domingo, 19 de diciembre de 2010

Las TIC en las Arqueología

N.del A. TIC significa «Tecnologías de Información y la Comunicación», un término muy moderno para definir aquella rama de la ciencia que estudia nuestra vida cotidiana: porque sí, lectoras y lectores, es así, estas tecnologías invaden hasta la última faceta de nuestra vida. Incluso llegan a las cuevas del Mar Muerto o a los hipogeos del Valle de los Reyes, lugares comunes de paso para cualquiera de nosotros.


Tenemos varios arquetipos en nuestro cerebro para imaginarnos un arqueólogo.

Uno de ellos es Indiana Jones, que como todo el mundo sabe, no era arqueólogo, sino un vil saqueador de yacimientos con patente de corso. Es semejante a ese otro arquetipo del viejito con salacoff y bermudas, más entrañable si se quiere, pero igualmente delincuente ladrón de tumbas.

Otro arquetipo puede ser el del viejo sabio, abstraído en su ciencia, con sus pequeñas gafas haciendo equilibrios en la punta de la nariz. Es capaz de recitar a Ovidio o a Heródoto de memoria y vive rodeado de libros  y papiros, como ese otro sabio de  Saint Exupèry, habitante solitario de un asteroide.

En este siglo XXI vamos a encontrar otro arquetipo de arquéologo: el friqui. Un tipo con ademanes de autista, que trabaja frente a un ordenador, aislado con la música en sus auriculares, donde:

  1. Se documenta con imágenes de objetos desenterrados en cualquier parte del mundo y con originales digitalizados y los traslada al idioma que necesite con su  PC
  2. Consulta la bibliografía que necesite en su e book
  3. Levanta planos y modelos en 3D en su tablet
  4. Analiza miles de registros en bases de datos compartidas y wikis en su net book
  5. Comparte sus avances en tiempo real chateando con colegas de todo el planeta con su i pad...
Y además tiene un blog en internet. 

Este arquéologo neosecular será protagonista de noticias como ésta:

Los Rollos del Mar Muerto, en Internet


CLARÍN.COM
19/10/10 - 13:08

La Autoridad de Antigüedades de Israel anunció hoy que emprendió un megaproyecto de digitalización de los manuscritos junto a Google para llevarlos a la Red. Así, abandonarán la oscuridad del refugio nuclear en el que se encuentran para ver la luz virtual. El edificio del Museo de Israel en Jerusalén los mantiene fuertemente custodiados y en condiciones ambientales similares a las de las cuevas de Qumrán, donde la humedad, la temperatura y la poca luz conservaron los manuscritos durante dos milenios hasta que fueron encontrados.
Los publicará Google junto a la Autoridad de Antigüedades de Israel. Son 900 rollos de hace 2.000 años que incluyen fragmentos de del Antiguo Testamento. Tardarán 5 años en digitalizarlos.

En 1947, cuando fueron descubiertos, se transformaron en uno de los hitos de la arqueología. Los Rollos del Mar Muerto se transformaron en uno de los hallazgos más importantes del siglo pasado. Desde entonces sólo unos pocos privilegiados tuvieron acceso a estos manuscritos que incluyen fragmentos de casi todos los libros del Antiguo Testamento. Hoy, gracias a la tecnología desarrollada por la NASA y a Google, los papiros estarán en Internet y al alcance de todos.
Con la digitalización, los usuarios podrán tener acceso y leer los textos escritos en hebreo antiguo, corroídos por el paso del tiempo, como así también a traducciones en varios idiomas.

Dos beduinos perdieron una cabra una noche, allá por los años cuarenta. Consiguieron encontrarla en una cueva, donde además de la cabra encontraron unas tinajas con unos pergaminos antiguos con copias del Antiguo Testamento. Comunidades eremitas de judíos esenios habían tenido la santa paciencia de escribirlos con buena letra, hasta que, allá por el 70 D.C.,  les llegó la ruina por pelearse con los romanos, que eran más brutos.

Pronto vieron los beduinos que la utilidad de ese hallazgo: esa noche sirvieron los primeros rollos descubiertos como leña para asarse unos pinchos morunos a la macabea. Eso sí, al día siguiente comprendieron que eran algo más que combustible: cincuenta años después, esos pergaminos valen una fortuna en el mercado de coleccionistas y los nietos de aquellos beduinos practican la Intifada contra los descendientes de aquellos esenios. Mientras, en nuestro mundo tranquilo, mientras, nos asamos los pinchos morunos en un microondas, podremos leer a Isaías en nuestro IPhone gracias a que Google los digitaliza:  si aquellos pobres escribanos esenios hubieran dispuesto de esta posibilidad, cuánto trabajo no se hubieran ahorrado.
* * * * *

La otra noticia nos lleva al Valle de los Reyes, en Egipto, donde está el hipogeo donde reposaba Tutankhamon. Según he leído, la grafía correcta para el castellano sería Tut- Anj- Amon, debido a que la kh tenía un sonido parecido a la j, pero es que suena como Tu-Tan-Jamón, una lindeza que reservo sólo a las más distinguidas damas. La noticia es:

Tutankamón renace en Internet

La Red acoge miles de documentos de Howard Carter sobre el hallazgo de la tumba
 -04/12/2010
El PAÍS.ES
JACINTO ANTÓN 
"Poseeré mi cuerpo para siempre, pues no me corromperé, no me descompondré, no me pudriré, no me agusanaré". El Conjuro 154 del Libro de los Muertos expresa la obsesión de los antiguos egipcios por pervivir en el Otro Mundo y escapar a la destrucción y el olvido. ¿Imaginaba Tutankamón que volvería a la vida con todo su equipaje en un universo tan extraño como el de Internet? Probablemente no. El siglo XXI ha salido al encuentro del XIV antes de Cristo en una iniciativa digna del más emocionante thriller arqueológico, y el joven faraón dorado y el equipamiento completo de su tumba, minuciosamente descrito y comentado por su descubridor, están al alcance inmediato de toda la humanidad mediante un simple clic
 Se tardó 10 años en vaciar el sepulcro, y 15 en digitalizar sus documentos. El Griffith Institute de Oxford, que conserva las notas, fotografías y diarios de excavación de Howard Carter, ha culminado la creación de una extraordinaria base de datos (http://www.griffith.ox.ac.uk/gri/4tut.html) con las fotografías y las fichas del arqueólogo de los 5.398 objetos de la tumba de Tutankamón. De la célebre máscara de oro al más humilde y minúsculo colgante, trocito de vidrio o de lino. El amante de la egiptología o simplemente de la historia accede a ese tesoro de información con dedos temblorosos: es teclear y las "cosas maravillosas" aparecen ante tus ojos en las fotos originales de Harry Burton, el fotógrafo de Carter, acompañadas de las fichas con su descripción y situación en la tumba ¡escritas de puño y letra del propio descubridor! (con su transcripción).
La web se denomina Tutankhamun: anatomy of an excavation y la persona que la ha concebido y diseñado es el prestigioso egiptólogo checo Jaromir Malek (Pribyslav, 1943), conservador de los archivos del Griffith.






