamos habernos ido al infierno en la época de José María Aznar, quien presumía de tener una deuda pública con triple A, pero no ahora, en el peor momento.

No debemos extinguirnos sin haber completado el rescate de los bancos españoles, no sea que los culpables del desastre se libren del castigo eterno, alegando que son insolventes. Paguemos hasta el último euro para asegurarnos de que los cuecen a la brasa.

No debemos acudir al Juicio Divino sin haberle proporcionado un juicio humano al camarada Urdangarín, el de las obras pías sin afán de lucro, ni a tantos y tantos pillines que moran en el suelo patrio. No podemos presentarnos ante la justicia Divina en el mismo banquillo que todos ellos.

No es momento de catástrofes, ahora que estamos privatizando la Sanidad, pues no sabemos si los seguros privados cubrirán los tratamientos contra la Peste, ni momento de pasar más Hambre de la que ya se pasa en España, ni podemos tener más Guerra ahora que incluso manifestarse en la calle es ya delito. En cuanto a la Muerte, sí, que venga, que en España siempre nos hemos reído mucho de ella. 

No podemos irnos ahora que somos campeones del mundo de fútbol. No podemos abandonar el planeta ahora que vamos a cobrar la paga de Navidad los pocos españoles que no somos funcionarios, no estamos en paro o no estamos embargados para siempre. No queremos morirnos el día de antes del Sorteo de Lotería de Navidad, no sea que nos toque y podamos pagarnos un buen abogado en el Juicio Final. 

Hay muchas más razones para negarnos. Yo quisiera hacer un llamamiento a la unidad, para que salgamos todos a la calle a impedir con nuestra voz el Fin del Mundo. Que el  Apocalipsis sea sólo para quien se lo merezca.




viernes, 23 de noviembre de 2012

Desahucios de Pasión

N. del A. El incremento desproporcionado de los desahucios por impago de hipotecas ha sido tal que los políticos empiezan a preocuparse un poquito por esta tragedia. Obsérvese que el diminutivo que empleo en el adverbio "poquito" indica a partes iguales ironía y enojo porque no se da el mismo trato al "hipotecador" que al hipotecado.
Año III Opus 116
Unos agentes de policía se presentaron en el puesto fronterizo de La Junquera. Llevaban escrita la palabra "Polizei" en la espalda y les acompañaba un cerrajero. 

Unas pocas docenas de locos, oportunamente repelidos por las fuerzas de orden público, increpaban a los agentes, pero finalmente, al socaire de escudos y porras el cerrajero pudo hacer su labor: abrió las puertas de España para que entrara la policía.

Fueron momentos trágicos. Los españoles se negaban a abandonar su país, pero finalmente, entre llantos y gritos, todos los habitantes tuvieron que retirarse con las pertenencias que podían acarrear a vivir en una balsa, en aguas internacionales.

¿Todos? No, unos pocos miles de granujas, acaparadores y corruptos que habían llevado al país a esta situación se quedaron en su club de golf, contando billetes.

Los españoles no fueron los primeros: Meses antes se había desahuciado a los griegos, pero los españoles no son griegos y no hicieron nada. Luego desahuciaron Portugal, pero los españoles no son  portugueses y tampoco hicieron nada. Finalmente fueron a por lo españoles y  entonces los italianos, que no son españoles, no hicieron nada.

Ese mismo día, en televisión, una señora de rostro implacable y pelo cortado a tazón, explicaba en un pulido alemán la oportunidad y justicia de semejante desahucio: 

«La deuda de un país hay que pagarla. No podemos tolerar morosos aventureros que se gastan su fortuna en aeropuertos para bicicletas. Queremos una Europa seria y justa.  Ésta es la verdadera justicia universal: tanto tienes, tanto vales.»

Detrás de ella, aplausos y comentarios de aprobación en danés, holandés y sueco. Unas pocas docenas de locos, oportunamente repelidos por las fuerzas de orden público, exigían que se acepte la dación en pago del territorio español para saldar la deuda, pero esta solución no se considera, porque el valor de la marca España no alcanza para pagar el importe del pufo. 

