lunes, 23 de abril de 2012

Gorilas adolescentes


N. del A. Si usted, querido lector, querida lectora, ya sea en Móstoles o en Michigan, tiene hijos adolescentes, comprenderá lo que quiero decir.  Incluso si usted, estimado lector, estimada lectora, pertenece a otra especie de primate distinta de la humana, también podrá corroborar lo mismo.
Año III, opus 99
Pensé sobre esto el otro día, mientras veía un documental de animalitos en el canal National Geographic, con el que a menudo ilustro mis siestas en el sofá. En aquél episodio, una familia de gorilas de montaña compuesta por unas pocas hembras con sus retoños y un macho alfa, con un genio malísimo y espalda de color plateado,  hacía su apacible vida en la selva, comiéndosela hoja por hoja, literalmente. Un gorila joven apareció en escena: como todo macho está cargado de testosterona y como todo jovenzuelo, desconoce total y absolutamente los límites que nos impone la vida diariamente.Cree que ya lo sabe todo y que lo puede todo.
Para ser cabeza de familia gorila
hay que estudiar mucho.
El gorila imberbe se atrevió a disputarle al espalda plateada el derecho de perpetuar sus genes con las hembras del harén, que por cierto, le miran con cierta pena. Casi sin inmutarse, el macho alfa le aplica un único y descomunal tortazo que  deja al gorililla dando vueltas como una peonza. Después de la  pausa de publicidad, el pobre aspirante seguía dando vueltas. Si antes creía saberlo todo, ahora conoce algo más sobre sus propios límites. También aprenderá algo de aritmética: que hay menos manadas que machos, por lo que sólo unos pocos, los mejores -que en el gorilismo equivale a los más brutos- conseguirán ser machos alfa y tener su harén particular.

En los adolescentes humanos es la propia vida la que se encarga de dar las tortas que les marcarán los límites, aunque reconozco que a menudo se me pasa por la cabeza ocuparme yo mismo de hacer lo que el espalda plateada. Supongo que a la edad de mis hijos yo tenía también la misma combinación de ignorancia y de osadía que muestran ellos, pero como aprender también consiste en olvidar, ya no lo recuerdo. Cuando se es joven, es biológicamente necesario que intenten romper desvergonzadamente todas las barreras, si no fuera así, no podrían jamás independizarse. Y, como es menester, también es biológicamente necesario que maduren a fuerza de desengaños.

El documental termina cuando otro gorila macho, que ya había madurado mediante sus buenos mamporros y que ya había aprendido el qué, el cómo y el cuándo  mientras el gorila líder envejecía, se presentó candidato a la jefatura de la manada. Y ganó su puesto, después de devolverle al espalda plateada cada uno de los golpes que recibió en pasados intentos. El viejo gorila se jubila en precario y, suponemos, se muere del disgusto, mientras el nuevo macho alfa copula en riguroso orden jerárquico con las monas viudas, quienes no guardan luto en ningún momento.

Cuando veo a mis hijos adolescentes me los imagino como al gorila del documental, asaltando la vida cargados de testosterona y encajando los golpes que los convertirán en libres y sabios. Como padre quisiera evitárselos, pero no puedo.

Sólamente les recuerdo que cuando maduren y sean gorilas hechos y derechos, no es necesario que vengan a echarme a tortazos de mi humilde rincón de la selva donde tranquilamente duermo la siesta acunado por documentales de animalitos. 

lunes, 16 de abril de 2012

Memoria de Elefante

N. del A. Ya sé que he tardado dos días en comentar lo que ya ha criticado sobradamene todo el mundo. Ya sé que no añado nada nuevo... Ya sé, pero es que no podía evitarlo,.. ¡ no he podido evitarlo!
Año III, opus 98

El Rey es operado tras romperse la cadera en un viaje de caza en Botsuana

Don Juan Carlos se hallaba participando en un safari de elefantes cuando sufrió una caída

El Príncipe representará a su padre durante los 45 días que el jefe del Estado estará de baja


Los elefantes del Zoo se han hecho republicanos.
Con toda la razón del mundo.
Querido Rey:
Soy el delegado de personal de la manada de elefantes y elefantas del Parque Zoológico de Madrid. No se acordará de este humilde elefante que le escribe, porque no todas las criaturas de la tierra pueden disfrutar de una memoria tan célebre como la nuestra, pero alguna vez me ha dado cacahuetes, frente a los fotógrafos. En concreto, es muy conocida la pobreza memorística de algunas especies de la fauna ibérica, como el Ciudadanus Hispanus y sobre todo, el Borbonis Rex.