La maldición de Tutankamon ¿nos puede alcanzar por internet? Ahora ya tendremos una página web para leer sus documentos, entre los cuales estarán sus conjuros, así que algún mal de ojo se puede distribuir por la red. ¿Ustedes no creen en las maldiciones? Ah, yo tampoco, pero son ideales para vender, buena parte de la fama de este faraón le viene de las circunstacias extrañas en que murieron los miembros del equipo de Carter. El pobre de Tut  en vida hizo bien poco, era cojito, probablemente debido a la endogamia y feo como su padre, que también era su tío por parte de madre. Por lo menos ahora, el bueno de Tutankamon tiene un blog en internet.

Idea para guionistas: unos adolescentes leen la web de Tutankamon y les alcanza una maldición de las de no te menees, y se enamoran y tal, ....en fin.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Estoy haciéndome mayor


N. del A. No se preocupen por mí, que no estoy sufriendo una depresión ni se trata de la crisis de los cuarenta que se manifiesta ahora. Se trata simplemente de comentarles a todos ustedes, aunque ya sé que no les importa ni les interesa, qué indicios me señalan de forma indiscutible que el tiempo está pasando irrevocablemente por mi cuerpo pecador y se está quedando dentro.

La edad es algo que no me afecta únicamente a mí,  y si no lo creen miren detenidamente esta foto de Robert Redford, un sujeto que en su juventud rivalizaba en belleza conmigo:

No les hablo de la vejez, porque envejecer es un tributo que pagamos por el mero hecho de existir y también un lujo que compartimos todos los seres vivos pluricelulares. Yo me refiero a, ya saben ustedes, todo eso que nos hace mayores, todo esos síntomas a veces imperceptibles que denotan que estamos cambiando de etapa en la vida, como nos sucedió en la adolescencia.  Estos indicios inequívocos de hacerse mayor (que no viejuno) no aparecen de golpe, simplemente uno se da cuenta de ellos cuando reflexiona detenidamente sobre si mismo, una mala costumbre  ésta documentada exclusivamente en los homínidos, pues no se conoce de chimpancés que se hagan preguntas de este tipo.

Les enumero algunas cosas que me señalana que me hago mayor:

El espejo

Este asesino de autoestimas es una versión cristalina y con churretes de dentífrico del retrato de Dorian Grey, en el que cada día encuentro bolsas, arrugas y canas, aunque de éstas pocas, por falta de pelo. No me preocupan demasiado estos síntomas de putrefacción, sólamente se lo indico porque cada mañana mientras me afeito, el espejito me dice que no soy el más bello del reino.
 



El reconocimiento médico

Cada año el reconocimiento médico del trabajo se cierne sobre nuestros frágiles cuerpos. En los últimos años, como novedad, se incluye el cuestionario en el que me preguntan si la micción me es placentera. Una pregunta inocente que a los treinta nadie se la hace y ahora, en cambio, me lo preguntan muy serios, por aquello de la próstata. Yo, por evitar un examen más exhaustivo, afirmo rotundamente que para mi ir al baño es siempre una fiesta.




Los lechones de la oficina

Es costumbre tutearse entre los compañeros  o al menos durante años ha sido así. No obstante, las últimas incorporaciones a la empresa, becarios de piel lechosa vestidos de  corbata suministrada por los Reyes Magos, se dirigen a mí de usted. Y no se debe a mi rango, que yo sobrevivo solemnemente como mindundi de segunda, así que sospecho que el tratamiento se debe a mi frente venerable.




 Cualquiera tiempo pasado fue mejor

¿Cómo comparar los dibujos de Bob Esponja de ahora con el Oso Yogui o Los Osos Montañeses que veíamos entonces? ¿Os acordáis de cuando jugábamos al fútbol en la calle? Y sin equipaciones y casi sin balón. ¡Ya no hay tebeos!... Todas estas frases son comunes al reunirnos los camaradas ante un café o una tarta de cumpleaños. La añoranza. Si anhelar es imprescindible en la juventud, añorar es inevitable en la madurez. Y si hay algún jovenzuelo en la reunión, le ponemos la mano en el hombro y le hablamos con piedad de "aquellos tiempos".



Los futbolistas


Qué culpa tienen ellos, dirán ustedes. Me refiero en general a los personajes de la vida pública, pero los futbolistas son un buen ejemplo porque encarnan perfectamente la idea del relevo generacional. Aquellos jugadores de mis cromos de niño representaban para mí lo que yo quería ser de mayor. Ahora puedo citar más nombres de jugadores jubilados que en activo y casi tengo edad de ser el padre de las grandes estrellas del momento. Los futbolistas de ahora representan para mí lo que ya no voy a ser nunca.
 




 ¿Los hijos?

Pues no, yo creo que nuestros hijos no, en contra de lo que piensen muchos. En muchas cosas los chinorris nos transforman: otro día hablaré de la música. Pero yo creo que no nos hacen viejos, si no queremos. A través de su juventud podemos vivir nosotros experiencias y a menudo proyectamos nuestras propias vidas en ellos, de manera que, por decirlo de alguna forma, "nos bebemos su juventud". Somos como vampiros energéticos, necesitamos de su juventud porque a ellos les sobra y nosotros ya vamos estando muy necesitados.

Les dejo con Pablo Milanés y su terrible "Años"


  

martes, 7 de diciembre de 2010

La invasión de la Navidad

 
N. del A. Para los españoles que no sigan muy de cerca la vida política o aquellas otras personas que me lean en el Próximo Oriente o la península de El Labrador, les aclaro que el día 6 de diciembre es fiesta nacional en España, la fiesta de la Constitución que, por supuesto, no es de esa fecha sino del 27 de diciembre.
Nuestra bienamada Constitución tiene, entre otras muchas influencias beneficiosas en la sociedad española, la de procurarnos cada año al iniciarse Diciembre un buen fin de semana extendido como éste que ahora termina. El que pueda, unas minivaciones, si lo une a la fiesta de La Inmaculada. Los españoles celebran estas cívicas fechas haciendo cola y organizando motines espontáneamente en estaciones y aeropuertos; la novedad de este año es que se ha añadido al calendario de festejos las conjuraciones masivas para exterminar al colectivo de controladores aéreos, huelguistas de turno, cuando en años anteriores tocaba maldecir al sindicato de pilotos o al de maquinistas del ferrocarril. Genial y democrática idea la de que cada colectivo se turne anualmente para sabotear las minivacaciones, aunque, todo hay que decirlo, será difícil superar el trabajo fino que los controladores han hecho este año.

El gran fallo que no les perdono a los Padres de la Patria es que terminaran la Carta Magna en el frío y duro diciembre, porque de haberlo hecho a finales de mayo, o en junio, nuestra fe constitucionalista se vería muy reforzada por el buen tiempo y la brisa  y los chiringuitos de la playa. Pero no hay mal que por bien no venga. Los que nos hemos perdido la algazara y alharacas de los aeropuertos hemos aprovechado para una tradición mucho más antigua que la Constitución: los adornos navideños y el Belén.

