jueves, 6 de junio de 2013

Cuatro políticas con freno y marcha atrás

N. del A. El admirable Jardiel Poncela me proporciona el título para poder hablar de más desafueros, injusticias, arbitrariedades, excesos, abusos, atropellos, tropelías, alcaldadas y desmanes que crecen generosamente en los feraces páramos de España y que consiguen que sienta que vamos marcha atrás, como si al país se le hubiera acabado la gasolina en lo alto de una cuesta.
Año IV Opus 131
Hoy no hablo de recortes.

La palabra "recorte" ya me aburre más que contar las hojas de un paquete de folios, porque de unos años a esta parte, todas las instituciones públicas o privadas y todas las familias humanas o animales se han desatado orgiásticamente a reducir los gastos con el mismo frenesí con que antes se despilfarraba. El resultado de tanta mengua nos inunda y nos satura y, a este paso, pronto llegaremos al punto en que ya no nos duelan los azotes.

Por esta razón me he propuesto no hablar más de esta locura, que ya está todo dicho y oído salvo la palabra "basta" en las bocas que deben pronunciarla. Para compensarlo,  he puesto el ojo en las antípodas, es decir, en aquello en lo que en vez de recortar, la política institucional fomenta y ayudará a invertir. He descubierto una nueva máquina del tiempo que nos arrastrará a tiempos remotos. Hagan ustedes la media:

Un retroceso de veinte siglos: el fracking
(Retrocedemos hasta los romanos, quienes ya usaron esta técnica en Las Médulas y, aunque hoy queda un paisaje precioso, hay que ver cómo lo dejaron)


La política energética ha dejado de primar las energías renovables y apuesta claramente por técnicas como el fracking, que no es vestir con elegancia un frac, como el James Bond de Roger Moore, sino una técnica para la extracción de gas natural consistente en inyectar agua con determinados productos químicos en la  Madre Tierra, para liberar las bolsas de gas que hay bajo el terreno. Aunque ya se hace sin esperar a la ley, cuando en muchos países se están prohibiendo estas técnicas, aquí vamos a regularlas. Cuando ellos vuelven, nosotros vamos.

Un retroceso de un siglo atrás: la fiebre del oro en Galicia
(Retrocedemos hasta el XIX, cuando se buscaba oro en California, en Siberia o en Mongolia)

Mina de oro a cielo abiertoEl oro es muy caro. Un kilo de oro no sólo nos cuesta 20.000 euros, sino que también nos cuesta unas hectáreas de monte perdido por la apertura de la mina y unos kilos de arsénico envenenando el subsuelo por el proceso de separación del mineral (y si además, procede de determinados países, también puede costar  la vida de algún niño obligado a internarse en agujeros en la tierra) En vez de proteger el paisaje gallego y la tierra que donde se crían grelos y cachelos, la política minera es fomentar la mina a cielo abierto con la eficaz excusa de que crearán 1600 empleos, oro para hoy y hambre  y arsénico para mañana.

Un retroceso de 50 años: La Ley de Costas
(Retrocedemos hasta la época del Landismo, cuando se perseguía a las suecas en bikini)

Los prohombres de negocios de los años del Milagro Español  buscaron la Gallina de los Huevos de Oro  en las playas españolas del Mediterráneo y la sepultaron bajo un manto de cemento y hormigón, casi a ras del agua. Para evitar que las playas desaparecieran, cuando ya era tarde se prohibió construir a menos de los cien metros, pero ahora ese límite se ha vuelto a dejar en veinte. Lo que son dos filas de sombrillas.  Quedan 80 metros de playa para resucitar el mundo del ladrillo o construir maravillas de la Humanidad como el Hotel Algarrobico, ese que cuesta más derribarlo que construirlo.

Un retroceso de 77 años: la privatización del agua
(Retrocedemos hasta la época anterior en que La Declaración de Derechos Humanos estableció que el agua es un bien de todos)



Que el derecho de acceso al agua potable es de los más importantes es sabido sobre todo por aquellos que no lo tienen, más de mil millones de personas. Y es ignorado por quienes piensan que se puede convertir en un bien comercial. En un país donde el agua escaseará dentro de algunos años merced al calentamiento global y al consumo sin control en campos de golf y piscinas privadas, la política hidrológica es subir las facturas a los ciudadanos y luego privatizar las distribuidoras en unas condiciones inmejorables. Cuando haya escasez, veremos la solidaridad y hombría de bien de las empresas privadas.


Somos corazones con freno y marcha atrás. Vamos de culo.






viernes, 10 de mayo de 2013

Vida sencilla y sana

N. del. A. La tragedia de Bangladesh debería concienciarnos de que nuestros hábitos de consumo son responsables de buena parte de las desgracias que asolan el mundo y tal vez, en el futuro, hagan el trabajo del meteorito destinado a destruir la vida en el planeta. Pero ninguno de nosotros queremos que nos molesten, mejor mirar a otro lado. Somos así.
Año IV Opus 130
Esta mañana me he levantado temprano, cuando el maldito radio despertador fabricado en el sudeste asiático por mano de obra infantil ha inundado el silencio de mi habitación con las noticias de una emisora radiofónica que, como todas, difunde información tergiversada y tendenciosa. He refunfuñado y jurado  como un galeote, a pesar de que el sólo hecho de madrugar para ir al trabajo cada día laborable me diferencia de algo más de cinco millones de personas sólo en España.  No es bonito, pero qué le voy a hacer.

He desayunado un vaso de leche de vacas criadas y ordeñadas industrialmente donde he disuelto un par de cucharadas de cacao, cultivado y molido en un asolado país de África por unas pobres gentes a las que malpaga una multinacional europea. Después, me vestí con ropa sencilla, no soy de mucho presumir, así que me bastan las prendas que compro en tiendas de moda, bonitas aunque baratas, porque se fabrican en Bangladesh, bajo uno techos que se vienen abajo en cuanto la ocupación humana apenas supera el quinientos por ciento del aforo. No es bonito tampoco, pero qué le voy a hacer.