Le escribo únicamente para recordarle algunas cosas que no debe olvidar:
  • Que participar en una cacería en la que un guía nativo le conduce en land rover hasta un animal al que señala para dispararle por el puro placer de abatir a una criatura más fuerte que uno, no se llama cazar: se conoce como fusilamiento. El hecho de que, además, haya pagado unos miles de dólares y no se coma después al elefante no mejora moralmente su acción. 
  • Que durante una crisis tan grave como la que padecen sus reinos, gastar el dinero del contribuyente en fusilar paquidermos y paquidermas a miles de kilómetros de su casa es, perdonen la suavidad del adjetivo, inexplicable
  • Que en vez de abatir grandes mamíferos y mamíferas que en nada han perjudicado a la Jefatura del Estado, debería disparar contra aquellos que han destruido el prestigio de la monarquía en trapicheos y chalaneos, aunque sean de su familia.
  • Que su familia debería aborrecer las armas de fuego, por los accidentes ocurridos en el pasado y no dejar a los niños sólos con las escopetas. Hay gente que no aprende nunca.

Los compañeros y compañeras elefantes de este zoo le desean una pronta recuperación y que deje de intentar convertirse en Allan Quatermain, y se convierta, si quiere, en Elvis, con su cadera nueva, que no hace daño a nadie.

Simba Manuel Pérez, elefante Senior de 2ª. 
Sindicato de Paquidermos.

jueves, 12 de abril de 2012

¡Tío Eugenio, sea claro, sea breve!

N. del A. He recibido algunas sugerencias sobre cómo mejorar mi blog. Dado que eran críticas constructivas y procedían de personas que me quieren y a las que quiero, han sido admitidas a trámite y toma de consideración y tienen posibilidades de prosperar
Año III, opus 97
«He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta» (Blaise Pascal)
De las sugerencias recibidas, una de ellas se refería a la excesiva longitud de mis entradas. Aludía, obviamente, a las entradas del blog,  ya que para las entradas en el pelo de mi cabeza no cabe ya remedio.

He repasado algunas de mis entradas y estoy de acuerdo en que son demasiado largas. Ojo, son extensas desde el punto de vista del lector, no del autor. Me explico: como decía precisamente en esta entrada que enlazo aquí, escribo estas cosas que yo llamo gilaílas y pendonás con el único fin de ordenar y dar forma a las ideas que flotan a la deriva en mi líquido céfalo-raquídeo, como los escombros del maremoto de Japón que ahora llegan a las costas americanas. Siendo así, cuantas más ideas plasme en el blog, mayor será su efecto terapéutico. Sin embargo, no puedo engañar a nadie, todo aquél que escribe lo hace con la esperanza de que alguien le lea. Si yo pretendiera no ser leído, escribiría mis gilaílas y pendonás en el reverso de mi ropa interior, a la que nadie se acerca con intenciones intelectuales. Los millares de lectores de mi blog se merecen que yo tenga muy claro que es más placentero leer a García Márquez o Óscar Wilde que este diario, por lo que debo aprovechar al máximo su paso fugaz por el mismo. 

Lo difícil, por supuesto, es plasmar todo lo que queremos decir en un texto breve, como muy bien ilustra la cita de Pascal. Hace falta mucho tiempo. Leo algunos blogs que consiguen ese objetivo y debo aprender de ellos. Como siempre digo, la función de cualquier blog no es solamente exhibir, también es la de recibir y aprender. Ahora debo aprender a ser breve, conciso y concreto. Pretendo conseguir  expresarme en dos palabras: esta entrada de hoy, tiene 347 palabras, por lo tanto, me sobran 345.

Si tienen ustedes más sugerencias sobre cómo mejorar este blog, serán bienvenidas, pero por favor,...

...sean breves. 