En un país vacío y despoblado, un cartel anuncia que SE VENDE y aporta un número de teléfono para que llamen los interesados. Los nuevos dueños dejaron de pagar la cuota de la comunidad de vecinos, pero entre todos los españoles no pudieron reunir el dinero necesario para pleitear, porque la justicia ya no era un  derecho gratuito en el país. 

Mientras, en aguas internacionales, una balsa con cuarenta y dos millones de españoles vende paquetes de pañuelos, tres por un euro, a los barcos que pasan. Compiten duramente con otra balsa que alberga a once millones de griegos. Estaban todos desolados, se deshacían en lágrimas preguntándose cómo habían llegado a esto y si la culpa era del gobierno central, o del regional, o del provincial, o del comarcal o o del municipal.

Hasta que una niña de nueve años hizo una pregunta. Todos los que estaban en la balsa la miraron asombrados por la sencillez de la pregunta y después se miraron unos a otros preguntándose cómo no se les había ocurrido antes. Tras un breve debate, los cuarenta y dos millones de españoles que había en la balsa estuvieron de acuerdo en lo que había que hacer a continuación.

Remaron entre todos y acercaron la balsa a la orilla. Al día siguiente, todos los españoles habían recobrado su casa y su vida.

¿Todos? No, todos no. La balsa zarpó de nuevo mar adentro, pero esta vez viajaban en ella unos pocos miles de granujas, acaparadores, corruptos y una señora rubia con el pelo cortado a tazón.




jueves, 11 de octubre de 2012

Tareas Escolares para Malala

N. del A. En estos días se ha escuchado la noticia de esta valiente niña de 14 años tiroteada por pretender ir a la escuela. A menudo se me pasa por la cabeza balacear a mis nenes cuando me protestan por tener que ir a sus clases. Sin duda, la joven Malala sabe apreciar algunas cosas que mis hijos y también los suyos, bello lector, bella lectora, ni siquiera imaginan. Por cierto hoy es el DÍA INTERNACIONAL DE LA NIÑA. Buen día han elegido. 
Año III opus 112

La niña activista tiroteada será trasladada a un hospital cercano a Islamabad

(EFE) – 11-10-2012 hace 6 horas  
Islamabad, 11 oct (EFE).-
Malala Yusufzai, la joven paquistaní de 14 años tiroteada por los talibanes a raíz de su defensa de la educación femenina, será trasladada en las próximas horas a un hospital cercano a Islamabad, informó hoy una fuente oficial.


Malala, que se convirtió en una celebridad por su oposición al terror talibán al defender la educación femenina en su región natal de Swat, en el norte del país, fue tiroteada por los insurgentes el pasado martes cuando se dirigía en un transporte escolar hacia su casa.
Estimada Señorita Yusufzai:

Me permito remitirle las tareas escolares que deberá usted cumplimentar mientras se repone de sus dolencias, para evitar que pierda el presente curso. Por favor, le ruego que ponga mucho interés en adquirir los conocimientos que a continuación le describo. Deberá usted...

Aprender que sus pocos años no la han salvado porque la infancia no es ningún seguro de vida, que todos los días mueren niños y niñas a manos de guerrilleros, salvadores de patrias, bandidos, fuerzas de paz, piadosos o simplemente de algo tan cruel como el hambre.

Aprender que las balas que han atravesado su cuerpo son más pequeñas que las palabras que usted ha sembrado y que existen los chalecos antibalas, pero aún no se ha hecho el turbante, ni el burka, ni el sombrero, ni el casco que pueda impedir el paso a la palabra.

Aprender que algún día, los niños y niñas de Pakistán tendrán mucho que agradecer a los que hoy intenten hablar de libertades y muy poco que agradecer a los que sólo saben hablar de leyes sagradas.

Aprender que en las doloridas manos de las mujeres de su pueblo que, gracias a la escuela,  consigan pensar por si mismas, está el martillo que algún día romperá la cadena que engendra un loco para cada fusil y un fusil para cada loco.