Acudo al trabajo en el metro, gracias a ese milagro que es la energía eléctrica que generan nuestras centrales nucleares, las cuales no me preocupan porque son fiables al cien por cien, según nos aseguran los grandes divos del Consejo de Seguridad Nuclear, a quienes Dios Guarde Muchos Años (cerca de un reactor, si es posible). Bien pensado, no puedo decir que es bonito, pero qué le voy a hacer.

Ya en la oficina, he podido atender muchos clientes, merced a las disputadísimas tierras raras que son parte imprescindible de los chips superconductores de mi ordenador. Puede que en el futuro estemos en guerra con China por el control de esos lantánidos. Y también puede ser que el litio que alimenta las baterías de mi móvil acabe algún día con los bellos salares bolivianos. Sé que todo eso no es bonito, pero qué le voy a hacer.

Al llegar a casa, como no tenía atún de ese que se pesca dinamitando delfines, tuve que utilizar mi coche para ir al supermercado, a pesar de que sé que el efecto invernadero nos augura un árido y terrible futuro, pero lo he contrarrestado utilizando combustible con mezcla de biodiésel, es decir, que se rebaja la carga de carbono de origen fósil con carbono de origen alimentariamente injusto. Dicho así, está claro que no es bonito, pero qué le voy a hacer.

Cuando por fin puedo descansar en casa, pongo lavadora y me ducho a placer, sin miedo a gastar agua porque este año ha llovido mucho y no recordamos ya los años de la pertinaz sequía. Ceno una ensalada con insulsas verduras traídas en avión desde el otro lado del planeta y me hipnotizo con el fútbol que profusamente me sirve la televisión a diario. Bonito, lo que se dice bonito no es, pero qué le voy a hacer.

Esta es mi vida sencilla y sana, en la que transcurren pacíficamente los días sin haber hecho daño a nadie. La vida no es justa, alguien tiene que solucionarlo. Alguien que tenga tiempo, que yo tengo que ir a comprarme un chándal o a planificar mis vacaciones. Soluciónelo usted, por ejemplo, yo no puedo porque sólo estoy programado para consumir, contribuir y, cada cuatro años, votar. Porque yo no soy responsable de... ¿nada?

Está claro que no es bonito, pero si sabe de algo que pueda hacer yo, no me lo diga. Por favor, no me moleste.

lunes, 8 de abril de 2013

Disculpe el señor

De Manel Fontdevila, en El Diario.es 
N. del A.: Hoy, clase de lexicografía, la crisis nos enseñan nuevas palabras, entre otras, escrache. No lo tomen a broma, cada vez hay más pobres en España y el número ya es alarmante. Como dice la canción de Serrat, "disculpe el señor, pero este asunto va de mal en peor".  
Año IV opus 129
La diosa Crisis no sólo destruye, también aporta cosas a la cultura del siglo XXI. Entre otras cosas, nos enseña a todos un nuevo lenguaje, nuevas palabras y nuevos conocimientos que antes ni imaginábamos. Antes del 2009, nadie hablaba de la deuda soberana, del riesgo país,de la prima de riesgo o de la dación en pago. Ahora en cambio, son palabras que salen espontáneamente en cualquier charla de café. Para nuestra desgracia, hemos recibido un curso acelerado de economía aplicada vía noticiarios y ningún informe PISA va a reconocer nuestro aprendizaje.

Con la inestimable ayuda de periodistas y políticos, hemos pervertido el significado de otros muchos términos: llamamos rescatar un país a lo que racionalmente deberíamos llamar condenarlo. Una quita era antes la condonación de una deuda; desde lo de Chipre, esa palabra significa que te clavan una deuda que no es tuya. Se dice medidas correctoras o ajustes donde debía decir supresión de servicios. Por último, antes llamábamos terrorismo y golpe de estado a cosas completamente distintas a ejercer el derecho de libertad de opinión, como al parecer significa ahora.

Una tercera vía es la de importar palabras. Del otro lado del charco nos llegan palabras que jamás creíamos que usarían en nuestras carnes. De Argentina nos llegan los términos corralito y escrache.  Cada vez que el Gobierno asegura que es «absolutamente impensable» que suframos un corralito como el que sufrieron los argentinos en 2001 salgo corriendo al banco a retirar todo mi dinero. En la sucursal me devuelven a la realidad y me convencen de que no estoy en peligro, porque tengo mi cuenta más desolada que el aeropuerto de Castellón.

Otra cosa es el escrache, que en Argentina se acuñó en 1995, para señalar con el dedo a torturadores y asesinos. Aquí,  según la Delegación del Gobierno,  los terroristas son los que señalan, no los señalados. Particularidades de la madre patria. Sin embargo, sepan que esa técnica ya había sido ideada por Joan Manuel Serrat en 1992, aunque sin usar ese nombre. 

Si no me creen, escuchen el siguiente vídeo. Millones de pobres acuden al recibidor de la casa de un rico. Es un escrache pacífico en toda regla.




lunes, 25 de marzo de 2013

Amanece que no es poco



N. del A. Me había prometido no escribir sobre política durante algún tiempo, pero se ve que con la política es imposible no faltar a la palabra dada. El otro día comentaba en un blog amigo sobre las películas de cine español y al hablar de ésta se me vino a la cabeza que nuestro país es un lugar tan absurdo como el argumento de esta película rodada en la Sierra del Segura.
Año IV, opus 128


Cuando José Luis Cuerda rodó "Amanece que no es poco" con un guión que recreaba situaciones y personajes absurdos en un pequeño pueblo perdido de la mano de Dios, poco sospechaba que veinte años después España se iba a convertir en un escenario tan absurdo y delirante como el de la genial comedia. Muchas son las escenas de la película que me recuerdan nuestro presente, este presente raro y diferido como las indemnizaciones simuladas, que nos conduce a no sabemos dónde y nos trae añoranza de tiempos pasados que, no lo olvidemos, tampoco nos parecían buenos. Baste mencionar algunos lances de la película que nos recuerdan a la situación actual:

Allí los hombres brotaban silvestres
en los bancales. Es más ecológico
 que buscar novio en internet
Como los habitantes de  aquel pueblo, los españoles nos hemos acostumbrado a ver con absoluta normalidad lo más increíble, hechos  inimaginables en tiempos no muy lejanos,  exhibiendo la resignación de quien se enfrenta a lo inevitable. A pesar de las mareas ciudadanas, de las conversaciones de café y de los hervores en las redes sociales, se acepta resignadamente la idea, propagada intencionadamente sin duda, de que lo peor está por venir y que mejor se está de tuerto que de ciego. De este modo se explica que se hagan huelgas salvajes, no para mejorar, sino para conseguir que la reducción del sueldo sea inferior a lo previsto.