Básicamente, me han dicho lo que le dijeron
 los estudiantes a Jean Paul Sartre:
«Sea claro, sea breve»

domingo, 8 de abril de 2012

Spain is Freaky

N. del A. Deliberadamente utilizo incorrectamente el término Friqui, que en puridad se refiere a aquellos que frecuentan determinadas aficiones relacionadas con ciencia ficción, cómics, etcétera. Lo utilizo en el sentido que se le da entre los adolescentes, quienes llaman  friqui a los compañeros de clase denominados "raros". Muchísimas cosas les parecen raras: en general, todo lo que nos gusta a los padres, es de friqui.
Año III, opus 96
Dice que mi hijo mayor que soy un friqui porque escribo en un blog y creo que tiene razón. Por si no lo habían notado, confieso a ustedes que escribo en un blog y me parece éste un buen medio para confesarlo. Pero hay más:


Desde su visión juvenil, un friqui es sinónimo de pringao,  de persona apocada que no sigue la corriente general o no puede seguirla. Un chico raro que estudia antes de los exámenes. Un firme candidato a recibir a la salida de clase una ración de pescozones o a alimentar con su bocadillo a los bravucones del instituto. Alguien que se empeña en mantener aficiones raras y con los que no se puede contar para las salidas divertidas, pero que son imprescindibles a la hora de conseguir apuntes de clase. 




Yo pertenezco a un inmenso grupo de ciudadanos pringaos, puede que muchos de ustedes también. En esta España que me tiene tan preocupado, todos nos sentimos raros y miramos con temor a nuestro alrededor por si nos cruzamos con los temidos bravucones. 


España entera es friqui. Parece como si en la Unión Europea todos los bravucones estuviesen esperando a España  a la salida de los Mercados para darle una ración tras otra de pescozones, cogotazos, cachetes, mojicones, cates, soplamocos, tortazos, porrazos, guantadas, trompadas, moquetes, remoquetes y bofetadas.


Portugal, Irlanda y Grecia agachan la cabeza contra la pared del patio, porque ellos ya han recibido lo suyo y, humana condición, no les parece mal que se otros compartan su desdicha. Mal de muchos, consuelo de tontos.


Los bravucones especuladores terminan con las manos doloridas de alternar el reparto con el de atesorar dinero. La directora, Fraü Merkel y el jefe de estudios, Mr. Sarkozy, no están dispuestos a acabar con la violencia, porque de  alguna manera se están beneficiando también.


No sólo nos pegan, también nos quitan el bocadillo. Esta mañana he leído en el periódico que se anunciaban más recortes en Sanidad y en Educación (¿más?) y se prevé empezar a cobrar por servicios públicos que ahora eran gratuitos. También que se prevé modificar el código penal y la ley de Huelga para evitar protestas que resulten incómodas. Dentro de poco tendremos que pagar por los porrazos que nos den los guardias (¿habrá bonos de diez?)


Tenemos aficiones que son cada vez más raras, como la de leer o escribir, y algunas que siguen siendo funestas después de doscientos años, como la de pensar. Unos pocos tenemos blogs (unos pocos de cientos de miles, se entiende) donde podemos escribir lo que queremos, aprovechando que es gratis. Todavía...


Pero nos queda un consuelo, y es que nos necesitan. Nos pedirán los apuntes de clase, o lo que es lo mismo, nuestro voto. Y nosotros, felices y gozosos, haremos uso de nuestro derecho cívico de votar con la ilusión de quien se sabe poseedor del poder de cambiar las cosas. Votaremos pensando engañados que participamos en la toma de decisiones que nos afectan, cuando lo único que hacemos es seguir las pautas que nos imponen los gamberros del patio.


Tiene razón mi hijo, soy un friqui incorregible. Y un pringao de marca mayor.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Quemarse a lo bonzo

N. del A. Mañana tenemos huelga general. Ustedes harán lo que consideren oportuno, yo, con más pundonor que esperanza, voy a intentar poner mi granito de arena en la defensa de unos derechos sociales destinados a la escombrera por los oscuros magnates que manejan los cuartos. 
Año III Opus 95

el país

La ola de inmolaciones tibetanas a lo bonzo se extiende a India

Un tibetano exiliado se prende fuego en Nueva Delhi en vísperas de la visita del presidente chino



Es una inveterada costumbre en los tibetanos la de quemarse vivos en son de protesta. Algo que viene de siempre y que no es exclusivo de los tibetanos: con la guerra de Vietnam muchas personas tuvieron muchas oportunidades de ejercitar esta costumbre y el año pasado, con la Primavera Árabe hubo otros casos en Egipto y en Libia. No sé qué pensarán ustedes, yo digo que allá cada cual, que normalmente todos se queman por una buena causa y nadie lo hace para defraudar a Hacienda. No obstante, soy partidario de otras formas de protestar por las injusticias en las que se puede salir vivo para protestar por más. En un mundo donde es cada vez más necesario el reutilizar y el reciclar, un bonzo es ineficiente porque sólo vale para una vez y hay muchas cosas por las que luchar. 

