Por lo demás, en esta semana hemos llevado la cadera del rey al taller y como estamos locos, nos ponemos a debatir a lo tonto si debería haber ido a un hospital público o privado. Si allá donde va ocupa él solito una planta entera, que sea de uno privado y no de uno donde vayamos los demás. Encima, dado que es una avería persistente, propongo que no está de más pensar en poner uno nuevo, aunque por supuesto, yo no entiendo nada de mecánica de reyes, yo sólo sé que, precisamente esta misma semana, he renovado mi lavadora por mucho menos.
Entre las locuras de la semana no pueden faltar las de nuestro gobierno, que ha tranquilizado a los funcionarios afirmando que este año tendrán paga extraordinaria en Navidad. Se les congelará el sueldo, por supuesto, pero tendrán paga extra. para volverse locos de alegría. Una año más, este es el año de la recuperación. A lo mejor, es también el año que aciertan. Propongo que al presidente se le congele el bigote.


No me extraña que en un mundo tan absurdo, tengamos la mentira a flor de piel. Un tal Licciardi, atleta e impostor de bajos, intentó dar el timo del cambiazo a los jueces que le hacían el control de orina. Como son perros viejos, o tal vez viejos verdes, querían en ver en persona el grifo de donde salía la muestra que les iba a entregar el atleta. En sus mismas narices, disimuló con un postizo y llenó el bote con orina de un cuñado suyo, abstemio y vegetariano. Le pillaron, claro, si no, no sería noticia.
El mundo está loco, loco, loco.
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