N. del A. Mi hijo ha grabado una canción que se llama «Gracias». Y yo contesto, educadamente «no hay de qué», aunque en el fondo yo también debo darle las gracias por un bonito gesto y por unas palabras que han sembrado flores en mis oídos.
Año III, opus 94
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| Para evitar malentendidos, aclaro que mi hijo es el que está de espaldas. |
Se ha reunido con unos amiguetes y ha grabado una maqueta de un disco de hip hop, llamado Sicology. Una de esas canciones es la que les traigo aquí y que contiene estos versos que, sin duda, son para enternecer a un padre. Permítanme que les señale este extracto:
Gracias a cuando mal estuve,a mamá por sus grandes días azules,
a papá por quererme aunque mal actúe,
y a mi hermano por no cometer los errores que tuve.
Gracias por enseñarme una historia,
por darme una familia que apoya
y que ahora apoyo en cualquier tragedia.
Levanta, me decía mi madre,
que hasta la torre más alta se cae.
Hoy quiero que sepas que mil cosas agradezco,
de tales padezco,
nadie nace perfecto...
Pues eso hijo, que no hay de qué. Te quiero, Pablico.
* * *
Hablando de otras cosas, tengo que comunicar que me han condenado a seguir una dieta hipocalórica para perder peso. Todos los días oímos hablar sobre recortes en los gastos públicos, en las prestaciones sociales, en los beneficios empresariales, ... pues ya han llegado también los recortes a mi mesa. Dolorosos recortes, hay que añadir, se ha planteado el objetivo en un 15% de mi PIB. Sumisamente lo he aceptado, puesto que acudí por mi propia iniciativa a la consulta del médico, pensando que si me entregaba obtendría una rebaja en la condena. No ha sido así y además le reprocho a la doctora que, siendo ella una funcionaria que cobra de los impuestos que yo pago, no hiciera el más mínimo esfuerzo por hacerme desistir.
Estará desmotivada. Mísera es la vida de aquél que debe desprenderse de una parte de sí mismo.









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