Esta resignación estoica ayuda a algunos a pasar por alto los gags más dementes que nuestros histriónicos gobernantes han representado en los últimos tiempos, como por ejemplo,  facilitar los despidos para crear más empleo, fomentar la actividad de los casinos mientras se penaliza la de los teatros o confundir los golpes de estado con manifestaciones populares, precisamente el rasgo más conocido, junto con las urnas, de una democracia.
El munícipe por antonomasia,
con su turgente querida

En aquella película, brotaban silvestres los hombres guapos en los bancales; en las tierras de nuestra España, abonadas con sudor y descaro, medran especies vivaces de tesoreros y oportunistas que lo invaden todo y que tienen hojas de cualquier color político con la savia negra del color de su dinero. Estos políticos que se guisan en pepitoria la gallina que nunca puso huevos de oro, son personajillos que se han creído a pie juntillas el rol del alcalde que encarnaba José Luis Alonso, es decir, se creen que ellos son necesarios y los ciudadanos somos contingentes, cuando es al contrario.

Además,  se permiten planificar unas políticas cambiantes de un momento a otro, como aquellos surrealistas exiliados argentinos que un día olían bien y al siguiente montaban en bicicleta y que nos llevan a situaciones tan absurdas como defender la sanidad pública privatizando los hospitales, como rescatar al prestamista y no al desahuciado, o plantear una mejora de la calidad de la educación  mediante la original idea de enseñar menos arte a nuestros pequeños a cambio de enseñarles a hacer negocios (emprendedores lo llaman). Tal vez piensen que faltan negociantes y buscavidas en nuestros pagos. O tal vez pretendan dar las calificaciones "en negro" y dentro de un sobre para avezar a los alumnos y alumnas en las herramientas del poder, o tal vez, consigan que el alumnado se sienta reprimido y perjudicado por una reválida impuesta como sucedió a los escolares de la escuela del cinematográfico pueblecito.

Los escolares se rebelaban ante una educación anticuada.
Tome nota, señor ministro, tome nota
Lo más terrible es que el peligro siempre presente de esta España surrealista y prodigiosa es que acabemos igual que el film de Cuerda: con un guardia civil disparando contra el prodigio. Es un final recurrente en la historia de España y conocido por los que aún aprendimos historia en el colegio.
El cabo se "cagaba en el misterio"  de que
amaneciera por donde no lo esperaba la
Autoridad. Amanezcamos mañana por donde
nos dé la gana.
Y no queremos verlo como sucedió hace ahora treinta y dos años.

jueves, 7 de marzo de 2013

Fantasías animadas de ayer y hoy.


N. del A. El blog de natsnoC, Chez Morera, celebra su segunda semana temática con el tema la Fantasía. Una estupenda idea a la que me he sumado sin pensarlo, como se hacen las grandes cosas de la vida. A pesar de sus muchas acepciones, la  palabra me trae recuerdos de dibujos animados y de eso hablo hoy.

Año IV opus 127

Como le sucede a casi todos, no se me da muy bien eso de escribir sobre un tema decidido previamente. Ser bloguero es un oficio romántico y por lo tanto, tenemos absoluta dependencia de las Musas, que inspiran sobre lo que ellas quieren y no aceptan encargos. Pese a ello, si algún día quiero ser alguien en esta sociedad de pelotas y correveydiles es menester que aprenda a escribir al dictado, así que lo intento. Al fin y al cabo, se trata de escribir sobre un tema libre porque nada hay más libre que la fantasía.

Sobre la palabra fantasía hay miles de posibilidades, pero la primera idea que me saltó de los pliegues del hipocampo fue recordar aquellos dibujos animados de la Warner que empezaban "Fantasías animadas de ayer y hoy presentan...". Curiosamente también me vino a la cabeza Walt Disney y su lema "El mundo es una cascada de colores". Esto me demuestra que, al menos en mi cabeza, la palabra fantasía está relacionada con la infancia. Parece que la madurez consiste en alejarnos de las fantasías, salvo de las sexuales y aferrarnos a realidades asibles. Dado que todavía me gustan las películas de animación, debe ser que tengo aún mucho que madurar.

En aquellos años felices la paternal y única Televisión Pública nos dosificaba los dibujos a unas horas concretas de la programación televisiva, entre las seis y las ocho de la tarde los días de diario y luego los sábados por la mañana. Esto ayudaba a los padres a crear hábitos de horario en los hijos, pues había horas para la televisión y horas para otras cosas, no como ahora que con tantos canales hay programación infantil incluso de madrugada. En este punto no podemos usar la palabra progreso.

En esa reducida ventana horaria teníamos que aprovechar para ver los dibujos de Merrie Melodies y las aventuras de Busgs Bunny, el Pato Lucas, el Gallo Claudio, el invencible Correcaminos... En esta serie salía el personaje de Elmer Gruñón (Elmer Fudd) cuyo carácter irascible, su carita mofletuda y enorme cabezón me ocasionó que aún hoy mis hermanos me llamen Elmer.
Hay que decir que yo tenía otras preferencias, y era la inacabable variedad de los personajes de Hanna y Barbera. Por citar sólo algunos: el Gorila Maguila, el Perro Pulgoso, Leoncio el León y Tristón, los Autos Locos...Me encantaba ver al Oso Yogui por su capacidad para devorar emparedados de varios pisos porque yo entonces ya era un glotón. Adorable era el padre de familia de Los osos montañeses, hombre holgazán y de pocas palabras que sólo se levantaba de su mecedora para disparar a sus vecinos. 