Y procure que...

Que su familia no la descuide.
Que su patria no la abandone.
Que su religión no la condene.
Que su planeta no la olvide.
Que su esperanza no le falte.


sábado, 29 de septiembre de 2012

Esto con Franco no pasaba

N. del A. Aborrezco a los violentos, tanto si se ocultan la cara con una sudadera con capucha o si lo hacen con su casco reglamentario. El 25 de septiembre en la manifestación en el Congreso de los Diputados y a su alrededor, había gente que quería hablar y gente que no quería escuchar. Al final hablaron las porras y escucharon las costillas.
Año III opus 110
Esto con Franco no pasaba. 

Si conocemos cuál es la guarida donde se refugian unos pocos centenares de delincuentes, que han robado, extorsionado y defradudado a varios millones de ciudadanos, si la gente de bien se reúne para rodear esa guarida y denunciarlo, ¿es eso un delito o un acto cívico?

(Con Franco esto no pasaba,  porque no se reconocía el derecho de los ciudadanos  a
manifestarse públicamente. Entonces sí era delito, hoy, en España, no lo es)

Si con los impuestos pagamos a unos funcionarios (cada vez menos, hay que decirlo) para que protejan a la ciudadanía y en vez de perseguir a los granujas que estaban dentro del Congreso, cargan contra los que les denunciaban fuera, ¿es esto obediencia o traición?

(Con Franco esto no pasaba,  porque las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no estaban sometidas al imperio de la ley como  sucede en España, un Estado de Derecho)

Si cada vez que la policía se desahoga en las costillas de jóvenes o mayores, de mujeres o de hombres, de culpables o inocentes sus responsables van a declarar que están orgullosos en vez de incoar expedientes disciplinarios, ¿son responsables o culpables?

(Con Franco esto no pasaba,  porque no existía ningún control sobre los actos arbitrarios de la Administración, ni tenían que responder ante los representantes de la nación)
  
Si los políticos sólamente se acercan al pueblo en vísperas de elecciones para conseguir su voto y se sienten amenazados cuando el pueblo se acerca a ellos, para que den cuentas de lo que han hecho con esos votos, ¿es eso un golpe de estado o democracia?

(Con Franco esto no pasaba,  porque era una dictadura y las dictaduras son así y consideran cualquier disensión y cualquier opinión contraria como una amenaza)  

Hoy no estamos igual que en la época franquista, porque ahora vivimos en una democracia avanzada, en un Estado Social y Democrático de Derecho, como dice el artículo 1.1. de nuestra Constitución. Vivimos en un país con derechos indiscutibles y libertades indiscutidas. 

O tal vez opinen ustedes como yo que si cambiamos los uniformes azules por otros de color gris, nos demos cuenta de que esto que vemos en este video, también pasaba con Franco. Que tal vez no hayamos avanzado mucho y que la democracia que vivimos está llena de palabras huecas. Y que queremos una España con más razón y menos porras.

jueves, 24 de mayo de 2012

De Res Publica



N. del A. Me había prometido a mí mismo aparcar durante algunas semanas los temas relacionados con la crisis, porque ya me hacía candidato a que me llamaran pelmazo mis lectores y lectoras. Y como todos los candidatos, he faltado a mi promesa en la primera ocasión. 
Año III Opus 102
Con el término de Res Pública se referían los romanos a aquello que era "cosa de todos". Los romanos tenían un alto concepto del estado y de todo lo público, lo cual no impedía en absoluto a sus magistrados ser encarnizadamente corruptos cuando su moral se lo permitía, que era a menudo.

En la España de nuestros días vuelve a estar de moda el debate entre la gestión pública o privada de los servicios esenciales para la comunidad. Que los poderes públicos deben garantizar la correcta prestación de los servicios públicos conforme ese criterio tan aceptado como prostituido del bien común, es algo que pocos discuten (por mucho que esos pocos tengan demasiada relevancia mediática), pero se ha abierto el debate sobre si esos servicios deben ser prestados por la Administración en persona o debe hacerse por el sector privado, algo que nos aleja del verdadero sentido de la polémica.