En España se ha convocado una huelga general el día 29, o sea, mañana. Equivale a protestar a lo bonzo, pero con posibilidad de reutilización. Hago la comparación con los bonzos porque es generalizada la opinión de que los que haremos huelga mañana perderemos la guerra y el dinero. En general, cunde la desesperación y muchas personas me han confesado que «...yo la voy a hacer, aunque sé que no va a servir de nada...». Tendremos la oportunidad de protestar, gritar, corear consignas manidas y perderemos con seguridad el dinero que nos descuenten.

Lo que les decía, es la versión reutilizable de bonzo, un quemarse para nada.

Sí, para nada porque el pobre hombre que se inmoló en la India ni siquiera habrá conseguido interrumpir el desayuno del presidente chino, cuya presencia debe ser muy molesta para que uno prefiera quemarse vivo antes que verle por su ciudad. Ni siquiera en la prensa occidental estos sacrificios han acaparado titulares, al contrario, aquí llega mejor a las primeras páginas de los rotativos una hemorroide de Messi o de Cristiano Ronaldo que un joven que se suicida para decirle al mundo que su pueblo lleva ya demasiado tiempo ahogado por el dominio chino.¿A quién le importa?

Esto mismo es lo que tanta gente piensa que nos va a suceder con la huelga, que unos cuantos inocentes nos vamos a quemar en la protesta (es una metáfora, yo ni en la playa me pongo al sol para no quemarme) y ni siquiera despertaremos al Dragón. Unos medios de comunicación la considerarán  un gran éxito, otros un rotundo fracaso. En los libros de historia especializados de dentro de medio siglo ocupará medio renglón, en una nota al pie.

Sin embargo yo escribo esta entrada para decir que no es así. Que no me estoy quemando yo mismo, que los pirómanos son otros y están reduciendo a cenizas la lucha de un siglo por la igualdad social. Que en esas cuatro palabras de los libros de historia se dirá que la involución contó con la oposición de, al menos, este bloguero. Que quiero decir a mis hijos que en el futuro sufrirán una vida laboral propia de sistema esclavista, pero que hubo gente que no creyó en la mentira.

Muchos pensarán que hacemos huelga a lo bonzo, pero yo no me voy a quemar con gasolina, en primer lugar porque está carísima y en segundo lugar, porque quiero estar bien vivo para seguir dando mi voz contra la injusticia.

jueves, 15 de marzo de 2012

No hay de qué

N. del A. Mi hijo ha grabado una canción que se llama «Gracias». Y yo contesto, educadamente «no hay de qué», aunque en el fondo yo también debo darle las gracias por un bonito gesto y por unas palabras que han sembrado flores en mis oídos. 
Año III, opus 94
Para evitar malentendidos, aclaro que
mi hijo es el que está de espaldas.
Hoy les traigo algo bonito. Se trata de una creación de mi hijo mayor, así que no hace falta aclarar que es algo bonito para mi, algo personalmente bonito.

Se ha reunido con unos amiguetes y ha grabado una maqueta de un disco de hip hop, llamado Sicology. Una de esas canciones es la que les traigo aquí y que contiene estos versos que, sin duda, son para enternecer a un padre. Permítanme que les señale este extracto:

Gracias a cuando mal estuve,
a mamá por sus grandes días azules,
a papá por quererme aunque mal actúe,
y a mi hermano por no cometer los errores que tuve.
Gracias por enseñarme una historia,
por darme una familia que apoya
y que ahora apoyo en cualquier tragedia.
Levanta, me decía mi madre,
que hasta la torre más alta se cae.
Hoy quiero que sepas que mil cosas agradezco,
de tales padezco, 
nadie nace perfecto...


Pues eso hijo, que no hay de qué. Te quiero, Pablico.