De la serie de Terrytoons fui menos aficionado. Nunca me hizo mucha gracia Super Ratón, ese personajillo que nos inducía  al dopping, recomendando que no olvidáramos supervitaminarnos y mineralizarnos. Los ciclistas imputados en la Operación Puerto deberían denunciarle. 
Lo mismo podría decir de Popeye, y de su repelente novia Olivia,  una mujer voluble donde las haya, (en ella se inspiraría Verdi para su  Donna e mobile), porque en las peleas entre Brutus y Popeye cambiaba alternativamente de bando según el signo de la liza. Sólamente me atraía ver a Pilón comer pizzas y hamburguesas, ya que las entonces sobrevaloradas espinacas de Popeye no me abrían el apetito.

Por supuesto, hago mención especial a la Pantera Rosa, de la que aún hoy soy fan incondicional. Se demuestra que la palabra no es imprescindible, algo que ya sabíamos desde los tiempos de Charles Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd.

Y termino con una referencia a los dibujos modernos, de los que ven los chiquillos hoy en día. Si la palabra fantasía tiene algo que ver con Creatividad, eso se demuestra con la serie de Bob Esponja. Cuando ya creíamos que toda la fauna había sido representada en un personaje de dibujos animados, nos sorprenden con un entrañable objeto que todos tenemos junto al bidé para darnos brillo y esplendor allí donde la nobleza escasea. Fantástico.


lunes, 25 de febrero de 2013

Meteorito en Móstoles

N. del A.: Pido disculpas por retrasarme tanto en publicar algo sobre el meteorito que cayó en Rusia hace dos semanas. Yo tenía esto a medio escribir, pero me he entretenido con tontunas y ahora me pongo a ello. Espero que los meteoritos, asteoroides y otros cuerpos estelares no me lo tengan en cuenta. 

Año IV, opus 126
Móstoles es un pequeño pueblecito entrañable donde vivimos casi 200.000 habitantes todos desconocidos entre sí, y que habitamos amontonados en bloques de 10 pisos, para ahorrar casco urbano. Este hacinamiento es un imán para meteoritos, que podrían hacer con nosotros lo mismo que a los dinosaurios de hace 65 millones de años, es decir, aprovechar un momento en que estaban todos juntos para exterminarlos de una  sola pedrada. Dentro de un tiempo, se podría hacer una película llamada Mostolensic Park, con reconstrucciones virtuales de rugientes mostoleños en plan depredador. Mientras eso sucede, yo voy a imaginarme cuál sería la reacción de la vida pública española si cayera un meteorito de medianas dimensiones en el mismo Móstoles:
  • El alcalde de Móstoles, quien se salvó gracias a que, como buen vecino, vive en otro municipio para no manchar el suyo, se fotografía inaugurando el nuevo meteorito. Los únicos doce mostoleños supervivientes, recién nombrados concejales,  le aplauden.
  • El Gobierno de la Nación anuncia oficialmente que "no le consta" que haya caído ningún meteorito, y que en cualquier caso, ya ha sido expulsado de su partido.
  • El partido de la Oposición exige la dimisión del ministro del ramo, del "Hombre del Tiempo" y de Stephen Hawking.
  • El alcalde de Móstoles se fotografía inaugurando los nuevos contenedores de basura que sustituyen a los que ha destruido el meteorito
  • Las Comunidades Autónomas exigen compensaciones al gobierno central por la discriminación patente de que a ellos no les caen meteoritos.
  • Telecinco idea un nuevo reality show donde antiguos futbolistas y Belén Esteban compiten por cabecear un meteorito
  • El Gobierno regional declara que el meteorito es indudablemente un bien público de todos los ciudadanos y a continuación, publica un concurso para privatizar su gestión.
  • El alcalde de Móstoles se fotografía en el I Foro de Meteoritos Emprendedores
  • El gobierno recuerda que los meteoritos son una herencia del gobierno anterior y de paso anuncia la supresión de otra paga extraordinaria a los funcionarios, por "razonesh cosmicash imprevistash"
  • El programa dela Sexta El Follonero de Jordi Evolé demuestra que en otros países los meteoritos caen siempre en áreas despobladas merced a las medidas preventivas de sus gobiernos, mientras que en España caen en áreas superpobladas por pura desidia.
  • La prima de riesgo del Estado español se dispara, no por el meteorito,  que les importa un colín a los mercados, sino porque ya tocaba.
  • El gobierno regional tranquiliza a Las Vegas Sands dándoles garantías de que no habrá meteoritos en Eurovegas y de que tendrán más exenciones de impuestos.
  • El blog del Tío Eugenio  se cierra por descalabro interestelar de su autor (por su enorme cabezón se llevó lo peor del impacto).  El  partido de la oposición, que no se ha enterado del descalabro, exige la dimisión inmediata del Tío Eugenio
  • El Alcalde de Móstoles se fotografía inaugurando el nuevo blog del Tío Eugenio, que ahora es punto de encuentro de empresarios e inversores.


jueves, 14 de febrero de 2013

No matéis a tiros ni a Zombis ni a Vampiros

N. del A. Reivindico hoy los derechos de zombis, vampiros, orcos y demás criaturas que en el cine, la televisión o en los videojuegos son objeto de nuestro prurito de matar y matar. Ellos también nos quieren matar a nosotros, pero yo pregunto ¿quién empezó primero?
Año IV opus 125
No me gustan las películas de zombis ni las de vampiros. En este punto creo estar en contra de las últimas modas mayoritariamente aceptadas por los consumidores y que previamente han sido sin duda ideadas y planificadas por alguna oscura sociedad secreta compuesta por productores de cine y técnicos de márquetin. 

No me gustan las pelis de zombis porque son muy crueles. Se permiten mostrar escenas en las que los protagonistas destrozan indiscriminadamente cabezas de seres humanos, niños incluidos, y no nos escuece la conciencia porque la acomodamos pensando que ya no son personas, sino alimañas. Disparar sobre zombis «se puede» y permite fantasear con disparar a bulto contra las multitudes. Nos libera ese demonio que todos llevamos dentro y que está deseando tirotear a nuestro vecino, a nuestro jefe y a nuestra cuñada. Quién no ha pensado alguna vez en entrar en unos grandes almacenes y ametrallar todo lo que se mueva y sin embargo, sólo unos pocos, merced a la Asociación Americana del Rifle, consiguen cumplir esa fantasía. Los demás se limitan a excitarse mediante la idea de protagonizar una matanza con la tranquilidad que da saber que la policía no nos va a decir nada.