Sí, he dicho "hemos aprovechado". En primera persona. Es muy cierto que cuando me separé y puse casa propia, decidí abandonar por rebeldía revolucionaria las obligaciones que la tradición impone en estas entrañables fechas. Ese delito, sin embargo, ya ha prescrito por el paso de estos últimos años, así que es hora de rehabilitarse y solicitar el perdón de la sociedad.

Voy a celebrar en mi casa una de las numerosas e imprescindibles comilonas navideñas y además, después de algunos años, he puesto el Belén. Sí, con Reyes Magos, pastores, cerditos y todo eso. Rendición sin condiciones, pero paulatina, que con el árbol de Navidad no he podido, ya era demasiado.

Tengo que decir en mi descargo que el Belén que he puesto es robado, que supongo que algo dulcifica mi cesión de soberanía. Eso sí, este diorama tradicional (según la terminología atea) cumple fielmente con todas las tradiciones, a saber:
  • Las piezas son cada una de procedencia distinta, llegadas al Belén por agregación en diferentes momentos lo que explica que sean todas de escalas y tamaños muy variables.
  • No faltan los personajes clásicos, como los imprescindibles de la Sagrada Familia, incluidos la mula y el buey, que Dios me perdone, ni faltan tampoco los Reyes Magos, pastores, castañeras, lavanderas y el impagable caganer (en Murcia El cagón)
  • Una hábitat de increíble biodiversidad, propia de cualquier Belén: Gallinas de mayor tamaño que los cerdos, borricos del tamaño de patitos, ovejitas de todo pelaje, etc. También hay chumberas compartiendo el ecosistema con variedades de coníferas, junto a un río de papel de aluminio.
  • La arquitectura es también la típica de la Belenística, molinos, herrerías, palacios y otras estructuras absolutamente inverosímiles en la Judea del siglo I después de Cristo. El Portal de Belén es tan humilde que el pobre de San José no cabe. No pudo convencer a la mula de que le cediera su sitio, se conoce.




Para contrarrestar esta capitulación ante la tradición he incluido las siguientes innovaciones:
  • En el palacio de Herodes, de menor tamaño que el molino por cierto, he colocado un mono que he encontrado en la caja del Belén (ya he dicho que no era mía). Representa mi alegato particular contra las monarquías absolutistas.
  • He incorporado también un oso polar a la escena que igualmente encontré en la misma caja. Está acechando taimadamente al Cagón, pero no teman por la vida de éste: el oso es mucho más pequeño.
  • También había un dinosaurio, pero pensé que ya era demasiada innovación.
  • A la castañera le falta, precisamente, la sartén y el fogón, pero aún así mantiene un digno ademán con la rasera en alto. A falta de su herramienta principal, la he situado a la salida del puente, para azuzar con su gesto los camellos de los Reyes.
No me avergüenzo, incluso he dispuesto algunas bombillas para que se vea mejor la obra. Ahora, no se lo digan a nadie, me vuelve a gustar hacer el Belén (guionistas de Hollywood, tranquilidad que no se me ha aparecido Santa Klaus ni nada parecido) e incluso estoy planeando comprar figuras nuevas de tamaños homogéneos para años venideros. Pero eso será el año que viene, durante el puente de la Inmaculada Constitución, que será amenizado por la huelga de azafatas o de pilotos, que ya no sé a quién le toca.








sábado, 4 de diciembre de 2010

Arsénico por compasión

 
N. del A. De las noticias que nos ha traído la diosa Prensa esta semana, muchas me han llamado la atención, pero que tengan gracia, ninguna. Sin desalentarme por ello, me he permitido comentar con ustedes dos de ellas. Aunque aparentemente no tienen nada ver, yo las he relacionado entre sí gracias a una habilidad que sólo los dementes profesionales poseemos.

Desde ayer es noticia el descubrimiento de una bacteria insignificante que no sirve para nada y que vive sóla en un desierto de California, sin vida social alguna, como si hubiera sido expulsada de casa por la Madre Naturaleza. La noticia, era, sin embargo, la dieta que sigue la bacteria allí en su retiro:

Afirma el español Jesús Martínez Frías

La 'bacteria del arsénico' abre el abanico de la vida alienígena

MADRID, 3 Dic. (EUROPA PRESS) - 
   Jesús Martínez Frías, experto en astrobiología del CSIC, ha calificado como "extraordinario" el descubrimiento de una nueva bacteria capaz de alimentarse e incorporar el arsénico en su metabolismo, ya que "abre el abanico de la vida" dentro y fuera del planeta Tierra.
   El experto ha señalado en declaraciones a Europa Press que el hallazgo "ha roto el paradigma clásico" de la biología y ha adelantado que la nueva bacteria implicará la actualización tecnológica de los sistemas de detección de vida. "Es como el que estaba buscando oro en una sola dirección y se da cuenta de que hay más caminos", ha señalado.
    En este sentido, ha recordado que también habrá que "revisar" los métodos de exploración de ambientes de "vida pasada y presente" tanto dentro de la Tierra como fuera. "Los ambientes con arsénico o los sistemas hidrotermales en los que este componente tóxico aparece de forma común son un nuevo foco donde habrá que buscar", ha aclarado.
   Martínez puso como ejemplo a Marte, donde ha habido agua líquida en el pasado, además de sus volcanes. Ambos alojan sistemas hidrotermales de aguas calientes asociadas con arsénicos, en los que habrá que buscar "en zonas donde antes no se buscaba".
   Ésta es la primera vez que los científicos descubren un microorganismo que es capaz de utilizar un componente tóxico, en vez del fosfato habitual, para crecer y vivir. El arsénico suele ser muy tóxico para los organismos vivos porque altera los mecanismos metabólicos pero químicamente se comporta de forma similar al fosfato.
 
Según  se ha leído,  se creó bastante expectación previa al anuncio de la NASA, ya que se esperaba que los de la Agencia Espacial anunciasen por fin que habían descubierto vida extraterrestre. Ésto sería lo único que podría distraer la atención de la opinión mundial de los trapos sucios que revela Wikileaks. Luego, ¡oh decepción!,  resultó ser una miserable bacteria que se alimenta de arsénico. Sí, eso es, de veneno. Una bacteria que podría sobrevivir, perfectamente, en Wikileaks.

El interés de ésto, nos dicen,  es que si un microbio puede vivir en la Tierra en un entorno sólo de arsénico, qué no podrá haber en esos planetas de Dios, donde las condiciones para la vida pueden ser así de canallas o peores. O lo que es lo mismo, que para encontrar vida por ahí no hay que limitarse en buscar únicamente planetas donde exista agua, oxígeno e Internet, que son las condiciones imprescindibles para la vida en el nuestro, sino que debemos buscar también en planetas asquerosos, donde, por ejemplo, llueve veneno. Ahora ya no descartamos que los alienígenas sean unos tipos solitarios que se toman unos tercios de arsénico en las comidas.