Esta mañana leía en el periódico la expresión que me daba la clave del asunto. Se refería, en el contexto de los recortes presupuestarios, a la «reducción de gastos públicos no productivos», término que sería perfecto si en esos gastos no productivos no incluyeran la enseñanza y sanidad públicas, entre otros servicios vitales. He aquí el verdadero punto de apoyo de esta palanca que mueve el planeta y con el cual se quiere justificar ante la nación el timo social.

La educación sí es un gasto productivo, por supuesto que lo es. Mientras no tengamos claro este concepto seremos siempre un país de señoritos y gañanes. Los rendimientos de la educación no se pueden guardar en cuentas corrientes, sino en una cesta de frutos que se recoge después de muchos años, tal vez un par de generaciones y por lo tanto, no van a beneficiar electoralmente a nadie que se dedique hoy a la política. No hay que sobrevalorar el efecto mágico de una educación sensata, que por sí misma no hace feliz a una sociedad, pero sí hay que temer y mucho los efectos nocivos y mucho más tempraneros de una educación deficiente o tendenciosa.

Una educación pública de calidad supone un gasto oneroso, por supuesto, pero garantiza valores que no tienen precio en una sociedad como el de la universalidad, porque puede permitirse el lujo de ser imparcial y gratuita, para que puede llegar a todas las personas y a todos los lugares con independencia de que exista rentabilidad económica. No pedimos, pues, que cesen los recortes presupuestarios en educación, sino que pedimos que se invierta más dinero aún, y que sea de forma decidida y convencida. La educación pública y la privada, si ambas son de calidad, son garantía de futuro. Y sin la educación de calidad no puede haber libertad ni justicia:
Los ciudadanos educados con justicia podrán ser justos.
Los ciudadanos educados con libertad podrán ser libres.
Los ciudadanos de una nación no son socios de una sociedad anónima, necesitan servicios, no dividendos, y para ello pagan con sus impuestos y su esfuerzo. No se puede apartar dinero de colegios y hospitales para desviarlo a los bancos, que a su vez se lo desvían a los exdirigentes que los han arrastrado impunemente a la ruina. Ese dinero inyectado en la banca no es productivo, porque sus beneficios no lo vamos a disfrutar todos,  el dinero que se  inyecte en la educación sí. 

Recientemente ha surgido una nueva iniciativa en defensa de lo público, que pueden consultar en esta página web: https://www.yoestudieenlapublica.org. Uno de los primeros frutos de esta iniciativa, espero que haya muchos más como éste, es un estupendo vídeo sobre la educación pública, donde algunas personalidades nos dan su punto de vista y que yo, contento, colaboro en publicitar. Merece la pena los minutos que usemos en verlo y sentirlo.

lunes, 16 de abril de 2012

Memoria de Elefante

N. del A. Ya sé que he tardado dos días en comentar lo que ya ha criticado sobradamene todo el mundo. Ya sé que no añado nada nuevo... Ya sé, pero es que no podía evitarlo,.. ¡ no he podido evitarlo!
Año III, opus 98

El Rey es operado tras romperse la cadera en un viaje de caza en Botsuana

Don Juan Carlos se hallaba participando en un safari de elefantes cuando sufrió una caída

El Príncipe representará a su padre durante los 45 días que el jefe del Estado estará de baja


Los elefantes del Zoo se han hecho republicanos.
Con toda la razón del mundo.
Querido Rey:
Soy el delegado de personal de la manada de elefantes y elefantas del Parque Zoológico de Madrid. No se acordará de este humilde elefante que le escribe, porque no todas las criaturas de la tierra pueden disfrutar de una memoria tan célebre como la nuestra, pero alguna vez me ha dado cacahuetes, frente a los fotógrafos. En concreto, es muy conocida la pobreza memorística de algunas especies de la fauna ibérica, como el Ciudadanus Hispanus y sobre todo, el Borbonis Rex.