Yo, además,  confraternizo con los zombis porque me parezco a ellos: yo también soy torpe de andares, parco de palabras y voraz en el comer. Por favor, no por ello me vuelen mi monda cabeza,  ni siquiera cuando haya muerto.

Tampoco me gustan las pelis de vampiros, al menos las modernas, porque los no muertos de ahora son muchachos guapísimos a pesar de contar con cientos de años de edad, es decir, son insultantemente más atractivos que quien esto les escribe, más joven y aferrado a la vida que ellos. Estos vampirillos pisaverdes imponen  modas de ropa en la juventud y sin embargo, tienen remilgos de conciencia a la hora de morder a la muchacha que se les ofrece franca. Admiro, por el contrario, al conde Drácula clásico encarnado por Bela Lugosi o Cristopher Lee. Aunque chapado a la antigua, este vampiro era sobre todo, un elegante  caballero que recibía a sus víctimas en su castillo perfectamente peinado y vestido de gala, aunque fuera a deshoras y en medio de una tormenta feroz. Todo lo contrario que yo, que a cualquier hora del día me encontrarían en mi casa en pijama y con zapatillas de conejitos como un gañan. Era también este conde un vampiro certero y eficaz que nunca dejaba escapar un buen cuello femenino con escote estilo imperio

Igual que los vampiros, a mi también me gusta dormir por el día y asaltar por las noches escotes estilo imperio.  Por favor, no por ello me claven una estaca en el pecho, aprovechando mi sueño.

A veces creo que este mundo está dividido entre personas que caminan erráticas como zombis, siguiendo a cualquier seductor granuja sin saber por qué, sin otro afán que conseguir algo que comer o algo que ver en la televisión y por otro lado, las personas que gobiernan el mundo, los vampiros que se alimentan de nosotros, los zombis. Sin duda debe haber un rechazo oculto en nuestro subconsciente que no quiere ver que todos somos zombis o vampiros (vale, usted no, como quiera) y de ahí el temor que nos inspiran y las ganas de matarlos. De una manera u otra, no me gusta ver imágenes en  las que se mata con alborozo a estas criaturas, aunque sean seres no humanos, porque precisamente los genocidios del mundo real se apoyan en la misma idea: aquellos a quienes se aniquila no son personas.
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Menos mal que a los hombres lobo nos tienen que matar con balas de plata y eso encarece mucho que nos masacren.

viernes, 1 de febrero de 2013

¡Cuánto daño!

N. del A: La corrupción de los poderes públicos no es exclusiva de España, existe en  todos los  países y culturas, tampoco es exclusiva de una ideología política, ni de una determinada clase social y todo ello es porque el alma humana se fabrica en serie y nos hace a todos iguales. Esta realidad, sin embargo, no debe servirnos de excusa para tolerar lo intolerable.
Año IV 124
Cuando escucho en los noticieros televisivos hablar sobre la corrupción en España me entran ganas de gritar. No me refiero a salir a la calle con cacerolas para gritar las consignas del 15-M como ésta, mi favorita: «NO HAY PAN PARA TANTO CHORIZO», porque verdades como ésa me hacen salivar y me abren el apetito. No hablo de gritar pidiendo justicia, porque es seguro que sólo por pedirla me cobrarían las tasas. Tampoco me refiero a gritar pidiendo la castración química de los corruptos, para que, al menos, no les puedan heredar, porque ya es tarde, todos tienen familia.

Yo me refiero a gritar de dolor.

A mi no me preocupan los pillos que reciben sobresueldos en sobres o en trajes a medida, ni me quitan el sueño quienes de la noche a la mañana pueden permitirse comprar fincas con encinares o pisos de lujo en Manhattan, porque no les envidio. A mí me preocupa y me duele el origen de ese dinero, porque  la plata  que araña un político corrupto es sólo una parte de la que otro granuja obtendrá de esos favores. Son el resultado de negocios que de forma honrada no se pueden resolver. A mi me duele el daño que se nos ha hecho a usted, a mí, a aquel otro que no me lee o a aquel que me lee creyendo que soy otro. Ese daño que se nos ha hecho es muy grande y justifica gritar.

Cada euro ganado así se ha conseguido a costa de pisotear los derechos de alguien, de unos pocos, de muchos o tal vez de todos. Para obtenerlo, se ha debido expropiar de forma injusta a un ciudadano, o se ha obtenido una licencia de obras donde no se debiera obtener, o se ha perjudicado a quienes licitaban de forma honrada o se ha autorizado una subida de tarifas que todos pagaremos. Cada sobre con dinero sucio implica que antes se haya sancionado una ley, promulgado un decreto, publicado una ordenanza o adjudicado un contrato persiguiendo un interés que no era el interés general.

Un dinero corrupto no se gana repartiendo alimentos entre los niños del Sahel ni salvando a las ballenas de los que las matan en el Atlántico. Al contrario, se obtiene repartiendo fusiles a los niños y mirando hacia el otro lado del mar donde no están  arponeando a las ballenas. 

No posible determinar qué porcentaje del PIB es el que se acumula en unas pocas manos gracias a las decisiones políticas «sabiamente orientadas», pero seguro que es una cantidad dolorosa. El daño es grande porque el dinero que se pierde entre las juntas de las cañerías del poder es el que luego falta para mantener un centro médico en algún pueblo pequeño. Es un dolor agudo el que produce pensar que quien debe velar por nosotros, nos miente primero, nos roba después y termina mintiéndonos de nuevo.

Por eso dan ganas de gritar de dolor.




lunes, 21 de enero de 2013

A mí sí que me consta

El generoso señor Bárcenas, (foto de  El  País)
 N. del A: Publicaron la noticia este fin de semana de que el tesorero del Partido Popular repartía sobres con abundante dinero negro procedente de Dios sabe qué entre sus compañeros de partido y lo hicieron pensando que iba a ser una bomba periodística, pero yo no conozco a nadie sorprendido, nadie que se pregunte cómo es posible. Ésta es, creo yo, la tragedia de la vida política en España, que ya no nos sorprende nada.
 Año IV opus 123

He de confesar y confieso. Por sentido de la responsabilidad, por sentido del honor y porque está de moda admitirlo, tengo que decir la verdad a todos los lectores y lectoras:
Me consta que yo también he distribuido sobres de dinero negro a personas de mi entorno para asegurarme su fidelidad.
Sí, es cierto, yo lo he hecho también, me consta, no sólo lo hacen los presuntos tesoreros de presuntos partidos que presuntamente están en un presunto gobierno y que presuntamente todos tienen la carta de "Quedas libre de la Cárcel" que hay en todo juego de monopoly. Yo también he distribuido dinero en sobres a mis hijos en cantidades que oscilan entre los 5 y los 10 euros semanales. A cambio de esta paga semanal, que jamás declararon al fisco, ellos me aseguraban su fidelidad inquebrantable.