No obstante, yo le pregunto al encargado de la NASA: ¿para qué demonios queremos encontrar un planeta así? Tal vez el nuestro sea así algún día. Yo voto por centrarse en buscar planetas con ríos de agua fresca y mares sin contaminar.

Como les pasará a ustedes, yo no conocía que el arsénico pudiera ser un medio de vida, muy al contrario. A mi me transporta la imaginación a la novela negra y policíaca, donde el arsénico es una ayuda impagable a la hora de enviar a una vieja millonaria con su Creador, para solaz de sus derechohabientes. También, como aborto de arquéologo que soy, me retrotrae a la época en que los antiguos mezclaban arsénico y cobre para hacer un bronce baratillo, una especie de marca blanca de bronce, ya que el bueno, sabrán ustedes, se hace con estaño.

Y también me recuerda a esa genial película de Frank Capra, Arsénico por compasión (Arsenic and Old Lace). Una comedia divertida, de esas en blanco y negro, que eran las buenas. Dice la Wikipedia, que antes de ofrecerle el papel de protagonista a Cary Grant, lo intentaron con Ronald Reagan, quien gracias al Cielo, no estaba disponible. Tuvimos suerte.





En esta comedia,  unas venerables viejitas suministraban arsénico a ancianos solitarios, por que se compadecían de verlos tan solitos. Eso sí, les daban el veneno mezclado con vino, lo que se conoce como calimocho arsenicado. Seguramente las bacterias de California también lo preferían combinado.

¿Pero no les recuerda este relato de las viejitas otro mucho más próximo a nosotros? Efectivamente, éste es el punto donde se me relaciona la segunda noticia que les comentaba. Ésta tiene menos gracia y demuestra cómo la realidad supera siempre a la ficción:


El celador de Olot podría estar entre los mayores asesinos en serie de España


El celador de Olot podría convertirse en uno de los principales asesinos en serie de la historia reciente española si se confirman las 11 muertes que este martes ha confesado en el juzgado.
Después de que en una primera declaración admitiera haber matado a tres ancianas, Joan V.D. ha asegurado este martes haber asesinado a otros ocho ancianos de la residencia desde agosto de 2009 a mediados de octubre de 2010, y duda de si mató a otro más este 2010.
El trabajador de la residencia mató a sus víctimas suministrándoles lejía, con sobredosis de insulina o con un cóctel de medicamentos. Según su testimonio, lo hacía en un momento de euforia, porque se creía que era Dios y porque quería liberar a los ancianos de su sufrimiento.


Las ancianitas de Frank Capra nos hacían gracia porque eran comedia, pero este celador de Olot no. No les daba arsénico, para el caso es lo mismo, los envenaba y según decía, era por compasión.

Nos asusta, o nos debe asustar, no tanto porque hay que pensar en qué manos están nuestros abuelos, sino porque las víctimas morían sin llamar la atención: eran ancianos. Esto nos muestra el hecho, tan natural como terrible, que si se nos mueren los abuelitos nos parece normal y nadie se hace preguntas. El crimen perfecto es asesinar a alguien que a nadie sorprenderá si perece y se evita así la investigación. Les dejo que reflexionen sobre esto.

Y es que a los abuelitos los tenemos a veces muy solos, demasiado solos, como aquella bacteria del desierto californiano, que a falta de otra cosa, se conforma con tomarse en soledad el arsénico que le dan.



domingo, 28 de noviembre de 2010

Yo lo maté


N. del A. Todos tenemos temores, dudas y sinrazones en nuestro interior. Es nuestro deber aprender a dominarlos o de lo contrario ellos nos dominarán a nosotros. La parte consciente y racional de nuestro cerebro es la que nos hace humanos, no la subconsciente, que ésa, al menos en mi caso, sigue siendo de primate. La entrada de hoy es para ilustrar esta idea, pero comprenda usted que es un relato, que yo no he matado a nadie. Conscientemente, claro.

-Sí, yo lo maté, señor comisario.


Con estas temblorosas palabras confesaba mi crimen, la cabeza entre mis manos e incómodamente sentado frente a la mesa donde reinaba el funcionario de policía. En la comisaría, un sinfín de personas entraban y salían de los despachos: funcionarios, letrados, detenidos, víctimas, familiares, periodistas o simplemente sospechosos. Yo había llegado esa mañana temprano a entregarme, con los pies descalzos y ensangrentados, vestido solo a medias. Estuve vagando así toda la noche por las calles.

- Soy subinspector sólamente. ¿Quiere tomar algo? ¿Un café de la máquina, tal vez? Créame, comer algo mientras se confiesa ayuda a hacer brotar las palabras.

Acepté el café que me ofrecían en un vaso de plástico y después un chocolate muy caliente.  Tenía razón, me tranquilizó. Me animó a continuar:

-Cálmese, tómese su tiempo y cuénteme qué ha pasado.

- Confesar, eso es lo que quiero, confesar mi crimen, porque yo lo he matado, hoy mismo, esta misma noche y he sido yo, sólo yo...  Hoy he dado muerte a mi propio subconsciente, a mi otro yo, a esa voz de la conciencia que todos llevamos dentro,  a ese ser que no conocemos, pero que habita en nuestro cerebro sin nuestro permiso, a costa de nuestros miedos y nuestras pasiones.

El policía no movió ni un ápice la expresión de su rostro. Esta confesión no es nueva para él, ha visto muchas cosas en la vida. Otro funcionario más joven, sentado detrás de él, tomaba nota de mi declaración, redactando lo mejor que podía en un ordenador.

-Siga, siga, ha matado usted a su yo subconsciente, ¿sabe por qué lo ha hecho?- Las preguntas las hacía con seguridad y profesionalidad- ¿Quiere usted un donut para acompañar su tercer chocolate?

Le respondí que sí, dos donuts de chocolate y otros dos de azúcar, por favor.

- Por supuesto que sé por qué lo hice - continué-, no vaya usted a creer que me arrepiento. Eso no. Estoy nervioso porque sé que debo afrontar las consecuencias de lo que acabo de hacer. Yo lo he matado y no ha sido por error, no ha sido un arrebato de ira o de celos. Lo he matado porque mi otro yo..., porque mi subsconsciente era... No sé cómo definirlo...

Un hijoputa, aventuró el policía.

- Eso es, un verdadero hijoputa, señor inspector, así era mi otro yo.

Diciendo esto agradecía con la mirada al funcionario que hacía de escribiente, que hace poco se había levantado para traerme una lata de cerveza Mahou bien fría. Puso también sobre la mesa un plato con jamón de Teruel, queso extremeño y pan candeal, de cual comimos.  En el pasillo, dos prostitutas se peleaban rabiosamente y rodaron hasta nosotros entre insultos y mordiscos, derribando muebles y personas.

- No soy inspector, sólo subinspector- dijo el policía, mientras separaba a las contendientes con la ayuda de tres agentes.