* * *
Hablando de otras cosas, tengo que comunicar que me han condenado a seguir una dieta hipocalórica para perder peso. Todos los días oímos hablar sobre recortes en los gastos públicos, en las prestaciones sociales, en los beneficios empresariales, ... pues ya han llegado también los recortes a mi mesa. Dolorosos recortes, hay que añadir, se ha planteado el objetivo en un 15% de mi PIB. Sumisamente lo he aceptado, puesto que acudí por mi propia iniciativa a la consulta del médico, pensando que si me entregaba obtendría una rebaja en la condena. No ha sido así y además le reprocho a la doctora que, siendo ella una funcionaria que cobra de los impuestos que yo pago, no hiciera el más mínimo esfuerzo por hacerme desistir. 

Estará desmotivada. Mísera es la vida de aquél que debe desprenderse de una parte de sí mismo.

lunes, 12 de marzo de 2012

Las dos Españas

N. del A. En la manifestación de ayer contra la Reforma Laboral que coincidía con el aniversario de los atentados de 2004 hubo asociaciones de víctimas del terrorismo que se pusieron a favor y otras que lo hicieron francamente en contra. La imagen fue de que unas se alineaban con el partido del gobierno y otras con el de la oposición, cuando no cabe en la cabeza que tengan intereses distintos. Por esta razón, me acuerdo de las Dos Españas. 
Año III, opus 93
Antonio Machado escribió, unos años antes de que la guerra le expulsara de su país, estos sencillos versos:
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
De eso hace setenta años , pero hoy en día seguimos igual. Sigue habiendo dos Españas que miran cada una a un lado de la calle distinto. Supongo, no obstante, que esto pasa en todos los países, pero en España, durante algunos engañosos años, parecía que habíamos desterrado el ambiente de enfrentamiento político a ultranza y sin embargo, en los últimos años, estamos  viendo renacer el cainismo y la discordia. Una palabra muy utilizada cada vez más en los medios de comunicación es frentismo, un neologismo que no se refiere a que, como en mi caso, tenemos cada día que pasa una frente más despejada, sino que señala el prurito tan ibérico de estar permanentemente en contra del vecino. 
Esta imagen es el icono más utilizado para definir las dos Españas, que ya existían cuando Goya pintó esta
«Riña a Garrotazos». No hace falta ser experto en lucha cuerpo a cuerpo para ver que se zurran sin protegerse,
con lo que el resultado será de lo más simbólico: los dos acabarán hechos
unos zorros.
Es cierto que durante demasiados años se nos quiso hacer creer que éramos «Una, Grande y Libre», cuando, en el fondo, seguíamos siendo dos Españas, una encima de la otra, no precisamente libres y, esto hay que decirlo, de un tamaño muy modesto. Los reyes de antaño se autotitulaban «Reyes de Todas las Españas», probablemente porque sabían que es imposible que fuéramos sólamente una. 
Yo no quiero un país enfrentado consigo mismo; amo la diversidad, pero no el  enfrentamiento, que eso ya lo vivieron mis padres. 


España sigue siendo un país bipolar:


→En la política, el devenir electoral ha producido en la práctica un régimen bipartidista, salvo en aquellas regiones donde existen además opciones nacionalistas o regionalistas, que finalmente se pondrán de lado de uno o de otro. Al final, todo el poder está repartido entre dos partidos Alfa, que alternativamente toman el mando de la manada, previa paliza al contrario.
→En la Justicia, institución que debiera ser más neutra que un detergente para bebés, comprobamos que  también se han dividido en jueces progresistas o conservadores, según deban homenaje a uno u otro señor.
→En los medios de información podemos, con poco esfuerzo, saber de qué pie cojea cada uno. Especialmente, las cadenas autonómicas de televisión cojean tanto que podrían aplicarles perfectamente la Ley de Dependencia.
→En la corrupción, donde parece que los dos partidos dominantes pugnan, no por combatirla, sino por acapararla. Fácilmente podríamos hacer un mapa de coropletas donde gráficamente veamos las zonas de España esquilmadas por uno o por otro. 
→En el fútbol. Si hemos de creernos lo que dicen las noticias, sólo existen dos equipos de fútbol en España. Hay quien relaciona las victorias del FC Barcelona con los períodos socialistas y los de Real Madrid con los periodos del Partido Popular. Yo no hago eso por prudencia, sé que no debemos introducir la política en el campo de fútbol ni la nitroglicerina en el depósito del automóvil.  