Sí y ese dinero era negro, porque procedía del trabajo y no hay origen más oscuro puesto que, como es sabido,  el trabajo es maldito. Es el resultado de una maldición bíblica en que hemos incurrido hombres y mujeres por comer fruta. Tenemos la esperanza de que el dinero presuntamente repartido por el presunto tesorero no procedía de tan maldita actividad.

Sí, y también lo digo, yo reparto ese dinero negro con orgullo de padre y sin vergüenza alguna, con la barbilla bien alta, como Charlton Heston.

Por eso me imagino el orgullo y la satisfacción con que ese hombre del que todos hablan en los periódicos, repartía los sobres con la paga semanal a sus ahijados en el Partido. Me consta que ese hombre, que como yo, estaba desprovisto de toda vergüenza,  recorría los despachos de sus compadres y secuaces con una sonrisa abierta, con el orgullo de raza del padrino y repartía sus esperados sobres entre alharacas, vítores y aplausos. En el Partido dirían «dadle un besito al tito Bárcenas, que viene con el monedero abierto».

Como mis chiquitines, cuando les doy el billetito de cinco euros para que vayan a la tienda del chino. Seguro que muchos días se le escapaba alguna lagrimita emocionada, como a mi. 

Y me consta que nosotros también guardamos el dinero en bolsas de basura, como los presuntos tesoreros españoles. No en cajas fuertes o maletines, que eso es para los dólares americanos. En España, costumbre atávica, guardamos el dinero en bolsas de basura. Al menos es donde me parece que va a parar el dinero de mis impuestos. 

No miremos la paja en el ojo de nuestro prójimo y reparemos en la viga clavada en el nuestro. ¿Quién no ha repartido dinero entre sus sobrinitos? ¿Quién no le ha dado el aguinaldo alguna vez a los rapaces que cantan villancicos? ¿Hemos de juzgar mal por eso a este hombre del que tanto hablan los periódicos?

No hagamos leña del árbol caído. Hagamos,  mejor, un cómodo banquillo para acusados, porque alguna vez gastará su carta del monopoly y podrá caer en el "Vaya usted a la cárcel, sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar las 20.000 pta" . Y ese día, podremos ir nosotros y llevarle un sobrecito con dinero de colores a la cárcel.

Sólo dinero del monopoly, que la intención es lo que cuenta.


miércoles, 9 de enero de 2013

Elegir nuestro trabajo

Autor: Forges
N. del A.: Mi trabajo no es el mejor del mundo ni es algo que me ilusione, aunque reconozco que no estoy descontento del todo. Creo que a todos nos gusta encontrar profesionales a quienes les guste su trabajo y si usted es de los que lo dicen, reciba mi más sincera enhorabuena. 
Año IV opus 122
En España hay ya seis millones de parados. Con las previsiones de crecimiento que los organismos oficiales dan para nuestro país y dado que la política económica de nuestros bienamados padres de la patria se dirige a pagar letras y no a crear empleo, podemos decir sin temor a equivocarnos que esa cifra no va a bajar en mucho tiempo. Hará falta un milagro económico al estilo del japonés de la postguerra para mejorarlo y no parece que el Cielo esté contento con nosotros, por lo que no cabe esperarlo.

Todo esto significa que de cada cuatro españoles en edad de trabajar, menos de tres lo hacen. Si tenemos en cuenta la población pasiva, compuesta por cada vez más viejitos y añadimos los desempleados y aquellos que no buscan trabajo ya sea por pereza o por su nutrido patrimonio y  tampoco nos olvidamos de la numerosa población reclusa y de la que practica la delincuencia fuera, ni tampoco de la creciente clase política que trabaja sólo en pos de su negocio ni de aquellos que tienen la fortuna de tener empleo,  pero no dan ni chapa  haciendo gala de ese espíritu holgazán tan bien visto en España (no especifico colectivos laborales ni regionales, esto va por todos) podemos afirmar, también sin temor a equivocarnos, que cada uno de los que trabajamos como es debido lo hacemos para mantener a cuatro españoles. 

Así sí que se rompe España.

Uno de las malas consecuencias de esta situación, aparte de las tragedias de cada casa, es la de la elección del trabajo. Evidentemente, no estamos para elegir, cada cual trabajará en lo que pueda. Y eso es lo que yo, en este blog martillo de herejes, quiero denunciar hoy.

La prosperidad de un país debería medirse, no en términos de renta per cápita ni de producto interior bruto, sino computando el número de personas que trabajan en lo que les gusta. Es tan importante porque redunda directamente en nuestra felicidad y en la de los que dependen de nosotros. A mis hijos les digo a menudo que no me importa si eligen ser aviadores o payasos en un circo, ingenieros de caminos o carpinteros, siempre que sea lo que ellos decidan hacer. Lo importante es cumplir cada día el trabajo que nos llena y nos satisface. De esa manera, probablemente habría menos malos modos en los autobuses por las mañanas y menos malos tratos en los dormitorios por las noches.

Por supuesto que a pocas personas les gusta limpiar escaleras, pero existen. Seguro que hay gente para todo y aunque, por lógica, nunca se pueda acomodar a todo el mundo, el porcentaje de personas que consiguen trabajar en «lo suyo» es uno de los indicadores que deberían tenerse en cuenta en el Debate sobre el estado de la nación, junto con el de orgasmos por habitante y año y el de risas por kilómetro cuadrado. 

Y esta maldita crisis está bajando esos indicadores. Las reformas laborales, los recortes de salario, las privatizaciones, las reformas involucionistas, todo está empozoñando la vida en los trabajos que nos dan la vida. No midan el problema sólo por la aritmética que señala el número de desempleados, la crisis y las medidas que se inventan para  atajarla nos envenenan más cosas aparte de la nómina. 