Le escribo únicamente para recordarle algunas cosas que no debe olvidar:
  • Que participar en una cacería en la que un guía nativo le conduce en land rover hasta un animal al que señala para dispararle por el puro placer de abatir a una criatura más fuerte que uno, no se llama cazar: se conoce como fusilamiento. El hecho de que, además, haya pagado unos miles de dólares y no se coma después al elefante no mejora moralmente su acción. 
  • Que durante una crisis tan grave como la que padecen sus reinos, gastar el dinero del contribuyente en fusilar paquidermos y paquidermas a miles de kilómetros de su casa es, perdonen la suavidad del adjetivo, inexplicable. 
  • Que en vez de abatir grandes mamíferos y mamíferas que en nada han perjudicado a la Jefatura del Estado, debería disparar contra aquellos que han destruido el prestigio de la monarquía en trapicheos y chalaneos, aunque sean de su familia.
  • Que su familia debería aborrecer las armas de fuego, por los accidentes ocurridos en el pasado y no dejar a los niños sólos con las escopetas. Hay gente que no aprende nunca.

Los compañeros y compañeras elefantes de este zoo le desean una pronta recuperación y que deje de intentar convertirse en Allan Quatermain, y se convierta, si quiere, en Elvis, con su cadera nueva, que no hace daño a nadie.

Simba Manuel Pérez, elefante Senior de 2ª. 
Sindicato de Paquidermos.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Quemarse a lo bonzo

N. del A. Mañana tenemos huelga general. Ustedes harán lo que consideren oportuno, yo, con más pundonor que esperanza, voy a intentar poner mi granito de arena en la defensa de unos derechos sociales destinados a la escombrera por los oscuros magnates que manejan los cuartos. 
Año III Opus 95

el país

La ola de inmolaciones tibetanas a lo bonzo se extiende a India

Un tibetano exiliado se prende fuego en Nueva Delhi en vísperas de la visita del presidente chino



Es una inveterada costumbre en los tibetanos la de quemarse vivos en son de protesta. Algo que viene de siempre y que no es exclusivo de los tibetanos: con la guerra de Vietnam muchas personas tuvieron muchas oportunidades de ejercitar esta costumbre y el año pasado, con la Primavera Árabe hubo otros casos en Egipto y en Libia. No sé qué pensarán ustedes, yo digo que allá cada cual, que normalmente todos se queman por una buena causa y nadie lo hace para defraudar a Hacienda. No obstante, soy partidario de otras formas de protestar por las injusticias en las que se puede salir vivo para protestar por más. En un mundo donde es cada vez más necesario el reutilizar y el reciclar, un bonzo es ineficiente porque sólo vale para una vez y hay muchas cosas por las que luchar. 

En España se ha convocado una huelga general el día 29, o sea, mañana. Equivale a protestar a lo bonzo, pero con posibilidad de reutilización. Hago la comparación con los bonzos porque es generalizada la opinión de que los que haremos huelga mañana perderemos la guerra y el dinero. En general, cunde la desesperación y muchas personas me han confesado que «...yo la voy a hacer, aunque sé que no va a servir de nada...». Tendremos la oportunidad de protestar, gritar, corear consignas manidas y perderemos con seguridad el dinero que nos descuenten.

Lo que les decía, es la versión reutilizable de bonzo, un quemarse para nada.

Sí, para nada porque el pobre hombre que se inmoló en la India ni siquiera habrá conseguido interrumpir el desayuno del presidente chino, cuya presencia debe ser muy molesta para que uno prefiera quemarse vivo antes que verle por su ciudad. Ni siquiera en la prensa occidental estos sacrificios han acaparado titulares, al contrario, aquí llega mejor a las primeras páginas de los rotativos una hemorroide de Messi o de Cristiano Ronaldo que un joven que se suicida para decirle al mundo que su pueblo lleva ya demasiado tiempo ahogado por el dominio chino.¿A quién le importa?