- Todos tenemos un subconsciente ¿no es así?- Yo lo preguntaba conociendo perfectamente la respuesta - Pero no todos tenemos un subconsciente como el mío. Mi otro yo era una persona tremendamente enojosa. Y aunque no debía ser así, yo era plenamente consciente de él. Oía su voz en mi interior, que opinaba sobre todo lo que hacía. No hagas esto, no hagas lo otro, mira lo dices, mira lo que haces... No, capitán, mi alter ego se hacía pasar por subconsciente, pero no lo era.

- Sub-inss-peec-tooor, no capitán ¿Más jamón? ¿Tal vez algo de chistorra?

-¡Cuántas mujeres habrá alejado de mí, ese mal nacido! Ésa no te conviene, aquélla sólo quiere obtener la nacionalidad, esta otra no, que es fea como un demonio, la de ayer no te quería, la de hoy no te querrá... ¡Cuántos proyectos me ha hecho abandonar, provocándome pereza y desgana! ¡A cuántos sitios he dejado de ir simplemente porque me ha infundido dudas y temores!

En ese punto yo estaba llorando. No eran remordimientos, era el vino de Jumilla de la bota que me ofreció el policía, que por por el trajín de la refriega me había caído directamente sobre los ojos. Alguien metía baza a patadas en la pelea entre las dos mujeres, probablemente el chulo de ambas. Al intentar reducirlo, uno de los agentes derramó parte del gazpacho que nos traía el escribiente. Por fortuna, había más.
Seguí con mi relato mientras pelaba los langostinos, de piel sonrosada y carne blanquísima. «La tarde anterior estuve con una mujer. Estuvimos en un hammam, disfrutando uno y otro de las aguas y el reposo. Hasta que intervino mi yo interior intentando hacerme dudar de ella. Horroroso. Yo no quise escucharle, no debía escucharle.

»Luego, reconfortados e ilusionados cenamos alegremente en un restaurante muy pequeño, familiar y acogedor. Mi alter ego presionaba, tú lo sabes, ella no te puede querer, ¿estás seguro de que no "hay nadie más"...? Yo no quise escucharle, pero empezaba a escucharle. ¿Aceitunas? Sí, gracias, las probaré también.»

El fragor de la batalla del pasillo se recrudecía. Ahora intervenían nuevos agentes y una estanquera de Bravo Murillo, histérica, con un ojo a la funerala, repartía bastonazos a diestro y siniestro. -¿Se va a comer esas chuletillas, comisario?-pregunté.

- Subinspector, por favor. Déjeme alguna chuleta de palo y siga declarando mientras ayudo a esposar a la madre del proxeneta.

- Ya no quedan de palo. Yo no quería escuchar al subconsciente, pero insistió una y otra vez. Fuimos a bailar, casi no bailamos, nos quedamos en un rincón discreto, escuchando la música sin decirnos casi nada, agarrados de las dos manos. Te está engañando, te está tomando el pelo. No podía escucharle, pero le escuchaba. ¿Tiene usted el sacacorchos? Fuimos a casa de ella, bailamos juntos, muy juntos y al poco tiempo nos besábamos, desnudos, en la cama. No le gustas, está fingiendo, me decía el muy cabrón.

» No pude soportarlo más tiempo y me fui corriendo escaleras abajo con la ropa en la mano. Ella se quedó con el rostro deformado por el estupor y la decepción. En el portal empecé a vestirme. No te quería, no vuelvas a subir, no le pidas nunca perdón... Fue lo último que me dijo: tomé uno de los calcetines que aún no me había puesto y se lo introduje en la boca; con el otro le tapé la nariz y esperé a que se asfixiara en sus convulsiones. Fue lento y cruel, no obstante eran calcetines de dieciocho horas; al final mi subconsciente quedó inerte para siempre encima de mis pantalones, con una desagradable expresión de asco. Quedó en el suelo de un portal donde yo no volveré jamás.

» Y estuve toda la noche, de acá para allá, desorientado, sin saber dónde ir, hasta que acabé aquí, señor guardia.»

El escribiente dejó el teclado y buscó un pastelillo de la bandeja, pero yo me había acabado los últimos. Miró a su jefe que volvía magullado; durante la pelea, un drogadicto que no tenía nada que ver con la discusión había aprovechado para golpearle en la cabeza. Por fortuna, se pudo defender con el extintor con el que apagaba el fuego que provocó la mayor de las prostitutas. La estanquera y un agente de paisano yacían sin sentido abrazados encima de la fotocopiadora.

El policía se sentó de nuevo, esta vez en la silla al lado de la mía. No debía preocuparme, me dijo.

En España - me explicó- no existe legislación aplicable en cuanto a las lesiones ocasionadas a seres inmateriales. Técnicamente, no es delito. Se ve a menudo, hay mucha gente que en cuanto puede asesina a su reputación, sin ir más lejos. Veo que a usted le preocupa, pero matar a un subconsciente no es algo nuevo ni tan grave. Yo lo he hecho. Y no soy guardia, soy subinspector, le repito.

-¿De verdad ha asesinado usted también a su subconsciente- pregunté sorprendido.

-El mío no, el de mi esposa, que era un declarado enemigo mío desde el tercer año de matrimonio. Un día le disparé con la reglamentaria. Créame que desde entonces, nuestra vida sexual ha mejorado muchísimo. Lo siguiente es cepillarme el de mi cuñada, para alcanzar la perfección en mi vida doméstica.

Ahora estaba desorientado y sin saber que hacer. - Entonces, ¿no es delito? ¿Puedo irme a mi casa a desayunar?

-Sí, hombre sí, vaya usted- respondió el policía-, pero una cosa le voy a aconsejar, usted debe hacerse ver por un buen profesional.

- Ya me parece a mi también. Necesito un buen psiquiatra, ¿no cree usted?

-No -el policía respondió con firmeza-, un buen dietista, lo que usted necesita es un buen especialista en nutrición. Come usted como un lobo, oiga, como un lobo.




miércoles, 24 de noviembre de 2010

Ya nadie se preocupa por las maestras

N. del A. Hoy les aporto una lección sobre historia de las relaciones laborales, que como saben, ya no son igual de paternalistas que antes. Y es una pena, porque quién nos va a querer mejor que un padre.


Me ha llegado hoy este documento en una cadena de correo electrónico, así que el origen del mismo no puede ser más incierto. Ignoro quién lo digitalizó, ni de qué fuente lo ha obtenido, ni si ésta misma persona lo hizo con permiso o si se deslizó de noche en un archivo secreto para fotofilmarlo con una cámara escondida en las lentillas.


Es obvio, por lo tanto, que tampoco sé si es verdadero. No obstante, puesto que viene de internet, es con toda seguridad absolutamente fidedigno, porque nadie en la Red publicaría una cosa que no es cierta ¿no?  Nadie en su sano juicio. Eso se sabe.