→En nosotros mismos. Tenemos un cerebro dividido en dos, cada parte gobierna un lado del cuerpo y hace que seamos diestros o zurdos. Todos tenemos un lado bueno y otro malo, una parte femenina y otra masculina, una parte consciente y otra subconsciente... Esto no tiene nada que ver con las dos Españas, pero me venía al caso decirlo así que aprovecho.

Por todo esto veo con pena y con cierto temor este panorama de la vida política española, que nos impide colaborar ni en lo más importante. El ejemplo de la entradilla me parece claro: si ni siquiera las víctimas del terrorismo están de acuerdo en lo que reclaman, ¿qué podemos esperar de cosas mucho menos importantes?

viernes, 24 de febrero de 2012

Durmiendo con su enemigo

N. del A. El título de la entrada de hoy hace referencia al hecho de que a los funcionarios de policía que nos apalean en las manifestaciones los pagamos nosotros. Ellos son parte de nosotros también, pero no los controlamos. Como el marido maltratador de Julia Roberts en la película "Durmiendo con su enemigo". Y también a las declaraciones del jefe de la policía valenciana llamando enemigos a los manifestantes.

Año III, opus 92

26 detenidos en el cuarto día de protesta contra los recortes en educación

La concentración convocada en el instituto Lluís Vives se extiende a toda la ciudad

Dos centenares de alumnos se reúnen en asamblea en la Facultad de Geografía e Historia

 /  /  /  Valencia 21 FEB 2012 - 17:17 CET
























En estos días hemos contemplado las imágenes en las que se veía a la policía española (sí,la nuestra) repartiendo porrazos a diestro y siniestro. En Valencia se protestaba por los recortes presupuestarios en Educación, pero parece ser que a la hora de repartir golpes la Administración no repara en gastos. Da la sensación de que los agentes se han desahogado a gusto con una barra libre donde han golpeado a menores y a mayores. Los responsables políticos también se han desahogado llamando "enemigos" a los manifestantes y justificando la represión más o menos con un "porque sí". 

La policía alega que hubo agresiones, insultos y vejaciones a los agentes. Eso es delito en España, estamos de acuerdo, pero hemos visto en los videos a agentes golpear a manifestantes que no ofrecían resistencia ni estaban en ese momento cometiendo delito alguno. Si antes habían cometido un delito, aunque sea un delito de genocidio, se les podía haber detenido sin majarlos a palos. 

La policía debe actuar contra los que están deliquiendo, no contra los que están protestando. Protestar no es delito en España. Quemar un contenedor es delito y está muy feo, pero gritar en la calle para pedir una Enseñanza digna no lo es. Comprendo que sea difícil el trabajo de las fuerzas antidisturbios, pero eso no me parece excusa para que nos zurren de forma indiscriminada. Como hay muchos vídeos en la red para poder ver, sólo voy a incluir uno que es precisamente de los menos violentos, pero sí significativo:



El agente le sopla un guantazo a un chaval que no estaba haciendo nada de nada. Eso en España también es delito. No me imagino ninguna razón para no expedientar de oficio a ese funcionario . 

Lo peor es que a estas personas les pagamos nosotros. Y a los que han dado la orden de disolver las manifestaciones con sangre también. 

La Historia es un péndulo, parece que la vida viaja en un sentido y de pronto vira y se desarrolla en el sentido contrario. El veinte de noviembre pasado, día de las últimas elecciones generales, hacía 36 años que murió Franco que, por cierto, también gobernó durante 36 años. No sé qué opinan ustedes, pero parece que el péndulo ya ha dado la vuelta en la dirección opuesta a la tolerancia y la libertad. 

Yo, un demócrata trasnochado, un retroprogre y un hombre de bien, estas cosas no las quiero ver ni en mi país ni en ningún otro. 


sábado, 18 de febrero de 2012

La Guerra de las Hormigas

N. del A. Hoy les propongo otra situación doméstica, a ver si ustedes, que son tan vivos, encuentran cuál es la moraleja de esta historia. Si la encuentran, díganmela, que yo no soy tan vivo. 
Año III, opus 91
Al principio de llegar a esta casa donde vivo no estuve solo. Mi casa era la razón social de un hormiguero de modestas proporciones compuesto por miles de hormigas tenaces y batalladoras que, seguramente por ser educadas comunitariamente por su sociedad sin el modelo de una madre y un padre, exhibían un comportamiento absolutamente intolerable para un humano como yo. 