Por favor, padres de la patria, arréglenlo.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Vuelve a casa por Navidad

N. del A. Alguien me comentó el otro día que, en su opinión, las navidades le parecían absurdas a casi  todo el mundo y yo recordé que había esbozado un relato navideño suficientemente absurdo como para no desentonar en estas señaladas fechas. Lo publico ahora para demérito de mi honra y mácula de mi reputación. 
Año III, opus 121
La fachada de la casa estaba iluminada con bombillas de todos los colores. Un árbol de Navidad adornado y luminoso recibía al viajero que entraba por la cancela en el jardín, completamente nevado y apenas mancillado por las pisadas trotonas de las ardillas y alguna que otra liebre.

El viajero que entraba venía vestido de militar, con un petate al hombro, fina nieve repartida por el gastado tres cuartos que lo cubría y una sonrisa resplandeciente, como la de quien ve recompensada la ansiedad de llegar a casa. De nuevo en el hogar.

En la radio suena una famosa melodía: «Vuelveee, a casa vuelveee, por Navidaaad...» Es Nochebuena.

Abrió la puerta una mujer enjoyada que al verlo, se lleva las manos a la boca, pero aún así, no puede reprimir un grito de alegría. Se abrazan entre lágrimas y gritos alborozados. Al fondo, junto a la chimenea, un hombre de pelo cano espera inmóvil, emocionado, pero sereno, con una lágrima que furtiva asoma por su ojos y un ligero temblor en los labios. Cuando el viajero llega a él, se abrazan. El anciano rebosa alegría, ternura y orgullo, muchísimo orgullo.

Los tres cenaron alegres, charlando animadamente, brindando y riendo. Tienen muchas cosas que contarse. A los postres, delante de una bandeja llena de ricos turrones y dulces navideños, el hombre mayor y el joven militar se miran uno a otro, escrutadores. Una situación extraña, los dos se miraban como si estuvieran al tanto de un secreto común.

El hombre canoso tomó la iniciativa. 

- Creo que tú y yo estamos pensando lo mismo- afirmó con decisión y un sonrisa paternal y condescendiente.

- ¿Qué es? ¿qué es?- La mujer enjoyada no  comprendía la situación.

- Efectivamente, creo que tú has llegado a la misma conclusión que yo - Era el viajero el que hablaba con un polvorón en la boca.

El hombre canoso sonrió satisfecho por su descubrimiento. Mientras se servía una copita de licor, enunció sus conclusiones:

- Hijo, yo creo que tú te has equivocado de casa. Nosotros no somos tus padres.

La mujer miró al muchacho con atención. ¿Tú crees, Ramiro?, contestó al anciano, sin estar convencida. 

-Así es, reconoció el viajero, estoy de acuerdo con esta observación. Yo me precio de ser una persona observadora y desde que he llegado a esta casa, he  apreciado diferentes detalles que me han hecho deducir que no había llegado a casa de mis padres.

En primer lugar, dijo, la forma de servir la mesa, la colocación de los platos, todo ello le resultaba sospechoso, toda vez que en su casa se acostumbraba a comer todos de la misma fuente. Posteriormente, estaba el jardín. Su casa no tenía jardín, era un apartamento en un octavo piso y además, en el centro de la ciudad y eso ya le hizo sospechar firmemente. El siguiente indicio le parecía no menos determinante y es que sus padres habían muerto hace algunos años asesinados por una cobaya que había perdido el control de sus emociones. Evidentemente, concluyó, aquellos buenos señores no eran familia suya.

El hombre canoso celebró que sus sospechas resultaran acertadas y miró con orgullo al resto de comensales. 

- Además, hijo, hay otros detalles que me sorprende que mi esposa haya pasado por alto. Sí, como recordarás, querida - miró a su mujer para afianzar el razonamiento- nosotros no tenemos ningún hijo haciendo el servicio militar, sólo tenemos una sobrina que es puta en Londres.

Todos rieron tontamente. El hombre canoso levantó su copa y con voz ceremoniosa dijo:

- Hijo, estoy orgulloso de ti. No sé quién demonios eres, pero comes polvorones como si fueras de nuestra familia. No obstante, espero que comprendas que te pida que te vayas, pues no acostumbramos a pasar la noche con desconocidos, ni aunque sean hijos nuestros. 

Los tres  brindaron de nuevo joviales y felices. El viajero tomó su petate y se marchó silencioso por la cancela del jardín, bajo la mirada curiosa de las ardillas. En la calle preguntó a un señor con bigote si siempre nevaba así en ese barrio.

- No lo sé- dijo el señor de bigote- Yo vivo en un piso en el centro. 


La respuesta llenó de esperanza al viajero vestido de militar. ¿Le gustan las cobayas?, preguntó.

- No, muy poco, prefiero los polvorones - respondió el señor de bigote. 

Y los dos se agarraron del brazo y fueron muy felices.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Un NO rotundo al Fin del Mundo.

El fin del mundo está llegando al
Mediterráneo  español desde los años 60:
 una oleada de cemento invade el mar
N. del A.: En otro artículo del primer día de este año (pinche aquí si no ha escarmentado usted aún) ya decía unas cuantas tonterías sobre el fin del mundo previsto por los mayas, pero es que aquellos nobles indios debían fumar la misma hierba que fumaba Nostradamus y los responsables de Youtube, según se puede leer en las noticias recientes, que relacionan todo esto.
Año III Opus 120

Me niego rotundamente a aceptar ese fin del mundo que nos viene impuesto desde el extranjero. A los mayas que lo predijeron ya les llegó su fin del mundo antes de que aparecieran los españoles por allí. Aquellos españoles, por cierto, se esmeraron en proporcionar el apocalipsis gratuitamente a la mayoría de los indígenas americanos de entonces, pero los mayas ya habían tenido el suyo particular. Lo siento.

Un fin del mundo debe emanar de la soberanía popular y no ser una condición impuesta por los mercados de capital internacionales. No queremos un apocalipsis que ni nos va ni nos viene, sino un fin del mundo español, a la manera tradicional nuestra, es decir, una fiesta hoy y mañana un Dios dirá.