Pues una vez bien establecido y aposentado mi acrisolado rigor científico, aprendido con la lectura de la prensa diaria, les recomiendo que lean con detenimiento el siguiente contrato, que no tiene desperdicio:





Este contrato de maestras de un colegio de Cuenca en 1923  contenía muchas ventajas laborales indiscutibles, fuera de toda discusión desde el punto de vista de los principios de Seguridad e Higiene, disciplina ésta donde, aunque parezca otra cosa, se ha avanzado poco. El Consejo de Educación de la Escuela, en adelante el empleador, exhibía un espíritu altamente bienhechor, más propio de un padre que de un patrón; este espíritu, por desgracia, se ha perdido para siempre en los contratos actuales. La salud y el bienestar de la maestra, en adelante la empleada, era un objetivo prioritario en las relaciones laborales. Y si no vean ustedes mismos:
  1. Cuatro meses, cuatro,  de vacaciones, en los que poder disfrutar los ahorros de las 75 pesetillas ganadas en los ocho meses anteriores.
  2. Conciliación de la vida laboral y familiar: no casándose, sólo se tiene vida laboral.
  3. Toque de queda y horarios estrictos propios de un monje Shaolín, todo lo cual proporciona a la señorita sosiego para su alma y disciplina necesaria para su cuerpo.
  4. Preocupación muy viva por la salud de la maestra, alejándola de los helados, el alcohol y la nicotina.
  5. Otrosí, preocupación vivísima por la salud de la maestra, alejándola también de los hombres.
  6. Interés por la economía de la señorita, pues evitando que suba a un coche conducido por un hombre, con ello se evita también que utilice los taxis, que son caros. Salvo, claro está, que los conduzcan su padre o su hermano que, es de suponer, no le cobrarían.
  7. Garantías de que no sufrirá penosos malentendidos, al insistir en desterrar los colores brillantes y los tintes del cabello.
  8. Multifunción asegurada: además de enseñar a leer a los gamberrillos, podrá disfrutar de tareas alternativas como la limpieza o el mantenimiento de la escuela.
  9. Calefacción en el propio aula (cuando haya algún mueble que quemar)
  10. Insistencia en la salud de la maestra: acumular enaguas bajo el vestido y mostrar menos de 5 centímetros de pantorrilla le era muy útil a la señorita para evitar cistitis y otras dolencias de las partes sumergidas, y es al mismo tiempo una poderosa herramienta para poder cumplir con éxito la última de las cláusulas, la más clara: nada, nada de polvos.
En fin, maestras que me leen, que hay alguna, lo siento por ustedes. Nunca más podrán disfrutar de esta atención y mimo debido a que ya nadie se preocupa así por el profesorado. Porque no hay nadie empeñado en vigilar sus caóticos horarios; tampoco si en sus vidas privadas (¡Jesús, como si les hiciera falta!) toman alcohol o fuman, o ya en el colmo de la dejadez y el abandono, pueden incluso tomar helados sin que nadie se lo recrimine. No se les permite, ni ustedes lo propician, barrer las aulas ni hacer fuego en ellas. Conducen coches donde pudieran subir hombres, con tal de que no sean su padre o su hermano y nadie les avisará si los colores vivos de su ropa o su pelo alcanzan a ser prostibularios.

Por supuesto, habrá muchas de ustedes que usen menos de dos enaguas y los 5 cm de distancia del vestido hasta el tobillo hoy en día son referidos, por qué no, desde el vestido hasta la ingle. Y nadie que les quiera bien pondrá coto a este desmán, poniendo con ello, en grave peligro de cistitis, zonas que bien pudieran ser declaradas de interés turísitico.

Y en cuanto a los polvos, docentes lectoras, pues tampoco - o tempora, o mores-, tampoco hay nadie ya que se lo impida.



Lil Shoes, Pequeñas etapas de la vida

sábado, 20 de noviembre de 2010

Noche portuguesa

 
N. del A. En algún sitio he comentado ya el momento en que decidí abrir este blog, hoy simplemente les amplío información. Ustedes no me los demandaban, pero yo, tan servicial como siempre y adelantándome a sus deseos, les ofrezco los detalles. Inicialmente iba a ser un blog sobre historia, luego ha acabado en un diario personal. Y es que quien mal empieza, mal acaba.

Atardecer en Culatra (Portugal) Foto del Tío Eugenio
Siete personas, cinco mujeres y dos hombres, que hace dos días no se conocían, desembarcan al atardecer en grupos de tres y cuatro en la playa de la isla de Tavira. El último en desembarcar, el viajero número siete, vuelve la cabeza para mirar el pequeño velero que les sirve de alojamiento y transporte y respira profundamente satisfecho.

Lo primero, una caminata por la playa, preciosa, impresionante, de arena fina, sin urbanizar..., un paseo en dirección al poniente, vigilando el sol que se esconde al final de la playa con una parsimonia y dignidad propia de un embajador. El viajero número siete contempla el ocaso sobrecogido por la belleza ¿Han conocido ustedes un atardecer en Portugal? No lo dejen pasar, créanme.

Tarde portuguesa
azafrán y quieta.

Atardecer en Tavira (Portugal) Foto del Tío Eugenio
 Alcanzan el confín de la playa y vuelven sus pasos, la playa se muestra entonces a sus espaldas de color dorado y la sombra, muy alargada ya, les precede en el camino de regreso hasta el inicio de la playa. Caminan a ratos por la arena, a ratos por la espuma blanca que las olas extienden. Un restaurante con mesas al aire libre les espera: ya es noche cuando llegan.

La cena. Siete personas que hace tan poco no se conocían, reconfortados por el paseo, cenan alegremente con la brisa en el rostro y el sonido del mar a su alrededor. Marisco, pescado y arroz en un caldero, vinho verde  en las copas. Les acompañan todos los mosquitos de la isla, que tambien demostraron esa noche un saludable apetito.

Al terminar la cena, una noche preciosa, alguien propone volver a la playa. Tumbados en la arena bajo la inmensa noche portuguesa, siete viajeros, reposan satisfechos. El viajero número siete comparte con los demás sus vicisitudes con el mecanismo del retrete del barco y todos ríen: es la noche portuguesa.

Noche portuguesa,
antracita y quieta.

Regreso al barco. El patrón, que debe repatriar a sus viajeros, no llega; desde el embarcadero, es llamado a voces. Son ya la una y media, otros noctámbulos de la playa colaboran en vocear el nombre del velero. Finalmente, llega el patrón y reembarca a sus viajeros en la lancha en grupos de tres y de cuatro.

En el velero, rondas de mojitos y de risas. A cierta hora, las siete personas que hace dos días no se conocían se van a descansar. El viajero número siete no puede dormir en el camarote por el calor y por la cafeína de las pastillas antimareo. De hecho no ha dormido nada en las dos noches precedentes y tampoco lo hará en las restantes; sin embargo se siente feliz, inexplicablemente feliz.

Sale a cubierta y se tumba en la hamaca del patrón. Pasa allí en vela las horas que quedan hasta el amanecer, con la noche portuguesa por edredón. Y eso le permite pensar...