Esto mismo es lo que tanta gente piensa que nos va a suceder con la huelga, que unos cuantos inocentes nos vamos a quemar en la protesta (es una metáfora, yo ni en la playa me pongo al sol para no quemarme) y ni siquiera despertaremos al Dragón. Unos medios de comunicación la considerarán  un gran éxito, otros un rotundo fracaso. En los libros de historia especializados de dentro de medio siglo ocupará medio renglón, en una nota al pie.

Sin embargo yo escribo esta entrada para decir que no es así. Que no me estoy quemando yo mismo, que los pirómanos son otros y están reduciendo a cenizas la lucha de un siglo por la igualdad social. Que en esas cuatro palabras de los libros de historia se dirá que la involución contó con la oposición de, al menos, este bloguero. Que quiero decir a mis hijos que en el futuro sufrirán una vida laboral propia de sistema esclavista, pero que hubo gente que no creyó en la mentira.

Muchos pensarán que hacemos huelga a lo bonzo, pero yo no me voy a quemar con gasolina, en primer lugar porque está carísima y en segundo lugar, porque quiero estar bien vivo para seguir dando mi voz contra la injusticia.

viernes, 24 de febrero de 2012

Durmiendo con su enemigo

N. del A. El título de la entrada de hoy hace referencia al hecho de que a los funcionarios de policía que nos apalean en las manifestaciones los pagamos nosotros. Ellos son parte de nosotros también, pero no los controlamos. Como el marido maltratador de Julia Roberts en la película "Durmiendo con su enemigo". Y también a las declaraciones del jefe de la policía valenciana llamando enemigos a los manifestantes.

Año III, opus 92

26 detenidos en el cuarto día de protesta contra los recortes en educación

La concentración convocada en el instituto Lluís Vives se extiende a toda la ciudad

Dos centenares de alumnos se reúnen en asamblea en la Facultad de Geografía e Historia

 /  /  /  Valencia 21 FEB 2012 - 17:17 CET
























En estos días hemos contemplado las imágenes en las que se veía a la policía española (sí,la nuestra) repartiendo porrazos a diestro y siniestro. En Valencia se protestaba por los recortes presupuestarios en Educación, pero parece ser que a la hora de repartir golpes la Administración no repara en gastos. Da la sensación de que los agentes se han desahogado a gusto con una barra libre donde han golpeado a menores y a mayores. Los responsables políticos también se han desahogado llamando "enemigos" a los manifestantes y justificando la represión más o menos con un "porque sí". 

La policía alega que hubo agresiones, insultos y vejaciones a los agentes. Eso es delito en España, estamos de acuerdo, pero hemos visto en los videos a agentes golpear a manifestantes que no ofrecían resistencia ni estaban en ese momento cometiendo delito alguno. Si antes habían cometido un delito, aunque sea un delito de genocidio, se les podía haber detenido sin majarlos a palos. 

La policía debe actuar contra los que están deliquiendo, no contra los que están protestando. Protestar no es delito en España. Quemar un contenedor es delito y está muy feo, pero gritar en la calle para pedir una Enseñanza digna no lo es. Comprendo que sea difícil el trabajo de las fuerzas antidisturbios, pero eso no me parece excusa para que nos zurren de forma indiscriminada. Como hay muchos vídeos en la red para poder ver, sólo voy a incluir uno que es precisamente de los menos violentos, pero sí significativo:



El agente le sopla un guantazo a un chaval que no estaba haciendo nada de nada. Eso en España también es delito. No me imagino ninguna razón para no expedientar de oficio a ese funcionario . 

Lo peor es que a estas personas les pagamos nosotros. Y a los que han dado la orden de disolver las manifestaciones con sangre también. 

La Historia es un péndulo, parece que la vida viaja en un sentido y de pronto vira y se desarrolla en el sentido contrario. El veinte de noviembre pasado, día de las últimas elecciones generales, hacía 36 años que murió Franco que, por cierto, también gobernó durante 36 años. No sé qué opinan ustedes, pero parece que el péndulo ya ha dado la vuelta en la dirección opuesta a la tolerancia y la libertad. 

Yo, un demócrata trasnochado, un retroprogre y un hombre de bien, estas cosas no las quiero ver ni en mi país ni en ningún otro. 


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