No podemos aceptar que, por conveniencia de unos pocos, tengamos que cargar con un Armaggedon globalizado, ya que cada pueblo tiene su propia escatología y no debemos inmiscuirnos en la forma en que cada cual quiera irse al infierno. En este blog creemos en el derecho de autodestrucción de los pueblos.

No podemos consentir que nos obliguen a los españoles a acudir al Juicio Final con la prima de riesgo por las nubes. Deberíamos habernos ido al infierno en la época de José María Aznar, quien presumía de tener una deuda pública con triple A, pero no ahora, en el peor momento.

No debemos extinguirnos sin haber completado el rescate de los bancos españoles, no sea que los culpables del desastre se libren del castigo eterno, alegando que son insolventes. Paguemos hasta el último euro para asegurarnos de que los cuecen a la brasa.

No debemos acudir al Juicio Divino sin haberle proporcionado un juicio humano al camarada Urdangarín, el de las obras pías sin afán de lucro, ni a tantos y tantos pillines que moran en el suelo patrio. No podemos presentarnos ante la justicia Divina en el mismo banquillo que todos ellos.

No es momento de catástrofes, ahora que estamos privatizando la Sanidad, pues no sabemos si los seguros privados cubrirán los tratamientos contra la Peste, ni momento de pasar más Hambre de la que ya se pasa en España, ni podemos tener más Guerra ahora que incluso manifestarse en la calle es ya delito. En cuanto a la Muerte, sí, que venga, que en España siempre nos hemos reído mucho de ella. 

No podemos irnos ahora que somos campeones del mundo de fútbol. No podemos abandonar el planeta ahora que vamos a cobrar la paga de Navidad los pocos españoles que no somos funcionarios, no estamos en paro o no estamos embargados para siempre. No queremos morirnos el día de antes del Sorteo de Lotería de Navidad, no sea que nos toque y podamos pagarnos un buen abogado en el Juicio Final. 

Hay muchas más razones para negarnos. Yo quisiera hacer un llamamiento a la unidad, para que salgamos todos a la calle a impedir con nuestra voz el Fin del Mundo. Que el  Apocalipsis sea sólo para quien se lo merezca.




jueves, 13 de diciembre de 2012

Leer en el metro

N. del A. Se lee poco en España. Cada vez se lee menos y en peores condiciones. Es cada vez más difícil leer por encima del hombro del vecino. ¿Qué quieren? ¿Que nos compremos nuestro propio periódico? Inenarrable. Increíble.

Año III, opus 119


Sé que leer por encima del hombro de la persona que está a nuestro lado es una falta de educación. Es de muy mala educación. Lo sé, pero yo lo hago. 

No crean que lo hago por ahorrarme el dinero del periódico o por diversificar mis conocimientos. Todo eso también influye, pero yo lo hago porque es inevitable. Si voy en el tren de cercanías, o en el ferrocarril metropolitano y alguien está leyendo a mi lado tengo que saber qué lee. Da igual si está leyendo una revista de peluquería, yo miraré por encima de su hombro para enterarme de cómo se ponen unos bigudíes. Da igual si está leyendo el prospecto farmacéutico de un medicamento: yo quiero enterarme para qué sirven esos supositorios, toda vez que la vía de administración me la imagino sin problemas.

Sin embargo, no todo son facilidades. A diario me encuentro con muchos incovenientes para el noble placer de la lectura por encima del hombro.

En el autobús, por ejemplo, no puedo leer porque me mareo. Alguna vez he estado tentado de pedirle al viajero de mi lado que cerrase el libro, porque estaba mareándome por fijar tanto la vista, lo cual supone obviamente una falta de empatía por su parte, pues antes de abrir el libro debería haberme preguntado si yo era propenso a los mareos. Máxime cuando los autobuses interurbanos de aquí requieren, al parecer, una conducción propia de una película de Sam Peckinpah. 

La prensa gratuita no ha hecho tampoco ningún bien. Antes, se podía leer muy bien el periódico en el metro. Los lunes, por ejemplo, buscaba siempre sentarme al lado de alguien que llevara el Marca para enterarme de los resultados de la jornada futbolera del domingo anterior. Otros días, se podía elegir entre sentarse al lado del que leía El País, los más, o el Abc, los menos. Ahora, desde que la prensa gratuita se entrega en las bocas de metro, nadie compra un diario decente. Sí, no hace falta leer por encima del hombro, porque en cuanto termine nos lo regala, pero no es lo mismo que hurtar la lectura. Además, el estilo periodístico de estos diarios es cada vez más insulso y está consiguiendo estropear mi prosa con su abundancia de incorrecciones y lugares comunes.

Otra amenaza son los libros electrónicos. Estos artefactos infames tienen una pantalla que no deja leer desde el lateral. Es imposible leerlos de soslayo. Ni de frente: a mi me gusta saber qué libro está leyendo la persona que está enfrente mía y por la portada del libro lo sé. Según lea novela romántica, novela negra o clásicos grecolatinos puedo hacerme una idea de cómo es esa persona, gracias a todo tipo de prejuicios acumulados. Con los lectores de e-book no puedo. Y me da una rabia feroz.

El inglés. El maldito idioma de Shakespeare me priva también de mi derecho a la lectura. Cada vez hay más personas leyendo libros en inglés, no por ser extranjeros, que son españoles de nacimiento ni por ser estudiantes de idiomas, que no lo son. Lo hacen sólamente para fastidiarme. Para humillarme. Nada hay más molesto que intentar leer por encima del hombro en otro idioma. El otro día, una señorita llevaba uno impreso en chino. Me dieron ganas de denunciarla. 

Corren malos tiempos para el transporte público. Se cancelan inversiones, se reducen los servicios, se aumentan significativamente los precios y por si esto fuera poco, cada vez es más difícil leer de gorra. Y dicen que en España se lee poco, pero no es culpa nuestra, sino de quienes no fomentan la lectura prohibiendo los libros electrónicos o escritos en inglés o la prensa en castellano caníbal. 

Sólo me consolaría sentarme al lado de alguien usara su i-pad en el metro para leer mi blog. Aunque si es lunes, preferiría el Marca.


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