Pensar en su vida, pasada, presente y futura. El viajero número siete, en flagrante situación de bienestar, está en las condiciones físicas y mentales adecuadas para pensar y decidir. Decidió algunas cosas sobre su vida, de lo material y lo inmaterial. Entre otras cosas, pensará en aquellos relatos que había escrito hace tiempo y luego había tirado a la basura, porque pensaba que no valían nada.  ¿Por qué no?  Entre otras cosas, decidirá que no le importaría en el futuro que alguien los leyera. Daba igual, escribir sobre lo que sea. El viajero número siete decidió, entre otras cosas, abrir este diario que usted lee.

Y estando en esos pensamientos, amaneció.
Alba portuguesa,
nácar y quieta.         

Cristina Branco, TRAGO FADO NOS SENTIDOS

martes, 16 de noviembre de 2010

Berlanga

N.del A Por si acaso no han oído la prensa o leído la radio, Luis García Berlanga ha muerto.  Ahora, alcaldes y concejales, tendrán que apresurarse a poner su nombre a calles y parques,  para hacer ver que "están con la cultura". Probablemente pongan en la tele un ciclo con sus películas. Por fortuna, se le hizo un homenaje público recientemente, contraviniendo esa costumbre tan española de denostar en vida y homenajear a la muerte.

 (Le dedico esta entrada a @Francesca, reina soberana de El Club de los domingos, que esta semana cumple cuatro años. Los cumple el blog, no ella, si no he comprendido mal)

No es nada original escribir en estas fechas sobre la muerte de Berlanga, pero ya se imaginan ustedes que no estoy aquí para ser original, ya que, de ser esa mi intención, no escribiría en un blog como hace todo el mundo,  sino que haría, por ejemplo, un streap-tease colgado de un globo aerostático o cocinaría neumáticos al vapor.

Y sucede que declararse incondicional de Berlanga en estas fechas no es tampoco nada nuevo, todos lo hacen (¿por qué no yo?) e incluso muchos -no todos- de estos admiradores de toda la vida han visto sus películas conscientemente, es decir, pueden atribuirle varios títulos sin equivocarse demasiado. Yo debo ser uno de ellos.

Aunque yo renunciaba a la originalidad de antemano al elegir este tema, antes de titular esta entrada «Bienvenido Mr Berlanga» como era mi primera intención, tuve la precaución de servirme del siempre prodigioso buscador de Google y encontré que ésta era ya una expresión manida y popular en libros, noticias y blogs. Desechado, pues, el título original, lo sustituí por otro que no puede ser más sencillo, ya que normalmente lo simple es lo mejor.

Les diré que también era mi primera intención hablar de Bienvenido Mr Marshall y de «...Como alcalde vuestro que soy...», pero he revisado los recortes de prensa (mi graciosa forma de llamar a Google Reader) y he visto que el famoso discurso del alcalde de Villar del Río es también un lugar común en todos los comentarios y noticias. Gloria a Guadalix de la Sierra, que aparece, por una vez, en las noticias sin que lo asocien a Gran Hermano.

Así que una vez demostrado que no voy a ofrecer novedades a los lectores, paso a confesar que mi película favorita de Berlanga es Plácido. Y eso que he disfrutado y aprendido mucho con las otras. En La escopeta nacional y en Todos a la Cárcel Luis García Berlanga consigue demostrar brillantemente la falsedad y la hipocresía de los pelotas y correveidiles de cada régimen de turno, ya sea el de Franco, ya sea el de la España democrática. O lo que es lo mismo, que en todas partes y en todas épocas cuecen habas y se las comen los mismos.

 
"Y ni fueron felices, ni comieron perdices porque allí donde haya ministros un final feliz es imposible." (La escopeta nacional)
En El Verdugo Berlanga es capaz de convertir mágicamente un personaje a priori tan odioso como un verdugo en alguien entrañable, mostrando al ser humano que hay debajo de la capucha y nos enseña que lo que es para unos la muerte, para otros es la vida. 

Cómo no reír con La Vaquilla y con Moros y Cristianos o emocionarse con Calabuch y Los jueves milagro.

Sí, todo eso es cierto, pero... yo me quedo con Plácido.

Las peripecias de Cassen en un motocarro el día de Nochebuena, transportando una Cesta de Navidad que no era suya y a una familia, que sí era la suya, con una ganas terribles de comerse la cesta. Hambre, Honestidad, Hipocresía, son las tres haches que asocio con esta trama. Es un retrato cruel de nuestra  (no olvidemos que es la España de nuestros padres) sociedad, dentro del formato de comedia genial. Para mí siempre es admirable que consigan hacerme reír con lo que, en buena lógica, debería hacerme llorar.

En fin, que ya sé que no descubro nada nuevo, pero tenía que escribirlo, porque como bloguero suyo que soy les debo una explicación y esta explicación se la tenía que dar.

Les dejo con Plácido, hale.

sábado, 6 de noviembre de 2010

En busca de la mujer fatal


N. del A. La creación literaria es alimento del alma, pero perder la inspiración de determinada manera puede tener su utilidad práctica para algunas necesidades del cuerpo. No sé si he analizado correctamente el problema, el caso es que he intentado recrear las condiciones idóneas para perder exitosamente el numen y he fracasado.
Antes de nada, es el momento de imaginar la siguiente escena:

El escritor, antaño con éxito, ha perdido hoy completamente la inspiración: es un hombre sin ideas. Vive en un lóbrego cuarto de un hotel barato, bien puede ser en Nueva Orleans, durante la celebración del Mardi Grass, bien puede ser en La Habana de los años de la Revolución. Las paredes desnudas y desconchadas, la estancia revuelta y desordenada, con ropa sucia en los rincones, restos de comida en la mesilla y botellas de whiskey vacías por doquier. El sol de la tarde se filtra por la vetusta ventana e ilumina, rayo a rayo, el denso ambiente compuesto de ácaros y humo de cigarros mal apagados. En el pasillo resuenan las voces lascivas  y festivas de clientes y prostitutas. Lo que se escucha en la calle, bien puede ser los pasacalles del carnaval, bien puede ser los disparos al aire de los exultantes revolucionarios .

El escritor, abandonado por las Musas, se sienta en una frágil silla frente a su mesa. Viste una sucia camiseta sin mangas, sostiene una colilla en la boca y por todo cosmético la barba de varios días y un fuerte olor a alcohol barato. Entre trago y trago, introduce sin ningún cuidado una hoja de papel en su máquina de escribir portátil e inicia por enésima vez el primer capítulo de la novela:

"Aquella tarde, Joe llegó al bar un poco más tarde de la hora acostumbrada..."

El escritor que ha perdido las ideas lee con desesperación el renglón escrito y acto seguido, con rabia,  arranca  violentamente el papel de la máquina, hace una bola con él y lo lanza a un rincón, donde hará compañía a un sinfín de abortos de primeros capítulos. Largo trago de whiskey. Una empleada con una mueca de disgusto llama a la puerta para darle toallas limpias. Suena el teléfono, es su editor, le reclama el original de la nueva novela y le presiona y le humilla vergonzosamente, fracasado, eres un fracasado, cancelaremos tu contrato. Vuelven a llamar ¿más toallas? No, esta vez no, esta vez es... ella.