Tenía el hormiguero varias salidas por los azulejos de la cocina y por el rodapié del salón, de manera que podían acceder fácilmente a los restos de comida que mis hijos abandonaban indolentemente en contra de mis esfuerzos por enseñarles que en la guerra nunca se abandonan los recursos a merced del enemigo. En tan sólo unas horas,  las malvadas hormigas trazaban un detallado plan de acceso a la comida y lo ejecutaban con precisión suiza.  Desarrollaban una ordenada y admirable cadena de hormigas donde todas trabajaban como si fueran una sola. No parecían hormigas españolas. 
Tenían la misma predilección por los donuts que yo. Entonces, ¿porqué
no pesaba cada una de ellas noventa kilos? ¿Es que los donuts engordan
más a los homínidos que a los himenópteros?
En mis relaciones con el reino animal me rijo por el criterio de la reciprocidad. Yo no me alimento de leones y exijo por lo tanto a los leones no me devoren a mi. Tendría toda la razón del mundo un cordero lechal que pretendiera comerme las costillas, porque no haría otra cosa que ser recíproco conmigo. Con las hormigas exijo que se atengan al mismo criterio: yo no me introduzco en su hormiguero acompañado de diez mil amigos míos a deambular por él en busca de comida. Este mismo comportamiento es lo que les pedía a las hormigas. 

Dejemos aparte el debate de quién llegó primero, porque sólo es estéril demagogia. Yo, al contrario que ellas, tengo  un contrato legal de alquiler y   la comida la he pagado yo y es mía. Como buen eurocomunista que soy, considero una injusticia la existencia de la propiedad privada siempre que no me toquen lo que es mío. La conducta atrevida y hostil de las hormigas y sus reiteradas violaciones de mi soberanía territorial constituyeron  fundamentalmente la razón de la declaración de guerra.

En primer lugar, seguí la táctica de la tierra quemada para vencer al enemigo privándole de sus recursos. Guardaba concienzudamente la comida, eliminaba cuidadosamente todos los restos y limpiaba los suelos con productos especiales. Daba igual, cualquier descuido provocaba un desaforado ataque de las hormigas y se formaban de nuevo las caravanas del expolio. 

En una segunda fase, inicié la guerra química. Los insecticidas más potentes del mercado combinados con selladores para tapar los agujeros. Incluso urdía trampas con azúcar envenenada. Cada verano, renovaba las operaciones en forma de guerra preventiva, al más puro estilo de G.W. Bush. Fue inútil, siempre volvían. 

En la última fase de la guerra, me empleé a fondo en el cuerpo a cuerpo y la guerra de guerrillas. Espiaba agazapado detrás de una silla a que pasaran las hormigas exploradoras que, con insolencia y osadía, se internaban despreocupadamente por la casa. Las capturaba vivas, para interrogarlas. Las torturaba despiadadamente para que confesaran dónde estaban las entradas al hormiguero, pero jamás obtuve de ellas ni una sola información. Sólo su nombre y su rango. Un valor así no se ha visto nunca en ejército alguno. 

Cuando ya había abandonado la idea de vencer al enemigo por medios militares y acariciaba la idea de una solución negociada, las hormigas abandonaron mi casa. Desde hace más de un año no aparecen, ni siquiera las exploradoras. Las costumbres se vuelven a relajar y de nuevo podemos vivir como guarros arrojando sin aprensión las mondas de fruta al suelo. Las extraño mucho. A veces me escondo para vigilar la basura con la esperanza de que vuelvan a aparecer.  Parece que nada hermana más que el odio mutuo.

Sólo ahora he sabido lo que ha pasado. Nada había podido con ellas, ni la guerra química, ni la traición ni la tortura. Sólo la crisis económica las ha vencido: el hormiguero ha declarado el cierre patronal y todas las hormigas han sido despedidas de su empleo. Ahora estarán pasando los lunes al sol, disputando en el parque las migas de pan a las palomas. Ignoro cuánto de culpa tengo yo de su desgracia,  pero aunque las combatí con todas mis fuerzas, ahora estoy dispuesto a donar parte de mis desperdicios para que las hormigas tengan una caja de resistencia. 

Y les pido reciprocidad, que el día en que yo perdiere mi empleo, ellas me ayuden trayéndome miguitas de pan robadas a las palomas.


LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...