viernes, 14 de septiembre de 2012

Miénteme

«-Esperanza, miénteme, dime que no vas
a traer Eurovegas a Madrid ..
- Ni hablar, chato, pues buena soy yo»
N. del A. 
Nos gusta que nos mientan, que nos endulcen el oído, que nos digan lo que queremos oír, como Johnny Guitar. El nivel de tolerancia a la mentira es mayor en España que en el resto de Europa. Debería crearse un índice económico que fuese la Prima de Falsedad. Somos unos pardillos.




Año III  Opus 108
En este artículo, Amando de Miguel usa la palabra politiqués para referirse al idioma que utilizan los políticos en todos los países del mundo. Es un lenguaje que se caracteriza por no comunicar, que es todo lo contrario que se requiere de un lenguaje. El discurso de un político tiene una tendencia irresistible hacia la ocultación de la realidad, ya sea mediante una jerga oscurantista o por la más despiadada mentira.

En los años en que España era un país de tercera fila, inculto e ignorante de sus derechos, los gobernantes acudían al único canal de televisión disponible, el oficial, para soltar su discurso con una jerga propia, un lenguaje elevado y técnico que lo hacía completamente incomprensible para la mayoría de los ciudadanos, quienes lo escuchaban asintiendo y convencidos de que sus hijos debían ir a la Universidad para hablar así. Forges publicó en los setenta un chiste donde un extraterrestre recién llegado al planeta pronunciaba unas palabras incomprensibles y la gente pensaba «debe ser un ministro»

Hoy en día hablan un lenguaje más coloquial,  unas veces campechano, otras veces incluso argot. Pero eso no mejora la comunicación porque se han abandonado completamente a mentir como bellacos. En estos años en que España es un país de tercera fila, pero con ínfulas de primera, tan inculto e ignorante como el de antes, aunque los hijos de aquellos españoles hayamos ido masivamente a la Universidad, los ministros acuden a sus canales oficiales, a mentir y mienten a gusto, mienten mucho, mienten con descaro, mienten con expresión de beatitud, mienten con datos fidedignos, mienten con una sonrisa, mienten en twitter, mienten en directo, mienten fuera de los micrófonos, mienten en inglés, mienten off the record, mienten como Jim Carrey en Mentiroso compulsivo, mienten, mienten...

Lo que me preocupa realmente es la impunidad. Nos hemos acostumbrado los ciudadanos a recibir las mentiras con absoluta resignación tras la constatación de que todos los partidos lo hacen. Qué se le va a hacer decimos y recordamos las mentiras que dijo el otro para justificar las de éste. Mentiras vergonzosas, de tan evidentes,  como la que nos quieren hacer creer que Eurovegas va a crear ¡200.000 puestos de trabajo directos! y no les crece la nariz como a Pinocho o aquellas que nos prometían que no había crisis, que no iban a subir impuestos... Sería innumerable. Si un político dice que no va a llover, corro enseguida a buscar mi paraguas.

¿Porqué los ciudadanos aceptamos ese insulto? ¿Por qué nos gusta que nos mienta aquél que votamos y nos indigna cuando miente el otro? Debemos tener una dependencia enfermiza de nuestros gobernantes ya les admitimos sus embustes como la esposa que se traga con hiel las infidelidades de su marido por miedo a perderle. No queremos oír la realidad, queremos que nos digan lo que queremos oír y a quien lo hace, le votamos. ¿Somos o no somos un país más ignorante aún que el de los años setenta cuando confundíamos a un ministro con un marciano?

Somos como el protagonista de Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954), en la famosa escena en que pedía a  Joan Crawford que le mintiese a toda costa, que le dijese algo bonito aunque fuera falso. No quería escuchar que no le había guardado ausencia y que todo el dinero que tenía lo había ganado de forma poco digna. Él no quería verdades, quería sentirse añorado. 

Algo así nos pasa a nosotros. Esperanza, Mariano, mentidme, decidme que siempre estaréis con nosotros...


4 comentarios:

  1. si nosotros mintiesemos en un CV y nos pillaran (porque algunos mienten pero no los pillan...) estariamos de patitas en la calle sin un duro de indemnización... que pais!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. →kira: tienes razón, deberíamos despedirlos aplicándoles la reforma laboral.
      Un abrazo,
      ug

      Eliminar
  2. ¡Qué oportuno tu cambio de foto, Tío Eugenio! Ahora que Esperanza (Aguirre por supuesto) nos deja huérfanos de sí misma, de su añorado mando y sus cumplidas órdenes, apareces tú para salvarnos, indicándos sin dudar con índice certero y atinado gesto el camino a seguir. Aunque no lo creas hay un vecino mío que no se explica los pucheros y lagrimitas escenificados en su despedida, tan dura que parecía ... Dice algo así como que "las víboras también lloran". Estos rojos ... No tienen arreglo. Saludos y hasta pronto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. →Gattamelata: sabes condotiero, que cada vez quedan menos rojos y son cada vez más mayores. Yo lo único que señalo es el lugar por donde nos tendremos que ir corriendo los pocos que aún quedamos.
      Un abrazo,
      Ug

      Eliminar

Sus comentarios son bienvenidos, muchas gracias.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...