Una bellísima y cautivadora mujer, bien puede ser rubia platino con acento francés, bien puede ser mestiza morena con acento caribeño, cruza el umbral de la puerta contoneándose lúbrica y sensual. Entran con ella el Deseo y  la Perdición a la estancia...
**********

¿Ya se han imaginado la escena?

Bien, ¿qué hombre de ustedes no hipotecaría su alma por una femme fatale como la que iba a entrar en acción en el relato? Yo sí y me he propuesto ponerme a tiro, que aún no he sido catado por ninguna mujer estrictamente fatal con la edad que tengo y considero esta carencia una importante laguna en mi formación intelectual. Esa mujer que me salve de esta vida de decencia, honestidad y buena reputación debe estar esperándome, cerca, muy cerca, a punto de llamar a mi puerta.

Después de asistir en el cine y en la literatura a numerosas escenas como la descrita, considero probada la relación directa entre la degeneración de la especie y el aumento del atractivo sexual del escritor varón. De otra manera no se explicaría. Acepté los consejos de mi ex-asesor de imagen, quien decía que debía convertirme en un hombre muy romántico. Y a mí no se me ocurre un personaje más romántico que el escritor desinspirado, decadente y borrachuzo de la escena inicial. Toda mi vida he querido ser un tipo de esos u otros peores, así que muy serio y decidido me puse manos a la obra para convertirme en un verdadero escritor abandonado por las Musas. Cuanto mayor sea mi crisis creativa, más posibilidades tendré de traer la perdición a mi hogar. Objetivo: que me pierda una mujer fatal ¿Existe algúna razón mejor?

No lo he conseguido. He encontrado demasiadas dificultades para recrear el ambiente idóneo.

En primer lugar, no he logrado convertir mi casa en un hotelucho infecto. Los vecinos de mi rellano, gente respetabilísima y de probada rectitud, no accedieron a aparentar ser risueñas prostitutas y depravados puteros. Por cierto, después de pedírselo todos me miran de forma distinta.

En cuanto al ambiente exterior, en mi calle no resuenan las charangas del Mardi Grass o la barahúnda de los revolucionarios locos, únicamente mocosos jugando en la plaza y las bachatas de los dominicanos del séptimo. En la ambientación de los interiores, probé a transformar mi cuarto en un muladar: aunque no soy un maniático del orden, alguna directiva secreta en la programación de mi cerebro me ha impedido desordenar deliberadamente mi cuarto, así que tras intentarlo, al poco tiempo estaba llevando la ropa sucia a la lavadora y las basuras a sus cubos de reciclado. Siendo yo abstemio natural y no fumador, para remedar estos necesarios vicios decidí emborracharme con gaseosa y quemar mucho incienso. La gaseosa me ha proporcionado, sin embargo, muy poca alegría al espíritu y una considerable y molesta aerofagia a mi aparato digestivo. Y también les confirmo que el humo del incienso no es un sustituto válido del plomizo humo de los habanos.

Me han prestado una máquina de escribir portátil, pero no siendo mía la máquina, jamás la trataría con la necesaria violencia que los buenos escritores sin inspiración gastan, quienes, es de suponer, no ganan para rodamientos. Y el papel, pienso en los bosques, reducir, reutilizar, reciclar, jamás lo desperdiciaría en absurdos tiros libres.

No me amilané por estas primeras derrotas de la bohemia en la guerra contra la decencia, así que sentado frente a mi máquina prestada, me dispuse gozoso e impaciente a recibir la total indiferencia de las Musas con el aspecto más decadente que pude conseguir. Ese día ni me afeité ni me duché y me vestí con mi pijamita más bohemio, las zapatillas de Bugs Bunny, el rostro más lánguido del que fui capaz y un chupachús en la boca. Me sentía irresistible.

LLamaron a la puerta ¿una empleada con toallas limpias? ¿la mujer fatal ya? No, vaya chasco, era un vendedor de seguros, no gracias, no me interesa.

Volví a la mesa, puse una hoja en blanco en la máquina para provocar de alguna manera la pérdida de ideas. Las Musas debían abandonarme de un momento a otro. El teléfono. ¡Eso es, es un editor que quiere apretarme el culo para que termine la novela! ¡Síii! Pues no, tampoco, se trataba de una maravillosa oferta de ADSL en mi zona a la que no podía renunciar, pero que aún así rehusé valientemente, no gracias, no me interesa.

Volví al intento de autoinfligirme la desesperación de una sequía creadora, pero se me ocurrían mil cosas que escribir. ¿Estaría tal vez insuficientemente desaseado? De nuevo llamaron a la puerta. Esta vez estaba seguro de que se trataba de la bellísima mujer fatal que me estafaría el corazón y daría un sobreuso a  mi cuerpo. ¿Sería del modelo cubano de vestido corto floreado o del modelo orleanniano de vestido de noche? Sí, sí, por Dios, tiene que ser ella...

Me coloqué un poco el pijama, me atusé levemente la calvorota y abrí la puerta con la libido revolucionada y la esperanza en carne viva. Nueva decepción. Dos señores muy simpáticos y decentes, que si yo quería conocer por qué los Testigos de Jehová no celebran la Navidad. Pues no, gracias, es admirable, pero no me interesa.

¿Es que no se puede ser decadente en Móstoles? ¿Cómo van a pasar de mí las Musas en estas condiciones? Ya daba todo por perdido cuando llamaron por tercera vez a la puerta. 

¿Quienes serán ahora? ¿Qué querrán venderme? Harto ya de inoportunos abrí la puerta con una vehemencia desacostumbrada en mi y le dije a bocajarro a quien quiera que llamara antes de que pudiera abrir la boca:

«¡¡¡NO QUIERO CAMBIAR DE OPERADORA, NI DE SEGURO NI DE RELIGIÓN!!!. Buenas tardes ¿qué desea?»

En ese momento caí en la cuenta, se trataba de la más hermosa mujer que he visto,  bien podía ser rubia platino, bien podía ser morena mestiza. Llevaba un vestido de noche adornado con pedrerías y fumaba en pipeta (¿ha subido fumando en el ascensor? ¡Ay, si la ven los vecinos!) Sus piernas divinas se mostraban caprichosamente por la abertura del vestido y es seguro que esos pechos tan vivos tenían ya maduro un plan de fuga de su apretado corpiño. Los ojos inteligentes, lascivos y mágicos mostraron primero sorpresa, luego profunda decepción con una cruel caída de párpados. Después de mirarme de arriba a abajo, liberó lentamente una bocanada de humo directamente a mi cara y luego, sin decir nada, dio media vuelta con un contoneo lúbrico y sensual y bajó las escaleras para siempre.

Ahora ya lo sé, esa tarde dejé escapar la verdadera perdición de mi vida.



LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...